Comienzo de nuevo a caminar ¿un nuevo sendero?, ¿o acaso estoy desandando otro anterior? (Estamos, todos, labrando un nuevo camino ¡no nos queda otra!). ¿Migas de pan?, ¿carrete de hilo?, ¿para qué?, inútil, no hay vuelta atrás…, no la habrá. (No mires hacia delante, y mucho menos hacia atrás, no escuches, no hables…) 

  • ¿Sabes lo que eso significa?  — Yo tampoco,
  • Pero me entiendes ¿no es así?

Ciertamente, no me importa en lo que creas, ni siquiera me importa en lo que yo mismo crea y es posible que te haga llorar cuando te susurre que a nadie le importa que tú y yo hayamos nacido. Por eso te aprecio —al menos eso pienso, aunque no estoy seguro—, porque no eres nadie, exactamente como yo. Tú y yo somos NADA. Por eso no pienso luchar (bajaré los brazos), no pienso volar a través de la tormenta, no miraré desafiante a nadie ni me uniré a causa alguna, aunque tampoco bajaré la mirada. Fijé un punto en el horizonte y hacia allá me dirijo, ¿me acompañas? No tengo objetivos ni los quiero tener; no hay motivos… Pero la vida sigue y si no nos movemos estamos muertos… muertos de nuevo… Camina, camina, camina… (No sería oportuno volver a ese agujero porque acabamos de resucitar.)

Me agobian los compromisos. No puedo garantizarte nada, pero si me dejas, apoyaré mi cabeza en tu hombro… y permitiré que apoyes la tuya en el mío. Y caminaremos juntos.

Hay sangre en el suelo, hay sangre entre la hierba, y debe ser mía…

Hades Gaudó

 Nota a pie de página: Como quiera que este espacio es reducido, tengo que restringir los ruegos habituales para que desde Europa se tomen medidas efectivas para ayudar a los refugiados. No solamente a los ucranianos, sino también a los africanos, subsaharianos o magrebíes, o a los afganos o sirios (ya olvidados), a todos lo que sufren. A pesar de los graves problemas que ahora tenemos “a las puertas de casa”, por la maldita guerra de Ucrania, o “en casa propia”, por causa del Covid-19 y su última variante Ómicron, el “coronavirus” dichoso, e incluso nuevas amenazas como la gripe aviar o la viruela del mono, en Europa y en España no cejamos en el empeño: seguimos cerrando fronteras; continuamos levantando barreras, unas de espino y otras de papel, algunas —mucho peor— de acero invisible, barricadas custodiadas por cíclopes y dragones (malditas leyes e ideologías). Cientos, miles de muros y vallas siguen elevándose hacia los cielos en todo el mundo…. Cientos de miles, millones de personas, continúan sin poder ejercer uno de los derechos elementales del ser humano. Lejos de resolverse, la situación se agrava cada día más ¿Quién ha dicho que tenemos derecho a levantar vallas y a cerrar fronteras? ¿a quienes queremos engañar?

Y no queremos terminar sin volver a recordar un asunto puntual importantísimo para ayudar en España como es el de solucionar de una vez por todas la insoportable la situación española en el asunto de los  desahucios: cientos, miles de familias quedan en la calle porque la legislación española no soluciona la gran estafa que la Banca ha propiciado en las últimas décadas; auténtico pillaje que está dinamitando la cohesión social. A pesar de la grave situación actual, tampoco eso cambia y sigue su curso exactamente igual que hace unos meses. La Banca es implacable…

 Y todo eso hay que hacerlo dejando aparte cualquier tipo de consideración ética y/o moral dejando de lado las ideologías, las creencias religiosas y las consideraciones económicas…, eso hay que hacerlo  simplemente PORQUE ES LO CORRECTO.