Las fábricas de armas son las que sacan de la mayoría de las crisis a determinados países. Permanentemente están investigando sobre nuevas y más sofisticadas formas de matar (matar personas), son cada vez más eficaces en su cometido y más efectivas en cuanto a la cantidad de ‘objetivos eliminados’ de una sola vez.

La fabricación continua de más y nuevo armamento, la mayor parte del tiempo nos la ocultan, pero en ocasiones, cuando informaciones se filtran o cuando los países quieren hacer alarde de su arsenal, nos lo justifican diciéndonos que ‘solo es disuasorio’. Pero es falso, las armas se fabrican para ser utilizadas, hay que gastarlas como todos los productos de consumo y éste de alguna manera lo es; si no se consumen, sino se gastan, no habría razones para fabricar otras nuevas…, y se acabaría el negocio.

Según los expertos, hoy hay en el mundo tal cantidad de armamento acumulado, como para destruir el planeta hasta 400 veces.

Los grandes países, que son los principales fabricantes de armas, necesitan que haya permanentemente focos bélicos abiertos, a veces muchos pequeños y de vez en cuando uno considerablemente grande, donde se puedan exhibir los nuevos y sofisticados armamentos, como si fuera una pasarela de moda. Después todos querrán comprar el último modelo de misil, tanque, helicóptero, sistema de rastreo o detección… En eso consiste el negocio de la guerra. Los pequeños productores de armas, tampoco se quedan atrás, se apuntan al mismo carro, siempre que las grandes potencias les dejen.

En este momento son varios los conflictos medianos que se están librando en el mundo: centro África y Asia principalmente.

Pero hay dos que se atisban como ‘suculentos’ para los intereses económico- belicistas y estratégicos de las grandes potencias: OTAN/Ucrania y Marruecos/Argelia. Aunque, en ninguno de los dos, los ‘tramoyistas’ son los que aparecen, realmente los conflictos a quienes interesan es a EEUU principalmente y a Rusia.

Parece inconcebible que, en el siglo XXI, donde parecería que los países son ‘adultos’, donde la razón tendría que prevalecer ante cualquier otro argumento, los negociadores sean incapaces de llegar a soluciones de consenso, sin necesidad de destruirnos.

Pero más inconcebible es todavía, que las ansias expansionistas o posicionamientos de control del mundo, entre Estados Unidos y Rusia, vengan a dirimirlos aquí, al centro de Europa. Así como que la Unión Europea, sea incapaz de hacer valer su historia, su madurez y sus intereses no belicistas.

La razón de que exista la OTAN no es otra que ‘mantener a raya a los rusos’ después de la 2ª Guerra Mundial. Con la caída del ‘muro de Berlín’ dejó de tener sentido. Sobre todo, después de los acuerdos con Mijail Gorbachov, en los que unos y otros se comprometían a respetar las fronteras y las áreas de influencia establecidas. Por parte de EEUU (y su área de influencia: Europa), a no integrar en la UE a los países de la antigua Unión Soviética (por aquello del equilibrio geoestratégico). En los últimos años, la OTAN ha estado a punto de desaparecer, a Trump ya no le interesaba, anunció incluso la retirada de los americanos. Pero ahora con el ‘bueno’ de Baidem, parece que EEUU quiere recuperar su poder hegemónico en el mundo, aunque ya no estamos en el mismo tiempo: China es una superpotencia que no consentirá ninguna supremacía de los yankees. Rusia no está dispuesta a dejarse amilanar por nadie. Luego hay otras potencias emergentes como Brasil, India, etc., que tendrían mucho que decir.

Europa no quiere la guerra y los europeos (ciudadanos) menos aún, a pesar de la proliferación de la ultraderecha salvapatrias y anticomunista (aunque los rusos no sean comunistas ya).

En el tiempo de Gorbachov, Rusia y EEUU (la OTAN donde se integra la UE) firmaron un acuerdo de no alterar las áreas de influencia de las dos superpotencias, pero desde entonces, la Unión de los 9 ha pasado a la de los 29 y todos los nuevos, países enteros o segregados de otros, de los que se consideraba dentro del área de influencia rusa. También los antiguos Soviéticos se han ido posicionando o anexionando pequeños países de los integrantes de la antigua Unión Soviética. Pero ahora ha llegado la pelea por Ucrania, un país enorme (casi media Europa), rico en recursos y en los albores de su desarrollo, muy apetecible estratégicamente para asegurar el control de los rusos y, desde la perspectiva del negocio para los fondos buitre.

Esto quiere decir que las razones no se corresponden con los intereses de los ciudadanos europeos, sino con los intereses de expansionismo y control de EEUU, y con los económicos de sus insaciables fondos inversores.

Algo parecido ocurre en el norte de África, en el Magreb: zona inmensamente rica en materias primas estratégicas, también en pesquerías y toda pendiente de explotar industrialmente y para el consumo. Además de un conflicto de ocupación y represión en el Sahara Occidental, ocultado primero por España, potencia administradora y luego por toda la comunidad internacional. Y otro latente entre Argelia y Marruecos, este último alentado por EEUU e Israel.

En España estamos rodeados y, tanto en el primer caso como en este segundo, si estallara una o sendas guerras, seríamos de los más perjudicados.

Ni nosotros ni ningún trabajador del mundo quiere la guerra. “las guerras son conflictos en los que no se ponen de acuerdo los poderosos y mandan a los ciudadanos que se maten por ello y por ellos”.

¡No a la guerra!

JuanM del Castillo