OPINIÓN

eubilio rodriguez

El orden del día

Eubilio Rodríguez nos habla en su artículo de «Impertinencias» sobre la novela de Vuillard y cómo el poder económico escribe la historia desde las sombras.

“El orden del día” es una novela de Éric Vuillard que narra la implicación de los oligopolios empresariales alemanes de entonces en el ascenso de Hitler al poder. En febrero de 1933, en el Reichstag tuvo lugar una reunión secreta, que no estaba en el orden del día, en la que los dueños de Opel, Krupp, Siemens, IG Farben, Bayer, Telefunken, Agfa y Varta etc. hicieron grandes donaciones a Hitler para conseguir, mediante el sometimiento de los trabajadores y de otros países, la estabilidad y seguridad que prometía en su programa.

Dicen que la historia no se repite pero que, con frecuencia, sus acontecimientos riman con los de épocas pasadas. Las medidas que Trump va tomando desvelan unos objetivos que no son fruto de un liderazgo excéntrico, sino del proyecto de los grandes oligopolios para configurar la sociedad norteamericana y el papel de Estados Unidos en un mundo multipolar.

Ha optado por el aislacionismo selectivo reforzando la deportación de inmigrantes indocumentados. “En Los Ángeles, la policía se ha empleado en la caza de trabajadores extranjeros, en su mayoría latinos. Han sido detenidos y deportados a México”. ”Trump da la orden de realizar redadas en escuelas e iglesias” “Ha pedido a los fiscales que persigan a los funcionarios que impidan el cumplimiento de las órdenes relacionadas con la migración”,etc.

Represión, propaganda y mano de obra barata

Todo tiene su explicación: la mano de obra extranjera es más barata que la local, más aún si es ilegal. Por un lado, se la necesita, se le explota y por otro se la demoniza. La arenga populista de una supuesta defensa del trabajo local frente a los “extranjeros” suele ser apoyada por muchos medios de comunicación.

También pueden servir de cabeza de turco: todo lo malo que pasa en nuestra sociedad es culpa suya: de la delincuencia a la suciedad. Y, sobre todo, sirven, a modo de ejército de reserva, para degradar las condiciones laborales de todos. Por eso es importante mantenerlos sin derechos, y separados de la clase trabajadora autóctona. Es lo que de verdad importa: contar con un proletariado sumiso y barato. 

Según las previsiones de los expertos, la guerra comercial desatada por Trump hará subir la inflación en EE.UU.; una inflación que terminará cargando sobre las espaldas de las clases populares. Tiene que preparar a la opinión pública para que soporte este encarecimiento de la vida de empresas y consumidores mientras su gobierno recauda miles de millones de dólares en aranceles. La propaganda de los medios de persuasión (más que de comunicación) difundirá que, el repliegue económico y la precariedad laboral se debe a que los intereses de EEUU no han sido respetados en otros países, se ha malgastado el dinero propio en organismos internacionales y se ha priorizado el buenismo con pobres e inmigrantes.

La apoteosis mediática de tal castigo de “vagos” y “terroristas”, “cáncer de nuestras sociedades”, vendría representada, como en una especie de teatral auto de fe, por el genocidio palestino, la limpieza étnica de los gazatíes y el obsceno anuncio de construir sobre la destrucción despiadada de su país un complejo de ocio “Riviera Gaza”, el Disneyland que piensa montar sobre miles de cadáveres, mutilados y torturados. Todo vale para domesticar la opinión pública e ir logrando el sometimiento de los trabajadores del propio y de otros países.

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