Los residuos orgánicos que producimos en nuestras casas todos los días, pueden considerarse basura, que hay que deshacerse y cuanto más lejos mejor, o pueden suponer una oportunidad para revitalizar nuestros campos, huertos, parques, jardines, macetas, etc.

Lamentablemente, hasta ahora, nuestros residuos domésticos orgánicos  siempre han sido considerados basura. Los hemos echado a un cubo de resto junto a todo tipo de basuras. El camión de la basura ha compactado y mezclado el contenido del contenedor verde y lo ha llevado a una incineradora o en el mejor de los casos a un vertedero.

Esto es así, porque nuestros residuos domésticos, al mezclarse con otro tipo de basuras, se toxifican con tintes y metales pesados. Una vez mezclados ya no se pueden usar para nada, excepto para quemarlos o enterrarlos en vertedero.

¡Ojo! No termina aquí la vida de nuestros residuos. Si se queman en incineradoras, son devueltos por la atmósfera que respiramos en forma de dioxinas, que nos pueden producir cáncer y otras enfermedades respiratorias. Si se entierran en vertederos, la descomposición de estos residuos, ya tóxicos como he explicado antes, produce unos líquidos apestosos, los lixiviados, que llegarán más tarde o más temprano a los arroyos, ríos y mares y los contaminarán. Es decir, volverán a nuestras casas en forma de toxinas en mariscos y pescados.

Así pues, los inocentes residuos domésticos que tan alegremente tiramos en el contenedor verde, es ya un problema gravísimo para el medio ambiente y para nuestra salud. Por ello, la Comunidad Europea obligó a separar al menos el 50% de la materia orgánica del resto de basuras, antes de que terminara el año 2020. Evidentemente esto no se ha cumplido y como ejemplo tenemos a Rivas que anda todavía con experiencias piloto.

Vamos a suponer que toda la ciudadanía de Rivas ya ha asumido que sus restos orgánicos domésticos no son basura y que no deben ser tiradas al contenedor verde de resto. Las tres formas de tratar la materia orgánica más comunes, una vez separada del resto, son las grandes plantas de compostaje municipales, las composteras comunitarias o las individuales. Todas ellas se basan en esperar que los residuos orgánicos se pudran o pasen por el estómago de millones de bichitos pequeños y sean transformados, después de unos meses, en compost, o lo que es lo mismo, en abono estupendo para la tierra.

La implantación del nuevo contenedor marrón, y por tanto las grandes plantas de almacenaje y tratamiento, tiene muchos inconvenientes:

Es difícil que la mayoría de la ciudadanía deje de echar basura no orgánica en los contenedores marrones nuevos, más que nada por la costumbre, y como hemos dicho, la toxifica. Hay que seguir utilizando costosísimos camiones de basura para recogerlos (cada camión vale varios cientos de miles de euros). Hay que tener unas costosas instalaciones para acumular la materia orgánica y tratarla, cosa que no es fácil. Y por último, es bastante fácil que esas acumulaciones tan enormes de materia orgánica produzcan olores que molestarán a la vecindad. Y si no, que se lo digan a los vecinos y vecinas del Ensanche de Vallecas.

En mi opinión, después de utilizar composteras individuales y colectivas durante décadas, creo que éstas últimas son la mejor opción.

Las composteras comunitarias cambian la mentalidad de la ciudadanía, ya que están lejos de los contenedores de basura y son respetadas más. Todo el proceso de acumulación y transformación en compost se hace en las mismas composteras, con lo que nos ahorramos costosísimos camiones de la basura, viajes a plantas de tratamiento y tasas que hay que pagar si son fuera de nuestra ciudad.

El Ayuntamiento de Rivas ya se dio cuenta de ello hace muchos años y suministró muchas composteras individuales a la ciudadanía que lo solicitó.

Ahora se trata de llegar a la vecindad que no tiene tiempo, no puede o no quiere compostar en su casa los residuos domésticos. La mejor opción es la compostera comunitaria. Como he comentado, el Ayuntamiento de Rivas está gestionando dos de ellas de forma experimental, aunque mucho me temo que es más un escaparate que algo que verdaderamente se esté tomando en serio.

Tal y como se lo está planteando el Ayuntamiento de Rivas, obligando a las personas que vayan a utilizar las composteras comunitarias a inscribirse y acceder por clave a las mimas, reducirá la participación a una mínima parte de la ciudadanía, la más ecologista o concienciada del proceso. Y ya es tarde para esto. El problema es tan grave que necesitamos que la inmensa mayoría de la ciudadanía participe en el proyecto.

Para que la compostera comunitaria funcione tiene que haber una persona del Ayuntamiento que cada semana revise la compostera, humedezca si es preciso la misma, para evitar que la fauna del compost muera  y suministre restos de poda a los restos domésticos, para ahuecar el compost y no permitir apelmazamientos, producción de metano y malos olores. También es preciso que la base de las composteras sea de malla de alambre para evitar roedores. Si el  Ayuntamiento pretende que todo esto lo gestione la ciudadanía, sin aportar personal de Rivamadrid, será un seguro fracaso.

Es posible que este sistema necesite que el Ayuntamiento contrate a más personal para gestionar composteras comunitarias en cada manzana o en cada plaza, pero seguro que nos sale más barato: acuérdese el Ayuntamiento de lo que nos ahorraremos en camiones, tasas, viajes, costosas plantas de almacenaje, etc… Por no cuantificar la salud y el medio ambiente.

Por ultimo quiero desde aquí hacer un homenaje al Alcalde de Lisboa, que ha llenado la ciudad de composteras comunitarias y a las “cochinillas”, verdaderas protagonistas en la transformación de nuestros residuos orgánicos:

“las cochinillas son las  grandes consumidoras de materiales ricos en fibra o materiales leñosos. Ingieren restos de poda y vegetación en descomposición. … Se alimentan de gran variedad de materiales y organismos, entre los que se encuentran semillas, hongos y algunos insectos”

José Manuel Pachón López