Condenamos y denunciamos los ataques que nuestra Portavoz, Vanessa Millán, está sufriendo desde hace unos días por parte de la ultraderecha de Rivas, y cuyo último exponente es la publicación de un comentario en una cuenta anónima de Twitter en la que se le dice: “hija de la gran puta seguro que le comes la polla al sidoso ese, estas haciendo que ESPAÑA se vaya bien a la mierda, deja de tocarte el potorro y empieza a trabajar pedazo de mierda”. El comentario se escribe a raíz de un tuit original de nuestra portavoz en el que se dice: “Muchas gracias Pablo por seguir dejándote la piel. Vamos a seguir con toda la fuerza apoyándote desde nuestros municipios para que seas el próximo Presidente de la Comunidad de Madrid!”.

Podemos Rivas ha denunciado esta cuenta de Twitter, a pesar de que somos conscientes de la lentitud y la indignante indiferencia que los gestores de esa red social demuestran ante casos de este tipo. Y a pesar de que somos conscientes también de que tras el pseudónimo utilizado se esconde la ultraderecha, y que, con sus abundantes medios, aunque cierren esa cuenta abrirán otras, siempre anónimas, desde las que lanzar su odio hacia quienes ponemos en peligro su existencia.

Dejando a un lado el evidente analfabetismo de quien o quienes hayan ideado el tuit que denunciamos, llamamos la atención sobre el odio que destila. Un odio que sólo puede nacer de quienes ven cómo, tras una corta fase en que parecían ir ganando terreno, su audiencia y sus seguidores se reducen drásticamente. Que ven cómo, tras conseguir que la todavía Presidenta de la Comunidad de Madrid les tenga como únicos aliados, corren el riesgo, cada vez más evidente, de desaparecer del panorama político de la Comunidad.

Se trata de un odio que, en el caso de este comentario, se ceba especialmente en la condición de mujer de nuestra portavoz. Con la palabrería canalla propia de esa ultraderecha, busca ofender a nuestra portavoz no sólo en calidad de tal, sino, muy especialmente, de mujer. Les molesta que pueda tener protagonismo político una mujer que se siente orgullosa de su condición y la defiende. Tras este odio está la incomodidad de que cada vez más mujeres asuman la importancia de dejarse ver y de hacer sentir su presencia y su importancia en la sociedad sin dejarse marginar por el machismo, el institucional y el cotidiano. Ocurrió hace poco con el desaire machista de un diputado hacia la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, o con la marginación protocolaria, también reciente, de la presidenta de la Comisión Europea en un acto oficial. La actitud de las mujeres que sí defienden su papel en la sociedad, en pie de igualdad con los hombres, marca una gran diferencia con otras mujeres cuya aspiración política o vital es actuar con ese mismo machismo como bandera.

Hablamos de la ultraderecha, que también está presente en Rivas. En esta ciudad se esconden bajo los anónimos porque saben que Rivas es, muy mayoritariamente, una ciudad progresista que rechaza la esencia misma de esa ultraderecha, pero en la que ésta también existe y consigue a veces engañar a muchas personas, hasta el punto de darle una representación municipal.

Hablamos de la ultraderecha, que aunque en esta ciudad se ve obligada a aparentar unos modos menos feroces que en otros lugares, sigue sintiendo el mismo odio a todo lo que es diferente a ella y, desde luego, a todo lo que pone en peligro su discurso y su práctica.

Cuando una persona vota a la ultraderecha, cuando se acerca a una de sus mesas en la calle o cuando agita una de sus banderas, está diciendo y escribiendo todas y cada una de las palabras que hemos reproducido anteriormente. Pero, más aún, cuando una persona mira hacia otro lado al ver esas demostraciones de odio, cuando calla ante ellas, está permitiendo que la ultraderecha se crezca, que piense que la mayoría piensa como ella.

Podemos hace frente todos los días a ese odio. No nos preocupa en tanto que ataques a nosotras y nosotros, porque recibir ataques de la ultraderecha es el mejor síntoma de que lo estamos haciendo correctamente. Pero no aceptamos el silencio como respuesta, porque hay que señalar con el dedo a quienes son así de cobardes y matones. No sólo no nos van a callar, sino que nos hacen cada día más fuertes.

PODEMOS Rivas

 

 

 

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