OPINIÓN

Radio, un bien común

Hombre y nombre: una letra (y un millón de muertos)

Artículo de Álvaro Villanueva, recordando la obra del recientemente fallecido Premio Nobel de Literatura, Mario Varga Llosa.

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres

(según las últimas estadísticas).

[…]

Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por

qué se pudre lentamente mi alma,

por qué se pudren más de un millón de cadáveres…

«Insomnio», Hijos de la ira. Dámaso Alonso

Entre las nostalgias de lo perdido –quizás de lo olvidado– recuerda Madrid su sentir popular y sus galas de domingo; las calles y edificios de la ‘Razón’, perdidos y perdida. Siente, entre los pestilentes y atestados rincones de su anatomía, la sangre y el auxilio; la última esperanza en la Casa de las Flores. Y ahora, ya vieja en su intento de renovarse constantemente, pronuncia temblorosa sus caras tristes y su millón de muertos.

Entre algún desahucio, la opinión de Pérez Reverte sobre la nueva literatura – que se rían los que antes mil veces llamaron a los suyos ‘contemporáneos’ – y los preparativos para la vuelta al Cole: uno, dos, tres bomberos | grupo de niños en una cueva | esposa, mujer, novia, por su marido | mueren, mueren, mueren y es muy trágico, y muy triste, y PARECE QUE VAMOS A TENER QUE LLORAR –decía Alberti con Oliver Hardy y Stan Laurel–; así que llamamos a nuestra madre, padre, hermano, desde la cocina y gritamos MIRA, ¡QUÉ HORROR! Y sigue, el tiempo: con nubes en Madrid y las isobaras muy juntas. Fin.

‘Hay que tener amigos hasta en el infierno’ –decía y dice mi madre, jerga común. Y razón no le faltaba. En la muerte de un nombre algo conocido adelantamos la de un familiar lejano, para la mayoría, y más cercano para algunos.

Ha muerto hoy (14 de abril) el premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa

Como persona que se dedica –o que lo pretende, al menos– a esta masa de ‘lo cultural’, no puedo decir que no me apena profundamente. Quizás fuese Vargas Llosa el último de aquel Boom latino, ya precedido, por desgracia, por Carpentier, Cortázar o García Márquez. Si alguien quiere saber de la naturaleza de la tragicomedia observe que, para unos pocos, de este último y de Vargas Llosa solo quedará aquel puñetazo.

Detrás sé que los de Literatura Hispanoamericana se rozan como moscas sus manos sedientas de una transfusión fúnebre de gloria en algunos artículos y libros de corte académico. Se celebrarán todo tipo de actos y homenajes, pronunciando palabras emotivas tomadas de alguno de sus libros más famosos, pero en ninguno estará jamás el hombre. Y hoy, en este día 14 de abril, seguiré, seguiremos sin saber por qué se pudren más de un millón de cadáveres en Madrid.

Empezaré a redactar la bibliografía de su obra…

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