Este curso se inicia la implantación de una nueva ley de educación. Otra más podría decirse. Pensando que en cuanto cambie el gobierno la quitan. Desde la aprobación de la Constitución ya son 7 leyes orgánicas de educación las que hemos tenido. En cada cambio los medios de comunicación inciden en algunos temas como la evaluación, las repeticiones, la importancia de la religión, y la forma que se da, o no, a la educación ciudadana. Pero queda fuera de foco la realidad de la vivencia educativa y cómo funcionan las aulas.

Y así, aunque han pasado más de 40 años de la aprobación de la primera de ellas los centros educativos siguen funcionando en su gran mayoría con unos enfoques individualistas; unas dinámicas basadas en la autoridad dejando poco espacio a la participación, al debate y al hacer colectivo; unas propuestas pedagógicas desligadas de los avances científicos y de los cambios sociales. Y esto es dramático. Además de tener el mayor índice de abandono escolar, según van pasando los cursos el número de alumnos y alumnas que pierden la motivación y las ganas de aprender se multiplica permaneciendo en el aula sin esperanzas hasta que llega la edad de abandonar, legalmente, el proceso.

Mientras tanto, dentro de unas clases que se pretenden homogéneas, en las que todos aprenden y hacen lo mismo al mismo ritmo, con los mismos libros… se sigue cargando la culpa en el alumno o alumna que no es capaz de seguir el ritmo. O en la falta de responsabilidad de las familias que los dejan o los consienten. Es decir se sigue en una visión individual, se habla de esfuerzo, de mérito, de excelencia… y se deja, que cada cual se apañe como pueda con lo que le ha tocado en suerte. Y así cada día se van descolgando los menos favorecidos.

De esta forma se obvia lo que debe ser un Sistema Educativo. Una respuesta colectiva que ponga los recursos al servicio de la infancia y acoja a todos y cada uno de los niños y niñas y los acompañe favoreciendo su máximo desarrollo durante todo la etapa escolar en una vivencia democrática hasta alcanzar una formación que le permita una vida digna en relación con los demás y ser un ciudadano crítico e implicado en el bienestar común.

Para romper esta dinámica es necesario un esfuerzo colectivo, un cambio de mentalidad y una Administración que ponga los medios y los recursos necesarios para que no haya ni una criatura que no alcance sus objetivos. Cada año oímos las reclamaciones de reducir ratios, de reforzar equipos de orientación y de especialistas… pero las clases siguen sobrecargadas y una parte importante del alumnado sigue sin alcanzar una vivencia satisfactoria.

En nuestra comunidad no nos podemos llamar a engaño. El PP lleva 25 años gobernando y no pueden echar culpas a los demás. Tienen una opción y la ponen en práctica cada vez con mayor descaro: ofrecer sus mayores esfuerzos en potenciar la educación privada y concertada, mientras que va dejando que la educación pública se vaya degradando y convirtiéndose en el recurso de los que no pueden aspirar a más.

Ante esta situación, hay familias que mantienen su idea y ponen en valor lo público. Pero hay otras que, pudiéndoselo permitir, buscan para sus criaturas la oferta concertada o privada pensando que es lo mejor para ellas, en la idea de que el “ambiente” será mejor que en la pública. Mas no es el camino. Al hacerlo asumimos que cada cual se busque sus opciones y renunciamos a lo colectivo. Al pensamiento, al debate, a la reclamación, a la organización para conseguir unos servicios públicos de calidad de tod@s y para tod@s.

Como padres y madres responsables que buscamos lo mejor para los nuestros y para la comunidad tenemos una tarea por delante. Hagámosla.

 Colectivo EQS – Miembros del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (http://www.mcep.es)