Cada día detectamos en nosotros el impacto emocional de los hechos de la vida personal y social. Este tejido emocional es de una riqueza variable pero normalmente intensa y estrechamente relacionada con las otras dimensiones de la persona.  Según sean  los casos, las historias y las circunstancias, predominan los perfiles psicológicos de carácter netamente afectivo, voluntarista o pasivo-inerte, racionalista, etc.

Todos ellos guardan una estrecha relación entre sí. La esfera emocional impregna toda la estructura psicológica de la personalidad y la colorea de modo determinante. En otro artículo paralelo y complementario a este he intentado mostrar la conexión íntima que  existe entre el lenguaje, la gramática y la vida y cómo mutuamente se implican y enriquecen.

En esta mutua implicación gozan de  una clara ventaja  los verbos en infinitivo porque  encierran la entereza, la complejidad y el dinamismo directo de la acción en cualquiera de sus formas y expresiones, sea exterior o interior, circunstancial o sustancial.

De estos verbos en infinitivo ponía yo en mi artículo un puñado de ejemplos para su posible comentario y desarrollo, y su relación cálida con la vida. Eran estos, entre otros: saber, hablar, hacer, resistir, crecer, aprender, guardar, sermonear, estimar, competir, trascender, vislumbrar, soñar, consensuar, trepar, elucubrar, ahorrar, dilapidar, mentir, alumbrar..

Podrían ser miles, casi infinitos. De su implicación reflexiva en la realidad surgirá sin duda un crecimiento enriquecido de ambas: de la realidad y su percepción, y de la práctica  del lenguaje.

Para disipar cualquier sombra de “idealismo gramatical” nos basta contemplar el paisaje social y los tipos psicológicos variados que lo habitan y que nacen de conjugar selectivamente esos  que designamos verbos en infinitivo. Un  arbolado fértil y umbroso junto al que se nutren y crecen los más diversos perfiles de ciudadanos: trepadores, aventureros, oportunistas, contemplativos, voluntarios de la solidaridad, cuidadores, egocéntricos superdotados, aprendices humildes, violentos sutiles, frívolos, poetas…

Un panorama para la reflexión y el aprendizaje, para la síntesis cálida entre la literatura y la vida.

                                                                                                              Santiago S. Torrado