¿Quién no puede alegrarse de que empecemos este 2021 con este buen invento de evitar muertes, al menos a corto plazo, como es la vacuna del Coronavirus?

Hay que dar palmas a la ciencia por evitarnos, nuevamente, este desastre. Nada de rezos y procesiones: ¡Investigación científica!

Pero ¡Ojo! El problema no sólo lo seguimos teniendo, sino que se agravará en los próximos años. Veamos:

Según advierte la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios a Ecosistemas, existe casi un millón de virus distintos, que viven en aves y mamíferos, que tendrían capacidad de infectar a los humanos, sobre todo si crecen la degradación ambiental y el cambio climático.

Es decir, la Ciencia, en un tiempo record, nos suministra una herramienta para erradicar esta pandemia del Covid-19, pero también nos advierte que si seguimos empobreciendo la biodiversidad y la capacidad de respuesta de la naturaleza, y seguimos calentando nuestro planeta, dentro de unos años no habrá vacunas suficientes para la miles de pandemias que pueden caernos.

Está bien, muy bien,  curar la enfermedad, pero sería mucho mejor evitar que enfermemos. Y sólo hay una manera de hacerlo: cambiar de arriba abajo nuestra sociedad y nuestra economía para volver a recuperar un planeta saludable con derechos humanos y distribución de la riqueza. Y en esto somos todos y todas responsables: las instituciones mundiales, las nacionales, las autonómicas, las locales y la propia responsabilidad individual de cada uno de nosotros y nosotras.

Todas las instituciones tendrán que poner encima de la mesa, de manera urgente,  sus planes para un transición energética y ecológica. Solo tenemos unos pocos años para poder evitar el desastre.

Europa se ha quedado muy corta en sus planes de reducción de emisiones al 55% en el 2030. Pero España se ha quedado más corta aun: proponen una reducción de sólo el 23%. Los científicos y grupos ecologistas son bastante mas ambiciosos: apuestan por una reducción del 65%.

Tanto es así que los grupos ecologistas, aunque reconocen que el actual Gobierno Nacional es el que más en serio se ha tomado el cambio climático,  han llevado al Tribunal Supremo una demanda por inacción e incumplimiento jurídico de las obligaciones de España contra la emergencia climática.

Los gobiernos deberían entender que nuestro producción nacional debe cambiar radicalmente: no podemos seguir alimentando el turismo, las autopistas, los aeropuertos, las fábricas de automóviles, los AVES, los transportes innecesarios, las centrales energéticas contaminantes, la construcción y consumo desmesurados, los pesticidas, la desforestación, los monocultivos, los alimento transgénicos, los viajes de miles de kilómetros de los alimentos, las incineradoras…

Por el contrario, los gobiernos deben impulsar puestos de trabajo relacionados con los servicios públicos, especialmente los educativos y sanitarios; impulsar las energías renovables y el cuidado del medio ambiente, como fuentes de empleo; la agricultura de proximidad y ecológica, la reducción de los envases y la reutilización y reciclaje de los mismos; apoyo al transporte público, especialmente al ferroviario eléctrico; una amplia reforestación y un fuerte apoyo en la rehabilitación energética de las viviendas.

Es evidente que un cambio drástico de la economía va a suponer que el Gobierno tenga que garantizar unos ingresos mínimos a toda la población. Algo se ha ensayado con esta pandemia. Los insuficientes salarios mínimos vitales, los ERTES y las ayudas a autónomos, son el camino a seguir en esta transición económica. Eso de que “nadie debe quedarse atrás” que anuncia el Gobierno, debe desarrollarse con plenitud.

Nuestro Ayuntamiento también debe proveerse de energía cien por cien renovable; sustituir los transportes públicos y flota municipal contaminantes por eléctricos y modificar el urbanismo de nuestra ciudad para reducir la velocidad de los automóviles y  favorecer la peatonalización de la ciudad y el uso de la bicicleta.

Nuestro ayuntamiento tiene una tremenda labor para exigir a las autoridades nacionales y autonómicas políticas de reducción de envases, pero también han de realizar campañas intensas a la ciudadanía, para que ésta se sume a la reducción responsable. Las muy tímidas políticas municipales destinadas a tratar la materia orgánica y convertirla en compost, deben desarrollarse y ser modelo al resto del Estado.

Les dejo con la propuesta de resolución a pleno de los ayuntamientos que propone Ecologistas en Acción:

  • A la mayor brevedad posible, se conviertan en un municipio sostenible estableciendo entre otros objetivos que todos los suministros energéticos municipales estén basados únicamente en energías renovables.
  • Elaboren un plan de choque para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, identificando los focos más importantes y realizando planes de actuación para reducir sus emisiones y poniendo en marcha medidas de impulso a la movilidad a pie, en bicicleta y en transporte público, reduciendo drásticamente el uso del automóvil.
  • Introducir en las ordenanzas municipales criterios de sostenibilidad y lucha contra el cambio climático, no solo en la actuación municipal sino también en la adjudicación de servicios, de forma que se priorice estos criterios frente a los economicistas.
  • Se aumenten progresivamente las capacidades del ayuntamiento para hacer frente a las consecuencias del cambio climático que ya se está produciendo. Adaptación del planeamiento urbanístico y ordenanzas municipales a esta nueva situación.
  • Formen parte de una red de ciudades contra el cambio climático, ya que este esfuerzo debe de ser compartido por la mayor parte de los municipios para que adquiera efectividad y relevancia.
  • Incluir la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones de la planificación municipal para el desarrollo de la estrategia de lucha contra el cambio climático y como mecanismo de control para la correcta puesta en marcha de las medidas.”

José Manuel Pachón López