Una vez acabado el curso, cada cual con sus resultados, unos alegres, otros no tanto, puede ser un buen momento para seguir evaluando, que no poniendo notas.

Siempre hemos defendido que la evaluación bien entendida es algo necesario.  Nos permite darnos cuenta de dónde estamos, en qué vamos avanzando, en dónde se centran las dificultades… y eso nos ayuda a seguir planteando nuevas actividades y maneras de seguir aprendiendo. (Las notas, por desgracia, no aportan nada de esto),

Como padres y madres tenemos más o menos definida una idea de cómo queremos que sean nuestras criaturas, e incluso cómo nos gustaría que fueran al hacerse adultos. Me atrevo a generalizar y afirmo que educamos para conseguir personas autónomas, responsables, dialogantes, implicadas en el entorno, sociales, cuidadosas en el trato y las relaciones con las personas…

Si estamos de acuerdo con estas ideas podemos pararnos y reflexionar sobre si nuestro día a día contribuye y facilita el avance en esa dirección. Sabemos que la manera de ser y de relacionarnos con los demás no responde a obedecer unas órdenes, ni es algo que aparezca de pronto un día al levantarse o al alcanzar determinada edad. Sabemos que es algo que vamos modelando, construyendo cada día en base a nuestras vivencias, a las relaciones que tenemos, a las conversaciones que desarrollamos, a la manera de abordar los momentos más complicados o dolorosos… es decir, las experiencias de vida nos van haciendo ser como somos.

Desde esta perspectiva podemos evaluarnos y evaluarlos. En nuestra familia, cada cual conforme su edad, adultos y jóvenes, vamos dando pasos en la dirección que deseamos, o por el contrario vamos mostrando dependencias, malos modos, dejadez… Los adultos debemos hacer esta evaluación con tranquilidad y dedicando el tiempo que sea necesario. Y a partir de ella podremos ver si seguir con la misma dinámica o, por el contrario, es conveniente introducir algunos cambio. Yo preguntaba en mis tutorías a las familias ¿os imagináis así dentro de cinco años? Si la respuesta generaba desazón, estaba claro que algo había que cambiar.

Como toda evaluación debe ser autoevaluación, hemos de hacerla conjuntamente con nuestros hijos e hijas. Debemos buscar los tiempos y los modos de reflexionar sobre nuestras relaciones, sobre nuestros éxitos, nuestras dificultades, sobre lo que podemos aportar, o lo que necesitamos… desde las distintas perspectivas y vivencias. Todo ello teniendo claros los momentos y las edades. Pero si queremos que sean autónomos y responsables, en su día a día deben ir asumiendo dinámicas, tareas, responsabilidades de forma progresiva. A los cinco años hará…, a los ocho…, a los doce…

En mi idea de familia como grupo de convivencia, solidario, colaborativo y dialogante cobra especial importancia los momentos de encuentro, de intercambio, de reflexión conjunta sobre cómo nos organizamos, apoyamos y facilitamos la vida. Os animo a que, si no es el caso, veáis la manera de caminar en esta dirección como algo básico para poder seguir avanzando todos y todas en el oficio de la vida. Con el cuidado y el cariño que favorecen las relaciones y contribuyen a construir el modelo de persona que decíamos en los párrafos anteriores.

Sobra decir que en esta evaluación nunca hay suspensos, pero siempre hay proyectos de mejora y de futuro.

Buen verano. Y gracias por leernos.

Colectivo EQS – Miembros del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (http://www.mcep.es)