La vida está llena de simbolismos sugerentes y penetrantes, o acaso es ella misma un único simbolismo global que concierne a nuestra existencia personal y social. Una vida que carece de signos y de señales de alerta es una vida sin calor y sin sentido, sin color y sin relieve.

Los grandes sucesos sociales y también las íntimas peripecias personales nos ofrecen cada día un caudal de referencias que nutren un tejido de símbolos que podemos traducir al lenguaje común y que nos enriquece.

Un simple paseo matinal en los alrededores de casa me depara imágenes, reflexiones y emociones, palabras amables que cruzo con mis vecinos. El que baja del coche el contenido de la compra y unas bolsas añadidas, saludándonos entre nosotros con una sencilla cordialidad. El que pasea a la niña en su cochecito y al mismo tiempo habla por el móvil en galego, lo que me sugiere recuerdos de mi infancia que le traslado brevemente. Dialogamos sobre la belleza entrañable de Galicia, y ahí reside a mi juicio la fuerza del simbolismo: que de la precariedad de lo cotidiano extraemos la grandeza de lo importante y trascendente.

El primer encuentro me sugiere las cargas de la vida, la monotonía cotidiana, las obligaciones familiares que se mezclan con la ternura de los hijos y el encanto leve de cada anochecer. El segundo momento nos trae unas palabras amistosas al hilo del paisanaje común y de la seducción melancólica del paisaje gallego. Estas instantáneas y su carga simbólica conforman a la vez la música y la letra de la vida. Música inspirada, estimulante; letra levemente didáctica. Ambas juntas nos estimulan para vivir con la densidad de lo profundo y la levedad de lo gracioso, como las mejores partituras musicales y las  flores más bellas de la literatura.

Por otra parte, la terrible experiencia colectiva y personal de la pandemia nos ha llenado la vida de simbolismos, algunos de perfil dramático. La distancia social y la restricción del contacto físico y de la movilidad, la higiene de las manos, la ventilación… Todo ello y mucho más sugiere una filosofía del cuidado personal y social como parte indispensable de la estrategia en la lucha contra el enemigo que hoy por hoy nos va ganando la batalla.

Confiemos en un cambio radical de la situación a medio plazo. Queda todavía un largo trecho del camino rodeado de riesgos, al que no podemos abandonar renunciando a la esperanza.

 

        Santiago S.Torrado

PALABRAS  MENORES

Hay expresiones menores

que acompañan y matizan a las grandes.

Estas son, por ejemplo:

penumbra, ternura, discreción,

silencio, anochecer, desasosiego,

respuesta, complicidad, descubrimiento.

Pero en su pequeñez

expresan lo profundo de la vida,

lo que le da color y aliento,

lo que lima las aristas y ensancha los caminos

y nos hace andar juntos

en esta aventura.

                                                               Santiago S. Torrado