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OPINIÓN

¿La huelga de los egos?

Artículo de opinión de la docente ripense Tania Darriba

Las docentes llevamos muchos años denunciando lo que ocurre en la educación pública, muchos. Nadie nos escucha. Nadie nos atiende. Nadie nos ayuda. Y, todo esto, perjudica a nuestras alumnas y alumnos. Y no vamos a seguir permitiéndolo.

Los sindicatos de la educación madrileña también proclaman que la escuela pública atraviesa una situación límite. Hablan de emergencia educativa, de deterioro de las condiciones laborales y de un sistema al borde del colapso. Sin embargo, cuando llega el momento de actuar, ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo entre ellos (veremos si fructifica, al menos, la buena iniciativa de CCOO de pedir reunión a Menos Lectivas para coordinarse). Porque, sino, lo que hay sobre la mesa es que cada sigla anuncia su propia fecha, su propio calendario y su propia estrategia. Mucha indignación compartida, pero ninguna unidad. Así no se escucha, no se atiende, no se ayuda.

La contradicción sería monumental. Quienes exigen a la Administración capacidad de negociación y consenso exhiben una incapacidad absoluta para practicarlo en su propio campo. Si varias organizaciones sostienen que los problemas son los mismos, ¿qué explicaría que no puedan convocar una movilización conjunta? La respuesta parece incómoda, y clara, pesa más la lucha por el protagonismo que la defensa efectiva y real de las y los docentes.

El espectáculo resultaría desolador y vergonzoso. Mientras las y los profesores esperamos una respuesta firme y coordinada, los sindicatos estarían compitiendo por liderar el conflicto. Mientras las familias intentan entender qué ocurre, reciben mensajes distintos según quién los emita. Y mientras tanto, la Administración asiste a la división de sus adversarios con una tranquilidad que no tendría un frente común. Ganan. Pero, nos seguimos olvidando de las y los protagonistas perjudicados: nuestras niñas y niños.

Una huelga indefinida pretende transmitir fuerza. Pero cuando nace entre discrepancias, rivalidades y cálculos de siglas, transmite exactamente lo contrario, debilidad. Lo que debería ser una demostración de poder colectivo acaba pareciendo una pelea por el control del micrófono.

Aun así, nosotras seguimos, porque creemos que la fuerza, la clase y la lucha sale de las calles, de los centros y de las familias.

La educación pública tiene problemas reales y merece ser defendida con seriedad. Lo que no merece es convertirse en el escenario de una competición sindical permanente. Porque cuando los representantes son incapaces de ponerse de acuerdo ni siquiera para convocar una protesta, la pregunta deja de ser qué está fallando en la educación madrileña. La pregunta pasa a ser qué está fallando en quienes dicen representarla.

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