El cómico regresa al auditorio recreando al dictador italiano: “Compartimos cierta similitud física y un talento innato para el histrionismo” (viernes 19, 20.00).

Leo Bassi, reconvertido en dictador fascista, en ‘Yo, Mussolini’.

VIERNES 19 NOVIEMBRE / 20.00. Auditorio Pilar Bardem. 11 euros.

  • Compra: web entradas.rivasciudad.es y taquilla auditorio (jueves y viernes, de 18.00 a 20.00 y días con función desde una hora antes).

Reconocido mundialmente por sus extravagantes actuaciones teatrales y sus innumerables acciones provocadoras, Leo Bassi (Nueva York, 1952) regresa al auditorio Pilar Bardem para reencarnarse en el dictador fascista italiano: ‘Yo, Mussolini’ es una obra divertida, concebida e interpretada por el cómico italiano. “Está pensada para generar optimismo y dar al público que sale del teatro ganas de resistir. O mejor: ¡risistir! con inteligencia a la intolerancia. Mezclando el chiste y la provocación con una reflexión profunda sobre la manipulación política, propone la risa y el pensamiento positivo como antídoto contra el fascismo”, explica el autor.

Desciende de un antiguo linaje de comediantes excéntricos y payasos circenses venidos de Italia, Francia, Inglaterra, Austria y Polonia que ha actuado durante 170 años ininterrumpidamente, el público ripense ya conoce a Bassi. Estuvo, por ejemplo, en el auditorio con ‘El último bufón’ en abril de 2019. Entonces dijo en una entrevista en esta revista: “Soy un dinosaurio, un animal extinto en los tiempos de las pantallas, internet y las redes sociales. Soy un recuerdo del pasado. Sin embargo, creo que, precisamente, es necesario recordar al público, en general, y a los jóvenes, en especial, la misión del bufón”.

Con su nuevo espectáculo, Bassi proclama: “Si vuelve el fascismo hay que dejarlo en manos de verdaderos profesionales”. Y añade: “El auge de la vieja ideología fascista en el día de hoy, en muchos países, es un desafío directo a mi alma de bufón irreverente. Sentí una necesidad visceral de buscar las contradicciones en su retórica y divertirme con las consecuencias. Así fue como me surgió la idea de encarnar el personaje más emblemático del fascismo: Benito Mussolini”.

El cómico confiesa que llevaba años queriendo secretamente ser Il Duce: “Compartíamos tanto una cierta similitud física como un auténtico talento innato para el histrionismo”. Cuando se puso el uniforme y las botas, “fue mágico”. Se sintió a gusto: “E inmediatamente anhelaba gobernar un imperio y tener una multitud en delirio con cada uno de mis discursos. Pasé días mirando vídeos de sus mítines, pero, con el tiempo, esta dimensión teatral acabó en segundo plano”. Y empezó a fijarse en las circunstancias de sus discursos, “en la gente en los balcones mientras arengaba a las masas, en el papel de la Iglesia, de los grandes industrialistas, de los publicistas, de los artistas de talento que trabajaban la nueva estética fascista, quienes fomentaron el apoyo masivo del pueblo italiano”.

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