Uno de los más impactantes artículos de la sección «Naturaleza en Rivas» de nuestro experto José Ignacio López-Colón.
El tema de este mes, los mercadillos, es complicado de relacionar con los insectos. No obstante, se nos ocurre abordar la vertiente referente a los aprovechamientos culinarios de muchos artrópodos (saltamontes, grillos, larvas de diversos escarabajos, escorpiones y arañas, etc).
Si bien en España es actualmente impensable porque no estamos acostumbrados a este tipo de consumo, “todo se andará”; sin embargo, en otras culturas, como diversos países asiáticos y también algunos americanos como México y Colombia, o africanos, esto es habitual.
Asumamos que la percepción de lo que es o no un manjar es subjetiva y no es lo mismo preguntar a un tailandés que a un paisano de Jaén… Varios ejemplos simples: mientras que en Italia te podrían mencionar a la trufa, en Francia te hablarán de su foie gras de pato y en España de nuestros secretos ibéricos, de quesos y embutidos. Si nos asomamos a países más lejanos podremos descubrir un sinfín de sabores infinitos, entre ellos más de dos mil especies de insectos que se consumen actualmente en muchas partes del mundo. Esa es una realidad que los países occidentales han comenzado a adaptar desde principios de siglo en aquellos países en donde es legal comercializar y consumir insectos: leche extraída de larvas de mosca, salsa boloñesa elaborada con harina de ciertas larvas o brownies rellenos de grillos crocantes que evocan el sabor y textura de las almendras. La reinvención gastronómica a través de los insectos ya es una realidad y, según los expertos, también la perfecta alternativa de un futuro más sostenible para el planeta.
Como ejemplos exóticos señalar algunos mercados internacionales famosos. En Skuon, a 80 kilómetros de Phnom Penh (Camboya) hay un mercado de arañas conocido como “Spiderville” que es una “meca foodie” las cuales se consumen fritas o vivas (una tradición gastronómica que tiene su origen en la terrible hambruna de los durísimos tiempos del gobierno de los Jemeres Rojos a finales de los años 70. Otro sería el mercado nocturno de Chiang Mai (Tailandia), uno de los grandes exponentes de bug-food; paseando por este emblemático lugar podrían ustedes saborear saltamontes, orugas o “gusanos de bambú” cocinados como snack frito y servidos en cajitas por un precio ridículo. En el mercado Benito Juárez, de Oaxaca (México), podrán degustar uno de los grandes manjares zapotecas: los chapulines. (saltamontes y langostas), una “delicia” que se consume desde hace más de tres mil años.
En Colombia, en la plaza central del mercado de Bucaramanga, es tradicional el aroma de las hormigas culonas tostadas ampliamente consumidas por los guanes y otras etnias indígenas de la zona y que hoy día se considera una delicia empleada como topping para pizzas, guarniciones de carne de res o delicioso snack.

Por finalizar, mencionar el mercado de Gambela, en Kinshasa (Congo), podremos ver los cubos llenos de termitas, saltamontes y gusanos que se aparejan junto a otros con carne de antílope o serpiente, siendo incluso más caros
que la propia carne. En el continente africano, el consumo de insectos es el principal atajo para dejar atrás la hambruna; prueba de ello son los 300 gramos de orugas que cada familia de esta ciudad consume a la semana,
según un estudio hecho en ese mismo mercado.
Esperamos haberles abierto el apetito con esta reseña a la vez que deseamos, amables lectores, una buena otoñada, y les emplazamos, como de costumbre, a leer la revista del próximo mes con las nuevas que podamos ofrecerles. Gracias por estar ahí. Les deseamos mucha felicidad a ustedes y sus familiares y amigos en este tramo final del año.








