Gema Trigo, veterana vendedora del mercadillo: “Mis abuelos ya vendían cerámica y venían a Madrid en un burro”

mercadillos

Entrevista recogida en la Revista Zarabanda de noviembre de 2025.

La importancia de los mercadillos en Rivas trasciende más allá de los datos de facturación o las cuentas de pérdidas y ganancias. Forman parte del paisaje sentimental de muchas y muchos ripenses que acuden a comprar cada semana y, sí, también de los vecinos y vecinas que decidieron montar su propio puesto.

Por eso, la Comisión de Memoria de Rivas no ha dudado en colaborar en este número para ayudar a buscar sus voces. Rosa Puig es una de esas ‘rescatadoras de historias’ que forma parte de este grupo de voluntarios. En esta entrevista, charla con Gema Trigo, una vendedora que tiene su puesto en el mercadillo de Urbanizaciones desde los 80.

– ¿Cómo nació tu puesto?

Con mis abuelos, que ya vendían cerámica y venían a Madrid en un burro a vender por la zona del Paseo Imperial. Estaban aquí seis meses, durmiendo en pensiones o, si se terciaba, con los burros. Después mi padre se puso con la fruta.

Mi hijo no creo que siga con el puesto, esto es muy duro. Me levanto a las 3.30 de la mañana y vuelvo a casa a las 5 de la tarde, pero me gusta mucho lo que hago y además los mercadillos son importantes porque son un lugar donde se relaciona la gente, y eso hoy en día es muy importante.

– ¿Cómo recuerdas aquellos años y cómo era estar en el puesto del mercadillo?

Recuerdo que había muy pocas casas y mucha menos gente que ahora. El frío era horrible y caían unas grandes heladas. Fíjate cómo sería que teníamos que encender fogatas detrás del puesto para calentarnos.

– ¿Qué tipo de gente compraba? ¿Y ahora?

Trabajadores, obreros, gente de todo tipo… también venía gente pudiente, no creas. Ahora es parecido y vienen con sus hijos. Es un ambiente muy bonito, es como un pequeño pueblo, donde la gente se ve, habla, se saluda y se relaciona.

– ¿Ha cambiado mucho el mercadillo de antes con respecto al de ahora?

Respecto al género, frutas y verduras vienen ahora más seleccionadas, todas iguales, mientras antes se “escondía” lo más feo debajo, ahora no. Con respecto a la gente es más o menos del mismo tipo: variado. Los jóvenes se sorprenden del trato que les damos, próximo y con cariño, y claro ya se quedan como clientes. En un centro comercial no se hace eso.

– ¿Cómo ha cambiado Rivas?

Ahora hay muchos más coches, han mejorado los accesos y no hay esos olores insoportables que había al principio. El poder adquisitivo es más o menos igual, solo que ahora la gente diversifica y compra un poco de todo. Antes se llevaban por ejemplo dos kilos de manzanas,dos de peras y dos de melocotones, ahora pican un poco de todo.

– ¿Ha cambiado el tipo de productos que se compran ahora?

Con mi padre comprábamos en el campo, ahora no se compran tantas toneladas. Las familias son más pequeñas y compramos menos cantidades.

– ¿Qué ventajas ves en los mercadillos con respecto a las tiendas?

La relación con la gente. A mí me encanta, conozco a muchos vecinos y una parte importante de su vida. Además en las tiendas el género se compra en palés y hasta que dure. Sin embargo, nosotros tenemos los productos un máximo de 48 horas.

– Hay zonas donde no hay mercadillos.

Aquí en Rivas, al principio, venía la condesa de Montarco a mi puesto a comprar y la hermana del rey Juan Carlos, que, por cierto, pagaban los guardaespaldas porque ella nunca llevaba dinero. Era muy maja y me preguntaba por mi hijo.

Para cerrar la entrevista, Gema y Rosa se despiden con un beso. No solo son entrevistada y entrevistadora, son vecinas que se conocen desde hace mucho tiempo. “Es una vendedora excelente y con un gran carisma”, zanja Rosa.

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