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OPINIÓN

Ni los Reyes eran magos

¿Por cuánto te venderías tú?

Esto preguntado así, tal cual, parece muy duro, puede que hasta ofensivo para la mayoría de las personas. Aunque cada vez son más los que abiertamente se atreven a contestar: “hombre, pues depende cuanto estén dispuestos a pagarme…”.

Siempre he pensado que eso de que ‘todos tenemos un precio’ era un tópico y ciertamente insultante, pero en los últimos tiempos me voy haciendo a la idea de que son muchas y muchos los que se autoconsideran ‘un activo valorable y contabilizable’, y sí están dispuestos a venderse.

Lo de la venta, por partes o en su totalidad, también hay que relativizarlo, hay gente que tiene que vender un órgano (un riñón) para poder sobrevivir; quien tiene que alquilar su cuerpo por tiempo establecido (unos minutos, horas…, durante nueve meses, etc.), en la mayoría de los casos como forma de vida. Para otra gente, el que es su trabajo habitual, que no le satisface, no le compensa adecuadamente o les desgasta en su salud física o psíquica, lo viven como simple venta de su mano de obra o su capacidad intelectual, ya que no pueden optar a otra forma de vida posible.

Pero en el caso que nos lleva, de lo que hablo es de ‘la venta como traición’. Traición a un compromiso, a una promesa, a unos ideales, a un colectivo afín, etc. Aunque esto se produce en todos los ámbitos de la sociedad, es especialmente llamativo, sobre todo por el altavoz mediático, cuando ocurre dentro de las formaciones políticas (partidos, coaliciones, plataformas, etc.).

Un caso paradigmático, por su enorme trascendencia y su rabiosa actualidad, es el de Podemos, perseguido y denostado desde su creación hasta donde ya no se puede aguantar más. Hace unos días escuchaba a un miembro destacado de esta formación que decía, que han sido más de cien las querellas presentadas contra Podemos y todas ellas desestimadas o sobreseídas por falta de pruebas o porque directamente no hay caso. Pero en el transcurso (sobre todo al inicio), todos los medios de comunicación iban recogiendo la ‘nueva acusación’, dando todo el bombo informativo y destructivo posible, para después olvidarse de, ni siquiera informar que la causa se había desestimado. La última la del ‘caso Neurona’, que supuestamente (entre otras cosas), desmontaba toda la supuesta trama de financiación ilegal y corrupción de esta formación política. Causa sobreseída por no haber ni indicios ni fundamento. ¡Cuánto comercio de intereses y voluntades para prestarse a estos escarnios!

Y siendo muy graves estas actuaciones interesadas por parte de políticos, medios de comunicación y jueces, así de deleznable es también la falta de solidaridad por parte de los nuevos dirigentes, hoy SUMAR, que no han denunciado este complot y acoso destructivo del que han sido víctimas, al menos esa parte de su coalición, esos que además, han hecho posible su existencia hoy. Una estrategia inteligente podría haber sido, aprovecharse de ese sobreseimiento favorable. ¿O quizás no sea falta de visión negligente, sino perfectamente intencionada?

Más me creo esto último. Son muchos y muchas las que se han ‘pasado al otro bando’, al bando de que ‘hay que acabar con Podemos que son –un grano en el culo-‘. Cualquiera puede cambiar de criterio en su evolución, otra cosa es vender su posicionamiento. ¿Cuál es la oferta? ¿De dónde o de quien parte la estrategia? Pues evidentemente de aquellos a los que Podemos molesta y se benefician con su desaparición. Hace unos días Jesús Cintora en una charla decía “muchos creen que a mí me echó la derecha de la TV pública, y están equivocados, me echaron los que no les interesaba que yo dijera lo que decía, y ahí están los poderosos de detrás de los políticos, algunos medios (TV, prensa…), y políticos con capacidad de decisión, de izquierdas y de derechas’. Pues todos esos, son los mismos que se han juntado para definir la estrategia que pretende hacer desaparecer a Podemos. Pero claro, para eso han tenido que comprar a muchas de las consideradas hasta hace poco, amigas.

La elección de Yolanda Díaz como sucesora de Pablo Iglesias (por él mismo) fue uno más de sus errores, el más gordo hasta ahora. Alguien que venía del BNG me dijo hace tiempo ‘Yolanda no es de fiar, en Galicia la conocemos bien, ella solita se encargará de acabar con Podemos’, y mira tu que acertó: desde su ‘ascenso’ empezó a marcar distancias con Unidas Podemos partido por el que había sido elegida, después a ‘ningunear’ a sus principales dirigentes, a intentar imponer sus preferencias de candidatos (como en Andalucía, y ya vimos el descalabro), a dejar fuera de las listas a los activos de Podemos más reconocibles, a impedir que los/las diputadas electas (5) ocuparan cualquier tipo de portavocía que les visibilizara y, por último, a impedir que Ione Belarra e Irene Montero pudieran ser nombradas ministras. Nadie puede negar que se trata de un acoso decidido para opacar y acabar con Podemos. Todo esto a qué precio, ¿solo para ser vicepresidenta? Eso ya lo tenía seguro, es una operación demasiado complicada para una sola persona y demasiado ambiciosa solo por un beneficio personal: el objetivo último es hacer desaparecer a Podemos, la izquierda que representa SUMAR es perfectamente moldeable y una alternativa paralela, para los que no quieren votar al PSOE. Además, en la operación son cómplices necesarios todas/os aquellos, que no han sido pocos, quienes la han coreado, entre otras Ada Colau, hasta ahora íntima amiga de las dos exministras.

Ya nos iremos enterando de cual ha sido el precio de cada uno o una.

Aún así, quiero seguir creyendo que hay personas que no tienen precio, que su honestidad, integridad, lealtad con los que se han comprometido y su honradez están por encima de cualquier prebenda, carguito o dinero. El día que deje de creer esto, dejaré de creer en la raza humana.

Ahí están algunos como Alberto Garzón, que ha preferido apartarse del mercadeo y dimitir de todos sus cargos, entiendo que por dignidad y vergüenza.

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