Thaumetopoea pityocampa o como la conocemos los mortales (en su fase de oruga), la procesionaria del pino, es un insecto lepidóptero que abunda en los bosques de pinos de una gran parte de Europa y América.

En su etapa joven, la procesionaria es una oruga cubierta de pelos urticantes. Ya en su fase adulta se convierte en una mariposa.  Los pelos se desprenden y flotan en el aire. Como consecuencia, se puede producir irritación en garganta, oídos y nariz, así como graves reacciones alérgicas. Este insecto pasa por 3 fases diferenciadas durante su ciclo biológico. En cada una de ellas, adopta una forma y unas características

Primera fase: la procesionaria adopta la forma de una mariposa y es ésta la que se encarga de seguir con la reproducción de la especie. Se aparean en verano y depositan sus huevos en las copas de los árboles. En este estado, sólo vive 24 horas.

Segunda fase: esta segunda etapa empieza 40 días después de que se depositan los huevos (aproximadamente). Los que han sobrevivido, eclosionan y de ellos salen las orugas. Con la llegada del frío se agrupan en bolsones y se nutran (tienen un comportamiento gregario). Esta etapa es la que realmente debe preocuparte, pues en ella se alimentan de las acículas de los pinos.

Tercera fase: las orugas bajan de las copas de los árboles y se entierran en el suelo cristalizándose dentro de un capullo hasta completar su transformación en mariposa. Tal y como te hemos adelantado, este insecto se alimenta de las acículas de los pinos. Lo hace en su etapa como oruga y antes de refugiarse bajo el suelo en forma de crisálida. Pero es la segunda fase de su ciclo la que más nos debe preocupar.

Causa dos tipos de daños: pérdida de acículas y problemas a humanos. A continuación, te enseremos qué efectos tiene en la población de pinos y en nosotros mismos. Los pelos que recubren las orugas, son urticantes. En las intermediaciones de los pinos en los que se encuentran, los pelos quedan suspendidos en el aire, lo que puede ser un grave inconveniente para nuestra salud.                                                                                  Las consecuencias más habituales son irritaciones, dermatitis y alergias, sobre todo si eres sensible a ello. A la hora de combatir la procesionaria, lo más importante es tener claro cuál es su ciclo biológico. Una vez que sepamos en qué etapa se encuentra, es el momento de ponerse manos a la obra.

Hay varias formas de eliminar este insecto, pero la mejor y segura para el medio ambiente es la endoterapia.

Juan Carlos Ramos profesor de Medio Ambiente y Energías Renovables