MALDITAS ESTADÍSTICAS

Probablemente este escrito surge por una deformación profesional mía, fruto de varias décadas peleándome con los porcentajes, las tablas de datos y los gráficos de barras, entre otras cosas.

Y es que el pasado viernes 19 de Noviembre, escucho perplejo en la televisión, como el inefable Luis Argüello, Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, nos narraba jactancioso, como sólo el 0,8% de las denuncias por pederastia, se producen en el seno de la Iglesia Católica Española.

Y el hombre se queda tan ancho y tan orgulloso de su afirmación, a la vez que gran parte de los espectadores, sobre todo los creyentes, se sentirían bastante reconfortados.

Y es que lo de las estadísticas, da de sí lo suficiente para encontrarles distintos significados.

Según la Dirección General de Tráfico, el 23% de los accidentes de circulación, con resultado de muerte, se produce por conductores bajo los efectos del alcohol o las drogas.

Lo cual implicaría, que el 77% de los mismos, se producen conduciendo serenos. Dato, de donde se podría colegir, que es más seguro conducir con cuatro whiskys y hasta con una raya de esas que se parecen al bicarbonato.

En la misma comparecencia, Argüello da muestras de una gran astucia, cuando afirma que ‘No se van a hacer investigaciones de carácter sociológico o estadístico’.

¡Brillante!, ¡Chapeau por Argüello! Todo un alarde de inteligencia o quizá de auténtica picaresca eclesial.

¡Genial, Don Luis! Está claro que es usted un fenómeno y que ha llegado a ese cargo tan representativo por méritos propios.

Claro que no debe hacerse ningún análisis sociológico, ni estadístico. Sería una imprudencia mayúscula. ¡Tiene toda la razón!

Y es que, si se hace un sencillo análisis, dada cuenta de que en España hay unos 10.500 religiosos varones, frente a los cerca de 19 millones de hombres mayores de edad, el que entre los primeros se dé el 0,8% de las denuncias por abusos a menores, significa que en el seno de la Iglesia, la pederastia se da en una proporción, casi 15 veces superior a lo que se da entre la población general.

Y a pesar de ello, D. Luis, se queja amargamente de que se centre el foco de tan infame actividad, en su piadosa organización.

¡Malditas estadísticas!

Seguro, que tras algunas de ellas, está la mano del Diablo.

José M. Castán

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