Hoy me he despertado quisquilloso, un poco rebelde e incrédulo. Mientras desayuno, observo las noticias y veo que los contagios suben cada vez más aunque la gente está, prácticamente, casi toda vacunada. Somos el País que más vacunas pone, pero aún así, si queremos reunirnos toda la familia, hemos de hacernos las pruebas de antígenos para saber si tenemos el virus. No lo entiendo. Aunque sé que puedo contagiar y contagiarme aunque esté vacunado, ¿por qué tengo que hacerme una PCR o prueba de antígenos para poder estar junto a otras personas que también, como yo, están vacunadas?, ¿sirve de algo la vacuna? No quiero aparentar ser un negacionista, nada de eso, pero estoy un poco mosca. Ahora resulta que, después de la tercera dosis, vendrá una cuarta y que, probablemente tendremos que vacunarnos así cada 6 meses; eso sí, entre medias habrá que hacerse las consabidas pruebas de antígenos sin existencias en la farmacias las gratuitas, pero sí existirán si las pagas. ¿No será todo esto un negocio?, ¿o una sinrazón de los poderes públicos?

Hay cientos de argumentos y razones que demuestran el fracaso del Estado y de las Comunidades Autónomas para afirmar que España no funciona. El fracaso es especialmente evidente en la sanidad y la educación (pilares principales de todo País), pero también es visible en la justicia, los transportes y hasta en defensa. El pueblo, en general, empieza a darse cuenta de que el Estado es el causante de muchos de sus problemas y el principal obstáculo que impide una sociedad más justa y avanzada. Los únicos que defienden abiertamente al Estado, son los que la ordeñan y viven descaradamente de sus privilegios y dinero. Hace tiempo que denuncio, que nuestros políticos, en una gran mayoría, sólo sirven a los intereses de partidos políticos, a su ideología, no se hacen planes a largo plazo, eluden los verdaderos problemas, se expolia al ciudadano y empresas con impuestos abusivos (sobre todo a las pequeñas y autónomos), no se cuida la calidad de los servicios más necesarios, se desprotege a los humildes, no saben crear otro empleo que no sea público. Son incapaces de bajar el número de parados en menos de 3MM. Después de más de 40 años de democracia, esta es la asignatura pendiente, pues las promesas electorales se repiten siempre en este sentido con el resultado que todos sabemos. Se despilfarra, se endeuda sin freno (ahí están los datos). España se ha convertido en una maquinaria en manos de los partidos políticos, constantemente saqueada por una casta de políticos mediocres, corruptos y pervertidos que tienen que rodearse, escandalosamente, de asesores y cargos de confianza a costa de los impuestos de los ciudadanos. Se puede afirmar que el  Estado no funciona y es un desastre.

Hay decenas de razones que explican por qué el Estado fracasa. La primera es que los políticos no se someten al deber de servir al ciudadano, que es el cliente. Ellos dicen que «sirven al Estado», pero es lo mismo que no servir a nadie. En la empresa privada ocurre lo contrario: las empresas sobreviven gracias al servicio que prestan a sus clientes.
Los empleados privados trabajan para conseguir resultados, mientras que los políticos lo hacen para agradar a sus jefes y subir en el escalafón. El objetivo principal suele ser gastar todo el dinero posible para poder decir que el año siguiente necesitan más. El ahorro de dinero y recursos carece de sentido en el Estado, cuando debería ser vital.

La empresa privada tiene que rendir cuentas, pero el Estado no. Las sesiones del Congreso para debatir sobre el estado de la Nación, sirven únicamente para insultarse, ver quien tiene el chascarrillo más gracioso, y echar mierda y desacreditar al oponente político con ausencia de debate sobre lo que realmente importa. En la privada, quien no desarrolla bien su trabajo es despedido; aquí, no sólo carece de responsabilidades, sino que se le asigna otro puesto de responsabilidad en otra empresa pública. El Estado es moralmente inicuo porque sus dinámicas son inicuas. Basta echar una mirada a la vida real: una cama de hospital o un pupitre en las escuelas y universidades, cuesta en el sector público entre dos y seis veces lo que cuesta en el sector privado, con el agravante de que, en el privado, suele ser de más calidad. Las autopistas de pago, quieren que sigan siendo de pago aunque haya caducado su concesión,  porque son incapaces de gestionar su mantenimiento pues habría que destinar recursos económicos para ello. Prefieren que todos sigamos pagando por utilizarlas y que la empresa privada se encargue.

Nos acribillan con mentiras como que la Justicia es igual para todos, o que la Sanidad pública trata a todos por igual, cuando todos sabemos que lo primero no es cierto, que los políticos están atiborrados de privilegios que no merecen, y que los hospitales públicos tienen espacios reservados para políticos y amigos millonarios que se saltan las colas para la cirugía y todo lo demás. El embrión de Podemos era una rebeldía sana contra aquélla España injusta, indolente e indecente que se precipitaba en la decadencia y el fracaso. En sus inicios, Podemos fue un movimiento espontáneo y fresco que ocupó los espacios públicos con sus acampadas y que despertaba la ilusión de millones de españoles,  cansados de soportar a partidos políticos corrompidos y a mentirosos, sinvergüenzas y miserables en el poder. La gente llevaba regalos a aquéllos jóvenes indignados, de los que esperaba un nuevo enfoque para España, maltratada por los dos partidos que intercambiaban el poder: PSOE y PP. Pero… ¡Ay!,  ya se sabe: el poder corrompe.

Bueno, ya me he desfogado un poco. Espero que este cabreo matutino se me pase rápido. Feliz año a tod@s.

Miguel F. Canser

www.cansermiguel.blogspot.com