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OPINIÓN

Javier Tabarés, activista por la sanidad y la educación públicas.

Memorias por China de un bajista afortunado (Epílogo): Hong Kong-Beijing-Rivas

Última entrega de las crónicas por el gigante asiático de Javier Tabarés

Con varios días ya en Rivas a mis espaldas, la pregunta que más he respondido a mi gente ha sido la consabida: ¿qué tal por China y qué es lo que más te ha gustado? Para ello, he elaborado varias respuestas con el objetivo de resumirlas.

A la primera diré que lo mejor del viaje a China han sido los propios chinos, como digo en broma, los 1400 millones de chinos: una población a la que tenía estereotipada por los bazares de aquí, pero que no tiene nada que ver con lo vivido allí. He visto una población alegre, con ganas de disfrutar de la vida, trabajadora, ávida de conocimiento, ordenada, viviendo en ciudades limpias y no contaminadas.

Además, perciben claramente quiénes son y saben que, en breve, serán la primera potencia mundial. Intuyo que dotarán al planeta de unas reglas muy distintas, y, en mi opinión, mejores, que las que los actuales “matones de colegio” intentan imponer.

Como este último capítulo iba a tratar de reflexiones, consideraciones y consejos útiles, ahí va el primero: si viajas a China, hazlo con personas que enriquezcan y aporten en positivo a la experiencia conjunta. Conviene evitar perfiles cerrados, «cuñaos» negacionistas o «fachas» con los que no hay debate posible, porque solo generan ruido y pérdida de tiempo.

En mi caso, el grupo con el que viajé permitió debates interesantes de los que he aprendido mucho. No puedo dejar de señalar que viajar con este grupo mejoró la experiencia de forma incalculable. Gracias a los Pedros, Mari Joses, Gabi, Cristina, Tofi, Emma, Galisteo y Amparo, con quienes conviví durante los 30 días de estancia, y también a Eloyna, Enrique, Laurentino, Josep y Leo, con quienes compartí menos tiempo pero igualmente muy provechoso.

Primero, unas recomendaciones al viajar a China

No viene mal desempolvar el inglés, ya que será útil en hoteles, algunas tiendas, venta de billetes y con estudiantes que se acerquen a practicarlo. Con el resto de la población utilizarás traductores en el móvil, y los usarás mucho. Por suerte, la población china suele mostrarse muy dispuesta a ayudar utilizando estos medios.

En cuanto a trámites y controles aduaneros, son similares a los de cualquier país: rellenar impresos, control facial, huellas y pasaporte en regla con al menos seis meses de validez.

Es importante comprobar si tu teléfono permite instalar una tarjeta eSIM, lo que facilita el uso de una VPN para acceder a Google, redes sociales y otros servicios. En ese caso, puedes contratar servicios como Holafly. Si tu móvil no admite eSIM, deberás instalar una VPN antes de viajar (por unos 2 € diarios); LetsVPN es una buena opción. Además, al llegar a China es recomendable disponer de una tarjeta con número de teléfono chino, que pueden facilitarte en el aeropuerto. WhatsApp queda en segundo plano frente a WeChat.

El móvil debe ir siempre contigo: lo necesitarás para pagar, traducir, orientarte o por supuesto fotografiar todo lo que vivas si te interesa la fotografía.

En el otro bolsillo, el pasaporte, imprescindible para vuelos, entradas a museos, compra de billetes internos y controles.

Es recomendable organizar el viaje por cuenta propia para poder improvisar y adaptarte a lo que más te interese en cada momento.

Conviene visitar tanto grandes ciudades como zonas rurales, para conocer la China actual en toda su diversidad. El tren de alta velocidad es una excelente opción para desplazamientos largos, complementado con coches o autobuses.

En cuanto a pagos, la mayoría se realizan mediante aplicaciones móviles, especialmente Alipay. También se utiliza WeChat y, en general, se acepta efectivo y tarjeta.

Los taxis son muy económicos, casi al nivel de un viaje en metro.

Las motos eléctricas dominan la movilidad urbana. Circulan por calzada y aceras junto a peatones y bicicletas, y la convivencia entre todos es sorprendentemente fluida.

La señalización y la cartelería por la calle suele estar en chino y también en inglés.

El metro en las grandes ciudades es amplio y eficiente. Es importante fijarse bien en la dirección de las líneas y, sobre todo, en la salida correcta, ya que algunas estaciones tienen accesos separados por largas distancias subterráneas.

Para taxis o VTC, la aplicación más utilizada y eficiente es DiDi.

Consideraciones y percepciones finales

Estoy convencido de que, si no hubiese asistido aquel día (gracias al Ateneo Republicano de Rivas) a la charla de Pedro Barragán sobre su libro ¿Por qué China está ganando?, no habría realizado este viaje.

No he visto personas pidiendo en la calle. Según lo que he podido conocer, la pobreza extrema ha sido erradicada.

Las ciudades son limpias y con baja contaminación. En Pekín, por ejemplo, era difícil encontrar coches de combustión: la inmensa mayoría son eléctricos, lo que reduce tanto la contaminación atmosférica como la acústica. Hong Kong y Macao son una excepción: más occidentalizadas y también más caras.

Feminismo

No ha avanzado posiblemente tanto como en Occidente, en parte por el peso de tradiciones que relegaban a las mujeres al ámbito doméstico. No obstante, se observan avances progresivos.

En política, por ejemplo, la representación femenina es similar a la occidental: alrededor del 25 % en la Asamblea Popular, sin presencia en el Politburó. La juventud y el movimiento feminista están impulsando cambios importantes.

Seguridad

No se perciben los niveles de inseguridad habituales en otros contextos. Se puede transitar de noche con tranquilidad en ciudades y pueblos. Esto parece ligado a la educación y la cultura cívica.

Aspectos negativos

El consumo de tabaco es muy elevado, incluso en espacios cerrados. Resulta llamativo en un país que muestra gran control en otros aspectos cotidianos, como la supervisión del uso del cinturón de seguridad en los autobuses.

La policía no va armada, lo que contrasta con la imagen habitual transmitida desde Occidente.

La población muestra una gran disposición a ayudar, tanto a locales como a turistas, muchas veces incluso desviándose de su camino.

Claves para entender China

No es recomendable analizar China con parámetros occidentales. Se trata de una cultura milenaria con una filosofía propia. Combina elementos del confucianismo y comunismo, lo que la hace diferente al resto del mundo. Hay mucho que aprender, aunque no todo sea trasladable a otros contextos.

Mirada al futuro y política internacional

Desde mi experiencia, China se encamina a convertirse en la primera potencia mundial en torno a 2048. Es una idea presente en su sociedad.

En política internacional, actúa con prudencia, sin decisiones impulsivas ni gestos de cara a la galería. Su estrategia se basa en la planificación, la cautela y la diplomacia.

A diferencia de Estados Unidos, no dispone de una amplia red de 800 bases militares globales ni ha destinado cifras comparables al gasto militar. Su apuesta principal es el desarrollo tecnológico y la formación de su población.

En conflictos internacionales, plantea soluciones basadas en negociación y estabilidad, evitando la confrontación directa.

China no busca el enfrentamiento verbal con Estados Unidos, entre otras razones por su estrategia a largo plazo. Existe la percepción de que el equilibrio global cambiará con el tiempo a favor de China.

En cuanto a Europa, considero que su desarrollo futuro pasa por mirar también hacia Oriente. La relación con Estados Unidos, en mi opinión, no se plantea en términos de igualdad: aranceles e intentos de humillación, es lo que ha imperado últimamente.

Y ya cierro.

Agradezco a Zarabanda la oportunidad de compartir esta experiencia. He intentado transmitir sensaciones, recuerdos y reflexiones. Si alguna de ellas sirve para conocer mejor China, el objetivo está cumplido.

Termino con una idea inspiradora del actor André de Shields: avanzar despacio permite llegar más lejos, y cada cima alcanzada es solo el comienzo de la siguiente. Por eso, hay que seguir subiendo.

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