Nacido en Madrid, en 1964, el director de CTXT fue corresponsal de El País en Lisboa, Roma y París. Anteriormente, trabajó durante 10 años en la sección de Cultura como reportero para temas de cine, literatura y arte. En 2011 fue galardonado con el premio Francisco Cerecedo y con el Livio Zanetti al mejor corresponsal extranjero en Italia. En 2010, obtuvo el premio del Parlamento Europeo al mejor reportaje sobre la integración de las minorías. Es autor de los libros ‘La voz de los flamencos’ (Siruela 2008) y ‘El mejor año de nuestras vidas’ (Ediciones B)

Mi voto antifascista y por correo ha sido para Unidas Podemos. Por tres razones: a) aunque no somos amigos ni hemos merendado nunca juntos en el Rodilla como afirma falsamente Pacho Sánchez-Cuenca, Podemos y Contexto tenemos los mismos enemigos: las cloacas y la prensa canalla que inventa bulos; b) si Iglesias no se hubiese presentado, Ayuso y sus mariachis habrían ganado de calle, y creo es justo agradecerle que haya puesto patas arriba la campaña, y, sobre todo, c) mi hija pequeña me metió la papeleta en el sobre y ¿quién soy yo para llevarle la contraria a una tipa que con 24 años tiene toda la vida por delante, si esa vida que le hemos dejado ustedes y yo es bastante más injusta, jodida e incierta que la que nos dejaron a nosotros nuestros padres?

Tres razones más: d) el PSOE y Más Madrid necesitan toda la presión posible desde su izquierda para no quedarse ensimismados con las entrevistas-masaje, los titulares mimosos y las bajas presiones de la PRENS.A.; e) Pablo Iglesias es el hombre más acosado, odiado, quemado y temido de España desde El Lute –el hombre del saco de mi infancia–, y a los Lutes de la vida hay que protegerlos, no solo porque saben como nadie lo que sufren los gitanos sino porque en los linchamientos (sobre todo si están organizados por poderes no electos, o por el KKK) uno solo puede ir con la víctima, jamás con el verdugo ni con sus cómplices. La sexta, con perdón, o f): Iglesias tiene el reflejo democrático muy bien puesto. Mejor puesto que nadie, salvo quizá Yolanda Díaz, que lo tiene parecido. No, señora Ayuso, no se trata de elegir entre Comunismo o Libertad, se trata de elegir entre socialdemocracia o terrazas, entre fascismo o democracia, entre igualdad o miseria.

Como se cantaba en Bandiera Rossa, cuando enfrente están los explotadores, los fondos buitre, los propagandistas a sueldo, los brigadistas y los matones, las balas y los bulos y unas fuerzas de seguridad infestadas por el extremismo ultra, solo cabe una estrofa: “Y viva el comunismo y la libertad”.
La última razón por la que he votado a Pablo Iglesias es estrictamente personal. Es un tipo educado y tranquilo. Solo le he visto tres o cuatro veces en mi vida, y siempre por motivos profesionales, pero me parece una persona seria y competente. Gabilondo y García también me lo parecen, no crean que no. Pero no los persiguen tanto como a El Lute, y no tienen el reflejo antifascista tan bien puesto. O no tan rápido…

Último párrafo: no se lo pierdan que siempre es el mejor. Durante la ruptura del debate de la SER, Angels Barceló cogió de la manito a Iglesias para intentar que no se fuera, y le dijo “no te vayas muy lejos”. Confiaba en que su jefe, Daniel Gavela, le convencería para volver al estudio. Barruntando lo que pasaría, Iglesias no dejó entrar a Gavela y a Daniel Anido, director de los informativos de la cadena, en su camerino. Cuando salió, llevaba ya el abrigo puesto. Gavela intentó convencerle pese a todo, y al ver que no podía, levantó la voz y el dedo. Iglesias le contestó citando a Bertolt Brecht: “Vuestro problema es que no os dais cuenta de que ahora van a por nosotros, pero después irán también a por vosotros”. Y se largó.

Por eso es tan importante que ganen los social-comunistas en Madrid. Para que desde las trincheras con imprenta y altavoz no sigan deshumanizando a los adversarios de las cloacas. Para que las jóvenes puedan alquilar un zulo a menos de mil euros al mes. Para que los refugiados y los niños que pasan hambre y frío dejen de ser armas arrojadizas y pasen a ser el centro de las políticas públicas. Para que la sanidad, el futuro y la educación sean de todas, y no solo de unos pocos.

Y hasta aquí Mi lucha.

Miguel Mora

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