Ya germinan las 78 porciones de tierra seleccionadas por Rivamadrid para desarrollar una novedosa gestión ambiental.

Con los ‘alcorques vivos’ se renuncia a la utilización de métodos químicos para preservar los árboles de la ciudad y favorecer la biodiversidad urbana.

Los primeros brotes de ‘alcorques vivos’ ya han empezado a crecer en las 78 porciones arbóreas seleccionadas por la empresa municipal Rivamadrid, que está desarrollando un nuevo proyecto de biodiversidad y naturalización de espacios urbanos para estos pequeños terrenos donde crecen los árboles. Los alcorques fueron sembrados en noviembre con plantas de flor, y desde enero ya se observan los primeros brotes.

Desde la empresa pública se pide respeto y cuidado para no perjudicar estas zonas, que se convertirán en refugio y alimento para pequeños insectos que ayudarán a controlar las plagas del arbolado. Se trata de un proceso novedoso donde la propia naturaleza es protagonista. Los alcorques se reparten en cinco calles de la ciudad: de la Paz, San Isidro, Manuel Vázquez Montalbán, Marguerite Duras y Ricardo Zamora.

Esta iniciativa supone un cambio de paradigma relacionado con el uso sostenible de productos fitosanitarios, al plantear la alternativa de métodos no químicos, el fomento de la biodiversidad urbana y la naturalización de las ciudades. La idea es incorporar pequeños microhábitats (los alcorques) que generen lugares donde la fauna auxiliar pueda refugiarse para favorecer una mayor eficiencia tanto en el control biológico de plagas como de la polinización, explican desde Rivamadrid.

NATURALIZAR
“Queremos naturalizar la ciudad transformando y gestionando los espacios verdes urbanos para favorecer los procesos naturales, permitiendo la entrada espontánea de flora y fauna y realizando un mantenimiento más ecológico”, explicó en su día la consejera delegada de Rivamadrid y concejala de Transición Ecológica, Vanesa Millán.