Una oscura sombra se cierne sobre Rivas, y las calles de esta ciudad amanecen un día profanadas con bolardos rojos y oscuras “cucarachas” que no solo estropean el idílico paisaje de nuestra ciudad, sino que se han convertido en un símbolo de represión y autoritarismo.  Ya no hay libertad, ahora el ayuntamiento impone: debes ir en bicicleta, obedece. Y, si no te gusta, ya te acostumbrarás; tragarás, es lo que toca, es lo que te conviene.

Los atascos siempre han sido una de las situaciones más estresantes para el ser humano, porque al discurrir el tiempo de forma tan lenta y apesadumbrada, generan la situación perfecta para que la víctima reflexione sobre su infortunio y sufra con mucha mayor consciencia cada segundo de su tormento. Los ciudadanos de Rivas que se ven atrapados en sus coches cada día, no pueden sino indignarse por el tiempo perdido, arder de rabia y retorcerse de ira mientras recuerdan como anteriormente esto no ocurría;  y así, angustiados y nerviosos miran a su alrededor tratando de evadirse de una situación tan molesta como es el perder horas de vida por una causa tan absurda. En esta actitud de huida, dirigen la vista hacia los lados y encuentran a su izquierda un carril bici culpable y vacío, por el que nadie transita a esas horas de la mañana, por el que podría discurrir la vida con normalidad. Y ahí queda, burlón, casi como si se riese del conductor, un carril bici solitario que a modo de broma permanece silencioso, como la oportunidad desaprovechada de lo evidente.  

Cuántas veces con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al mismo diablo. No se puede justificar toda clase de brutalidad urbanística amparada bajo el manto de una ecología mal aplicada. No se puede pretender que la gente vaya a trabajar a Madrid en bicicleta, o que atraviesen la ciudad pedaleando a las ocho de la mañana en pleno invierno, con el carril bici empapado y repleto de hojas. No se puede perseguir una quimera sin pararse a pensar en la realidad de nuestro municipio. Es normal que los ciudadanos estén descontentos, y cada vez lo estarán más, pues la chapuza que ha impuesto el ayuntamiento para tratar de mejorar el medio ambiente, no solo exaspera, sino que, además, no funciona. 

Illán de la Fuente

Portavoz de la Plataforma por la Movilidad