Artículo del Consejo de Coordinación de Podemos Rivas, sobre la solidaridad con Palestina, que firma su portavoz Rocío Val.
Decenas de miles de personas (100.000, según Delegación del Gobierno) estuvieron ayer, domingo, en las calles de pueblos limítrofes con Madrid y en la misma capital, con un propósito muy definido: evitar que se llevase a cabo la última etapa de la Vuelta Ciclista a España. Antes, a lo largo de las semanas que la prueba ciclista se ha venido desarrollando, cientos de personas de decenas de poblaciones a lo largo del recorrido de la misma se habían echado a la calle o a las carreteras para conseguir lo mismo.
Este hecho puede parecer extraño para quien no siga la actualidad internacional y no se haya enterado de que en Gaza la población palestina lleva casi dos años sufriendo el genocidio perpetrado por el Estado de Israel. Son cientos de miles de personas muertas en ese lugar, incluyendo niñas y niños, en una terrible actuación criminal que no solo incluye el bombardeo diario y masivo de población civil, centros hospitalarios y educativos y viviendas en general, sino el aislamiento forzado de la población con una estrategia bien definida: no se trata de castigar las supuestas acciones terroristas de un grupo como Hamas, sino de quitarse de en medio a una población entera.
Esa estrategia responde a la voluntad, simplemente asquerosa, de proporcionar a los criminales colonos israelíes tierra que ocupar para sus bonitas viviendas. Es así: «matamos a toda esa gente, destruimos sus casas y, cuando ya no quede nadie, vamos nosotros y nos construimos nuestro paraíso particular». Esa debe ser la lectura que hacen de lo que su dios les dio permiso para hacer, como pueblo elegido que dicen ser.
¿Y el resto del mundo dice algo? Pues depende.
Los gobiernos, la gran mayoría de los principales medios de comunicación, las grandes empresas y las instituciones de todo tipo, no. O mejor dicho, sí que dicen: dicen que es lamentable que se mate así a tanta gente en Gaza, o incluso que está bien que lo hagan, hay para todos los gustos.
Decir, sí. Pero hacer, no.
Hacer algo para parar ese genocidio (ya no es posible evitar que se haya cometido, pero aún es posible conseguir que no continúe) significa tomar medidas que al Estado ejecutor del mismo le duelan tanto que dé su brazo a torcer y pare de asesinar. Las meras declaraciones, hasta donde tenemos comprobado, no entran dentro de ese tipo de medidas.
Más bien hay que pensar en cortar relaciones diplomáticas y económicas. Embargar las armas que se le continúan vendiendo a Israel, impedir que países aliados de los genocidas (y, por lo tanto, genocidas también) les envíen esas armas pasando por territorio propio, boicotear el comercio con las empresas israelíes o con el propio Estado de Israel…
En España, esas medidas son claras y no se han llevado a cabo. La ola de declaraciones del Presidente del Gobierno y de sus ministros, incluidos los de Sumar, han sido, en los últimos días, muy simpáticas, mostrando su apoyo a las manifestaciones y acciones encaminadas a boicotear la Vuelta a España. Pero nada más. Los contratos con Israel para la venta de armamento siguen en pie y los aviones norteamericanos que llevan más armamento y recursos a los genocidas, siguen utilizando las bases militares ubicadas en España para hacerlo.Decíamos que los gobiernos, medios, etc. puede que hayan dicho, pero han hecho poco o nada. Sin embargo, la gente sí.
Para ser justas, es preciso reconocer que las posiciones de los partidos políticos han ido desde el cabreo furioso por el éxito de las movilizaciones contra el equipo israelí que participaba en la Vuelta (el PP, Vox…) hasta la política de declaraciones (sin un solo hecho concreto que las respalde) de PSOE y Sumar. Con una sola excepción: Podemos.
Podemos no solamente ha hecho declaraciones ahora, sino que las viene haciendo desde 2023, en el inicio del genocidio. Y no se ha limitado a hacer declaraciones. Ha estado presente en todas las movilizaciones que se han dado en España desde aquel año, y muy especialmente en las que se han organizado para boicotear la Vuelta a España, por la inclusión del equipo israelí en la misma.
Tanto es así, que las dos principales dirigentes de Podemos, su portavoz estatal Ione Belarra y la diputada europea Irene Montero, junto con otros muchos dirigentes estatales (como Pablo Fernández, secretario estatal de Organización) y autonómicos han dado la cara personalmente, participando en las movilizaciones en primera línea. Por supuesto, junto con miles de militantes de toda España que también han participado en las protestas.
Y esto lo digo porque hay una gran diferencia entre poner cara simpática ante la magnitud del cabreo y las protestas populares contra el Estado de Israel y su genocidio, y sentir ese mismo cabreo e indignación que el resto de la población, y en consecuencia estar presente y ayudar a que sean un éxito las movilizaciones.
Es la misma diferencia que separa a quienes solo buscan salir en la foto de quienes salen en ella porque estaban allí, haciendo y no sólo diciendo. Y gracias a ello es que la militancia en general de Podemos, desde su secretaria general hasta cualquiera de las o los militantes de cualquier sitio de España, nos sentimos muy satisfechos de haber contribuido a conseguir que la Vuelta a España la haya ganado Palestina.









