Artículo de opinión del insigne director de The Rivas Tribune, Bob Bernstein.
En Rivas Vaciamadrid tenemos dos realidades paralelas. Una, la aburrida, sale en los balances de criminalidad del Ministerio del Interior, con porcentajes, trimestres y cosas así de poco virales. La otra vive en Twitter/X, donde cada vez que Interior publica un PDF, medio Rivas se convierte en Ciudad Juárez, pero con más rotondas, carril bici y menos rigor. Los concejales del PP de Rivas y el ecosistema (no se nos ocurre otra definición mejor) de Vecinos por Rivas se han especializado en esa segunda realidad: la del pantallazo del dato que conviene, sin contexto, aderezado con un “Rivas ya no es segura” que se reutiliza trimestre tras trimestre como si fuera un tuit en plantilla.
Porque, claro, decir “la criminalidad sube un 16% en 2025” luce muchísimo en una gráfica recortada y en mayúsculas dramáticas. Decir justo después “por cierto, veníamos de dos años de bajadas bastante potentes y el subidón se concentra en robos y hurtos, mientras otros delitos bajan o se estabilizan” ya no da tantos likes. Mucho menos añadir la guinda: “y, para más inri, en el tercer y cuarto trimestre, después de tomar medidas, los robos con fuerza caen más de un 60% y los robos en vivienda más de un 70%”. Eso no cabe en un tuit indignado estándar, que tiene una capacidad máxima de un gráfico fuera de contexto, tres emoticonos tristes y una llamada a “recuperar la seguridad”.
Si uno revisara (con mala idea, claro) los tuits que salieron con los balances de trimestres anteriores, vería siempre el mismo guion: si sube un poco un tipo de delito, es la prueba definitiva del desastre; si baja, no se menciona o se explica como “efecto maquillaje” o “casualidad estadística”. Cuando Interior reflejó descensos importantes en la criminalidad convencional entre 2023 y 2024, el timeline no se llenó precisamente de hilos del tipo “nos hemos pasado de pesimistas, la cosa no está tan mal”. Extraña amnesia selectiva: solo se recuerdan los trimestres malos, como si el Excel estuviera programado para darle la razón a tu cabreo.
La película que se vende en redes es simple y eficaz: Rivas es cada vez más insegura, punto. Lo complejo —que es lo que dicen los números— es bastante menos épico: Rivas es una ciudad metropolitana con tensiones de seguridad como todas, que venía bajando la delincuencia convencional por encima de la media, que en 2025 tiene un repunte fuerte en delitos patrimoniales… y que, cuando se aprietan las tuercas en serio, esos mismos delitos se desploman en los trimestres siguientes. Eso obliga a admitir algo insoportable para el drama tuitero: que hay políticas públicas que funcionan, aunque no lleven de lema “plan choque definitivo” ni vayan firmadas por tu partido.
Los mensajes más alarmistas pintan a Rivas como un territorio comanche donde bandas organizadas campan a sus anchas mientras el Ayuntamiento mira al techo. Pero la realidad prosaica es menos cinematográfica: muchos de los robos y hurtos siguen un patrón tan rutinario que daría para sitcom más que para thriller. Mismos portales, mismas franjas horarias, mismos parkings, mismos descuidos. Y, para rematar la falta de glamour, una parte importante de los delitos la concentran unos pocos reincidentes de manual. Lo incómodo es que cuando se articula acompañamiento judicial, se piden medidas cautelares serias y se consiguen prisiones provisionales u órdenes de alejamiento, el mapa del delito cambia. Pero, claro, eso no encaja con la narrativa de “no se hace nada”.
Mientras tanto, la ciberdelincuencia se usa a ratos como comodín y a ratos se ignora. Si una estadística global sube porque te están friendo a estafas online desde otro país, el tuit quedará en una cosa así como “Rivas se dispara en delitos”, que suena estupendo. Explicar que muchas de esas estafas se cometen a miles de kilómetros, que tu Ayuntamiento no puede mandar patrullas a Nigeria y que lo que sí puede hacer es prevención, educación y apoyo a víctimas… eso ya es meterse en matices, y los matices son el enemigo mortal del hilo incendiario.
El juego de comparación con otros municipios también es digno de estudio. Cuando Rivas aparece mejor que la media regional, mejor que buena parte de su entorno metropolitano, el tema se pasa por alto con admirable disciplina. Cuando en un trimestre concreto sube más que alguno de esos municipios, ahí sí: captura de pantalla, flecha roja y “Rivas se hunde en la inseguridad”. Algún día habrá que agradecer tanta vocación didáctica: gracias a esos tuits, al menos la gente ha descubierto que existen los balances trimestrales de Interior.
Todo esto no quiere decir que en Rivas no haya robos, sustos, delitos y gente con razones muy legítimas para estar enfadada: los datos de 2025 no son una broma, y el repunte patrimonial ha sido serio. El problema es cuando se convierte el miedo en herramienta de campaña permanente. Si cada trimestre es “el peor de la historia” y cada suceso se presenta como prueba de una caída sin frenos, cualquier mejora posterior tiene que ser barrida debajo de la alfombra, no vaya a ser que el relato de la catástrofe empiece a hacer agua.
La paradoja es que, si de verdad se quisiera hablar seriamente de seguridad en Rivas, habría material de sobra para discutir: cómo gestionar mejor los puntos calientes concretos, cómo reforzar la prevención situacional en comunidades y comercios que están siempre en el top de riesgo, cómo apretar más contra la reincidencia local, cómo afrontar la ciberdelincuencia sin teatro, cómo comunicar los datos barrio a barrio sin teatro tampoco. Pero eso exige aceptar que el mapa es complejo y cambiante, y que no cabe en un eslogan de 140 caracteres tipo “Rivas se nos va de las manos”.
Al final, el cuadro que dibujan los números es bastante menos épico que el de algunos tuits, pero tiene una ventaja: sirve para hacer algo con él. Rivas no es ni la jungla sin ley que te venden ciertos timelines ni el paraíso sin problemas de los folletos institucionales más optimistas. Es una ciudad donde la delincuencia sube, baja, se concentra, se dispersa… y donde, para desgracia del drama tuitero, las políticas concretas, los datos y el trabajo fino suelen funcionar mejor que los hilos indignados. Lástima que eso, por ahora, no dé tantos retuits.









