Apuntan los gurús de la economía que un aumento de la oferta regula los precios y que tal oferta propicia un ascenso de la demanda. La ecuación sobre el papel parece sencilla, pero en todo esto alguna parte sale perdiendo… A saber.

Un paseo por el centro de Madrid y las zonas más concurridas como bien pudiera ser Chueca, La Latina, Malasaña… Terminará, en un alto número de ocasiones, en algunos de los cientos de bares que jalonan estas zonas… ¡Dos cañas! Si se echa la hora del aperitivo nos animamos con un algo para picar y si la noche nos pilla  rondando sus calles ya pedimos otro algo y volvemos a Rivas cenados… Terminamos, pedimos la cuenta, pagamos y nos vamos.

Puede suceder, y son las más ocasiones, que los y las ripenses paseemos, con puro ejercicio, por nuestro pueblo y, con más posibilidad de viernes a domingo, acabemos reservando mesa en algunos de los bares o gastro bares que han proliferado bajo unos estándares reconocibles, tanto por su decoración como por una particular iluminación de luces ultra cálidas de globo y diseño, que parece conferirles la indumentaria decorativa perfecta para el sablazo. ¡Dos cañas, un vino y un refresco! ¿Pedimos algo para picar? Pedimos… Terminamos… ¡La cuenta por favor!…Llega el despropósito y la estocada. El montante por satisfacer, en algunos casos, duplica aquellas cañas y un algo para picar del centro de Madrid.

El pijoterismo y una especie de falsa creencia a estar degustando manjares o cocina de elaboración sofisticada en la aparente singularidad de un nuevo local,  se ha instalado en Rivas y la hostelería en el municipio  anclado a una fórmula de difícil resolución que, bien es cierto, se paga acochinado pero con desparpajo.

Cuando el Ayuntamiento ha estado barajando posibilidades para revitalizar la actividad de un gran número de locales lo hizo con la intención apuntada, ayudar. Sin embargo algunos, muchos locales parecen vivir la gran fiesta como si nada hubiera pasado, manteniendo una tendencia al alza sobre unos precios que en nada se justifican. Y no es esto el producto de los meses transcurridos desde marzo de 2020 sino más bien una posibilidad de incidir en el exceso.

El abuso de los precios en la hostelería de Rivas hace que la oferta se ajuste a la demanda tenida entre las manos en una especie de proceso selectivo, conviniendo precios verdaderamente escandalosos. Y no, no apuntamos este matiz con el fin de reivindicar un abaratamiento del consumo, sino atendiendo a la lógica de unos precios justos y de acuerdo al producto, y  además  como punto de referencia con respecto a otro tipo de actividad que intenta sobrevivir y mantener abierto sus negocios.
La población de Rivas ha normalizado el exceso como precio habitual. Nos consta que el Ayuntamiento ha realizado un esfuerzo para facilitar, en la medida de lo posible, que bares y restaurantes puedan continuar con su labor tras el cierre de más de dos meses durante el periodo de confinamiento. La cuestión es si los dueños de estos locales han entendido el gesto o simplemente han visto en ello una oportunidad para beneficiarse por partida doble.

Ante esta realidad no son pocos los y las ciudadanas de Rivas que optan por salir del municipio y tapear por el viejo Madrid, más barato, sin reserva, más variado  y sin tener que soportar la carcajada escondida de  quien debe pensar que aquí atamos los perros con longaniza, o que simplemente somos el banco perfecto para ser objeto de abusos indiscriminados ante una oferta que no están, ni de lejos, a la altura de los precios por mucha luz amarilla que pongan en su iluminación… Esta no es ciudad para obreros, o sí, pero que no lo parezca.

No es ciudad para obreros y la burbuja creada entre sablazos al usuario y alquileres al final repercutidos el consumidor, estallará. Esperemos que cuando suceda no se pidan cuentas ni ayudas municipales porque la corporación nada tiene que ver con estas estrategias muy parecidas al intento de pelotazo.

Juan Antonio Tinte