Carlos San Juan ha triunfado con su campaña contra los Bancos, ‘Soy mayor, no idiota’. ¡Enhorabuena!

El problema es que yo no lo tengo tan claro. A juzgar por las cosas que oigo a veces en televisión, me temo que yo soy mayor e idiota.

Y si no lo soy, da igual; muchos comunicadores, políticos y autoridades eclesiásticas, lo piensan.

De un miembro de este último colectivo, escuché hace unas semanas una frase que me dejó estupefacto. Se refería a las inmatriculaciones de la Iglesia Católica Española y decía textualmente ‘La Iglesia, no quiere ninguna propiedad que no sea suya. Las inmatriculaciones que se han hecho, han sido hechas en ‘nombre del pueblo de dios’.

Estaba claro. Ello dejaba en evidencia mis escasas luces, que siempre había pensado que se trataba de un robo a hisopo armado. Lo dicho: ¡Soy un zote!

Ni siquiera me he logrado enterar de quienes son los del ‘pueblo de dios’.

Por otro lado, las andanzas del PP en este mes de Febrero, no han hecho más que ahondar en esta idea.

Alberto Casero, se equivocaba el día 2 con los botones y varias veces. Ello tuvo una gran repercusión, pero no sólo en el impacto sobre la reforma laboral, sino sobre la propia persona de Casero, que se recuperó inmediatamente de la grave enfermedad que le había llevado a solicitar el voto telemático. ¡El tío se presentó en el Congreso y resulta que estaba como una rosa!

Y yo que seguía sin creer en los milagros. ¡Torpón, torpón, torpón!

Bueno, Casero un poco torpón también es. Equivocarse cuando sólo hay tres botones no es un indicativo de eficiencia intelectual. ¿Le dejarán entrar en los ascensores? ¡En tales aparatos la podría liar parda!

Días más tarde Mañueco ganaba las elecciones en Castilla León. La forma de ganar las elecciones, resultaba un poco rara, pero de su discurso, sólo se percibía el optimismo y la euforia que desprendían los resultados de las urnas.

Ha pasado de pastorear ganado ovino a tratar con mihuras. ¡Allá él! ¡Todo un visionario!

Pero la joya de la corona de esta serie de sucesos, es el duelo Casado-Ayuso.

La señora Díaz Ayuso, no deja de mostrar sus aspiraciones a la Presidencia del Mundo Mundial y Casado que debía ignorar que es doctora en comunicación política ha osado arremeter contra ella a expensas de su hermanísimo, Tomás.

Éste, gerente de una empresa de iluminación, tiene un ‘amiguete’ (Que también lo es de Isabel) que tiene una empresa de productos textiles.

Y de pronto, que casualidad, se le adjudicó un contrato de 1.500.000 euros por unas mascarillas a razón de 6 euros/unidad, que al final ni siquiera eran del modelo contratado.

Y el presentador del contratista cobra una exigua comisión de unos 280.000 euros.

¡Lógico y natural! Un porcentaje muy habitual en las relaciones comerciales. Sobre todo, con la Administración.

Los malpensados que estén leyendo esto pensarán que es desproporcionada, que si al millón y medio, le quitas el IVA, la comisión de Tomás, los gastos de importación, la ganancia de los chinos, las tasas aduaneras y el beneficio industrial de la empresa, el coste real de la mascarilla debe ser muy marginal.

Además, resulta curioso que no se pudiera encontrar otro proveedor, con otras ofertas más económicas. Aunque para qué, si lo iban a pagar los madrileños y encima al hermano de la Presi. Había que aprovechar la legislación para la contratación de emergencia.

Y ante todo esto, vemos a Díaz Ayuso, rasgarse las vestiduras en los medios, diciendo como la atacan a ella, una víctima convertida en heroína , una auténtica versión moderna de Juana de Arco o Agustina de Aragón.

Sí, la pobre afirma que no se enteró del contrato hasta año y medio después de la adjudicación. Un periodo de tiempo normal, durante el cual no tuvo ocasión de comentar con su hermano, (el que se había embolsado 280.000 euros), que la causa de ello era un contrato con el organismo que su hermana presidía.

¡Pequeño detalle! Total, son cantidades que no merecen comentario alguno. ¡Calderilla!

¡Pobre Díaz Ayuso!

Nos salió el día 19 en TV explicándonos el contrato y ya ahí percibo que mi coeficiente intelectual empieza a ser del subsuelo.

De pronto pasamos de unos ingresos de 280.000 euros a sólo 55.000 y encima no es por comisiones sino porque al parecer, Tomás se hizo todo el curro: Localización del fabricante en China, negociación, transporte, entrega. Sólo le faltó ponerlas en las farmacias.

¡Para ser gerente de una empresa de iluminación, tiene su mérito!

Después de esa declaración, dejé de entenderlo todo. Concluí que efectivamente soy mayor e idiota.

Pero la guinda al pastel la pondría Casado, cuando 24 horas después reculaba, afirmando que Ayuso le había dado ‘explicaciones suficientes sobre el contrato’.

Lo que no había obtenido desde el mes de Octubre, se arregló en unas horas. ¡Genial! Igual ha tenido algo que ver el follón que ha armado.

En fin, a lo mejor he exagerado un poquillo mi grado de estupidez, pero sí sé que ellos nos toman por tontos.

Pero no por un ‘poco tontos’. No. Nos toman por tontos del todo, del todo, del todo.

José Manuel Castán.