En un parque un grupo de padres primerizos y jóvenes hablan sobre la próxima escolarización de sus hijos y comentan sus temores a escuelas que trabajan por proyectos, sin libros de texto e inciden en que sin ellos no pueden seguir lo que hacen las criaturas y dudan de que puedan aprender en su ausencia.

En la 1 de televisión hablan de un colegio de Murcia que ha sacado las clases a la playa y muestran imágenes de la actividad. Entre otras, muestran filas de mesas ordenadas de una en una mirando a una pizarra portátil en la que el profesor escribe.

Dos escenas cotidianas, del día a día, que nos muestran como las ideas se mantienen sin qué pensemos mucho en ellas. ¿Cómo es posible que a pesar de los avances y los cambios sociológicos y tecnológicos el mundo educativo siga con los modelos de hace más de un siglo? Y lo que es más preocupante ¿Hasta cuándo seguirá vigente ese imaginario social de cómo es una escuela y cómo se aprende?

Sorprende la vigencia de estos modelos sin cuestionarlos ni ponerlos en duda a pesar de que vemos que en los primeros años de vida los niños y niñas realizan infinidad de avances y aprendizajes sin libros de texto, sin control ni dirección permanente desde fuera, ni siguiendo un ritmo ajeno. Y dejando en el inconsciente la gran cantidad de aprendizajes significativos e importantes que hemos ido realizando a los largo de los años al margen de ese modelo y sistema escolar.

Cada día salen nuevos estudios que nos permiten ir entendiendo mejor los procesos de desarrollo. En ellos se muestra que desde bebés aprendemos mediante nuestra actividad en contacto con los demás. Que al tratar de relacionarnos y establecer comunicación con el entorno vamos desarrollando capacidades que nos permiten encontrar vías de actuación cada vez más eficaces. Todo este proceso se ve favorecido por la intervención de las personas que nos rodean, que nos estimulan, nos apoyan, nos animan, se interrelacionan, nos ofrecen modelos que nos permiten seguir nuestro propio ritmo en función de nuestras propias características y circunstancias.

Por otra parte, podemos encontrar charlas, conferencias, libros que hablan que la educación debe dar respuesta a cada niño o niña, que hay que favorecer un trabajo creativo, amplio, abierto que dé respuesta a los intereses y capacidades de cada cual, que la colaboración, el encuentro, la cooperación favorecen los aprendizajes. Incluso, aparecen reportajes y anuncios de colegios de élite que trabajan en esa dirección, sin libros, dando respuesta a los intereses, con un programa más abierto… (Hasta la infanta irá a uno de ellos). Cuando esto sucede en colegios públicos no tiene la misma publicidad, ni difusión.

Pero no importa. Salvo excepciones cuando tenemos que elegir un modelo para nuestros hijos e hijas seguimos bajo el influjo de ese imaginario desfasado que nos lleva a optar por el sistema más clásico sin cuestionar ni analizar si el modelo de sociedad, de persona, de relación, de actuación personal que permite y busca es el más adecuado para que su alumnado (nuestros hijos e hijas) pueda vivir en el mundo que les espera en el exterior.

Pensemos, hablemos, informémonos, contrastemos, valoremos… y al final pongamos nuestro aprendizaje y nuestras ideas en marcha. Decidámonos. La escuela pública necesita de nuestra lucha y de nuestra aportación y apoyo.

Colectivo EQS – Miembros del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (http://www.mcep.es