Esteban Cabal, Fernando Cabal y Ana Ors se propusieron algo complicado: recoger en unas cuantas páginas las ideas, las palabras y las imágenes que nacieron para desafiar su tiempo. El resultado es un libro titulado ‘Historia gráfica de la contracultura’, una cronología gráfica, que abarca desde 1931 hasta 2025 y que incluye 1.000 fotografías, más de 2.000 textos breves, 17 artículos de autor y una extensa bibliografía.
Entre sus páginas aparece la Beat Generation de los 50, los hippies de los 60, el mayo del 68 o la Freak Culture de los 70, pero también movimientos que han removido la historia contemporánea como el 15M español.
El pasado mayo, los autores presentaron en Covibar este viaje visual y textual por la Contracultura estatal e internacional. Para bucear entre sus páginas, entrevistamos a Esteban Cabal, periodista activista social y político y concejal de Rivas Vaciamadrid por Los Verdes entre 1991 y 1995.
–El término contracultura lo acuñó Theodore Roszak en 1968. Sin embargo, vosotros comenzáis el libro en 1931, ¿por qué?
-La contracultura es tan antigua como la cultura, aunque Roszak inventó el término en 1968, en su libro «El nacimiento de una contracultura», que no se publicó en castellano hasta 1984. “Historia gráfica de la contracultura” es una cronología con mil fotografías icónicas, difícilmente podríamos documentarla gráficamente si nos remontáramos a la edad de piedra. Elegimos iniciar esta cronología en el año de la proclamación de la II República porque ese acontecimiento simboliza el triunfo de los valores contraculturales en un hito histórico que nos concierne. Los autores no lo vivimos, pero los valores republicanos marcaron de forma indeleble nuestra generación.
-¿Qué elementos debe tener un movimiento contracultural para que sea tal?
-En un sentido amplio, la contracultura es un movimiento cultural (social, político, artístico, filosófico, estético, espiritual…) que se opone a la cultura imperante. Así entendido, podríamos etiquetar como contracultural el romanticismo surgido a finales del siglo XVIII en Alemania y el Reino Unido como reacción contra la ilustración, el neoclasicismo y la revolución industrial. Otorgaba preponderancia liberalizante y empoderadora a las emociones, a los sentimientos y la libertad individual, reprimida hasta entonces por los viejos dogmas religiosos, retrógrados y autoritarios.
Otro ejemplo de contracultura, de rebelión contra el encorsetado modo de pensar dominante y los modos de vida convencionales, lo encontraremos en La Bohemia, un desplante contra los valores y las normas burguesas que cuajó a finales del siglo XIX y principios del siglo XX en Paris, entre intelectuales y artistas de vanguardia, y se extendió por todo occidente.

– ¿Los movimientos contraculturales han de ser necesariamente minoritarios?
-Todo movimiento contracultural es, por definición, minoritario en sus orígenes. Pero a veces puede llegar a ser mayoritario y hegemónico porque consigue impregnar con éxito a la sociedad. Cuando eso sucede, la contracultura se convierte en la cultura dominante y, consecuentemente, deja de ser contracultura. El pacifismo, el antiesclavismo, el anticolonialismo, el feminismo, el ecologismo, o el antiracismo nacieron como movimientos sociales opuestos a la cultura dominante. Hoy podemos decir que representan valores socialmente aceptados.
-Hay movimientos contraculturales que se han mitificado, como el movimiento hippie. Incluso, se trata a veces de manera despectiva, ¿lograron verdaderamente cambiar algo esta generación de jóvenes?
-Por supuesto. Los hippies tenían un componente pacifista, anticonformista, anticonsumista, a favor de lo lúdico y de la libertad sexual y en contra del ‘establishment’ y el ‘statu quo’. Nuestra generación es heredera de aquellos valores que abanderaron los hippies de los años sesenta.
-En los últimos años se ha cuestionado mucho la Movida madrileña como verdadero movimiento contracultural, ¿cuál es su opinión?
-La llamada Movida madrileña fue un momento de eclosión contracultural, de libertad y creatividad necesaria e inevitable después de 40 años de dictadura fascista en los que todo estaba prohibido y el régimen autárquico cerraba las fronteras al arte, a la intelectualidad y la cultura extranjera. Vivíamos en una burbuja gris, fría, inhóspita, que rendía culto a la ignorancia y el sufrimiento, el “valle de lágrimas” del relato eclesiástico. Madrid no solo arrebató la capitalidad cultural española a la cosmopolita Barcelona, que se enrocó en el nacionalismo catalanista de “mirarse el ombligo”, sino que se convirtió en la capital cultural de Europa, que era la verdadera vocación de los madrileños con valores republicanos.
-¿Cuál cree que es, en el caso español, el movimiento contracultural más transformador?
-Tal vez el movimiento libertario, radicalmente anticapitalista, antiautoritario y antipatriarcal, que antepone la cooperación a la competencia, la calidad de vida al nivel de vida medido por el consumo; que promueve la autogestión y el apoyo mutuo. Las ideas anarquistas conforman un modo de vida y han calado en España más que en ningún otro país, forman parte de nuestra identidad y nuestra idiosincrasia.
-A veces, la contracultura pasa a ser cultura de masas, ¿cómo es ese proceso?
– Ya lo expliqué antes pero lo amplío. Entre 1991 y 1995 yo fui concejal en Rivas Vaciamadrid por Los Verdes, el primer concejal verde elegido en la Comunidad de Madrid. En esos años Los Verdes cuestionábamos el modelo económico, decíamos que el desarrollo sostenible era un imperativo para la supervivencia, y nos tomaban por locos o marginales. Hoy el desarrollo sostenible se ha convertido en un dogma de fe para las instituciones políticas de Europa y del mundo. Pero eso no significa que hayamos ganado, la cultura ecologista puede ser hegemónica, pero la realidad nos dice que lamentablemente el ritmo de destrucción de la biodiversidad sigue siendo muy superior al ritmo de las políticas de protección medioambiental. El capitalismo es incompatible con la protección ambiental como lo es con los derechos humanos.
-¿Puede haber figuras de la contracultura a las que vean millones de personas? ¿Eso es un “fallo del sistema” o el triunfo de la contracultura?
– No, es el triunfo de la mercantilización capitalista. El capitalismo está diseñado para absorber y asimilar comercialmente cualquier disidencia. El Punk por ejemplo nació en los 70 para oponerse a la comercialización del Rock, pero el capitalismo no tardó en sacar tajada de la estética punk y el mundo se llenó de celebrities con cresta, cueros y tatuajes. En los 60, la moda hippie dio lugar a espectáculos como ‘Hair’, un musical tipo ‘Jesucristo Superestar’ cuyos protagonistas eran todos hippies floreados y semidesnudos. También el Che Guevara o Gandhi han sido convertidos en iconos mercantiles. No podemos evitarlo.
-En las últimas páginas de su libro aparecen referencias como Traficantes de Sueños o Teatro del barrio, ¿qué importancia tienen estos proyectos contra la cultura dominante?
R. Traficantes de Sueños es una librería emblemática que nació cuestionando la oxidada izquierda clásica, tradicional, y sus modelos revolucionarios obsoletos; postulando nuevas formas de representación y de organización más horizontales. Teatro del barrio es una propuesta cultural de participación y transformación que aparece cuando se extingue lo que se llamó el Teatro Independiente. Ambos son proyectos contraculturales y de interés social. Pero si hablamos de relevancia, de importancia cultural, creo que el botón de muestra debemos buscarlo en movimientos como la Institución Libre de Enseñanza, que nos enseñó en la España republicana a pensar con espíritu crítico y a tener criterio propio como nadie lo había hecho hasta entonces. Desgraciadamente el franquismo lo arrancó de cuajo.
– De una manera u otra, los movimientos contraculturales han necesitado publicaciones y medios de expresión, ¿cómo cambió internet esto?
– Todo movimiento contracultural cuestiona el relato oficial y propone narrativas alternativas más creíbles, justas y rigurosas. Eso solo se puede lograr con difusión mediática, creando canales alternativos. Las redes sociales democratizaron la información y nos permiten llevar el argumentario alternativo a todos los rincones del planeta. Pero las redes también tienen un nefasto efecto colateral cuando sirven para propagar bulos y se convierten en altavoces de las ideologías del odio.
Si hablamos de Inteligencia Artificial, el panorama es muy distópico y desesperanzador, vamos de cabeza a una dictadura del algoritmo y eso es tremendamente preocupante. Vivimos más tiempo encerrados en una realidad virtual que nos desnaturaliza que en el mundo real, y eso tiene mucho peligro, está modificando nuestro cerebro, nuestras conexiones neuronales.
-Actualmente, vemos que “ir contra la norma” o ser “políticamente incorrecto” son expresiones que, muchas veces, se utilizan para emitir los mismos mensajes racistas o machistas de siempre, ¿esto es contracultura?
R.- No. Lo contracultural es la tolerancia, no olvidemos que la cultura dominante es autoritaria, racista y machista. El “pensamiento único” es una forma de totalitarismo cultural que debemos erradicar. Pero no podemos acabar con el racismo, el machismo, la violencia, la tortura, la pena de muerte, la pedofilia o el fascismo encarcelando a quienes expresan ideas de ese cariz, tan arraigadas en nuestra cultura tradicional. Sí podemos, sin embargo, sancionar las prácticas cuando lesionan derechos de terceros. No podemos impedir que alguien piense, o diga, que a los comunistas, o a los falangistas, hay que torturarles hasta la muerte; pero si esa persona hiere o asesina a un comunista, o a un falangista, por el simple hecho de serlo, por supuesto que tendrá que pagar por ello. La tolerancia, incluso la tolerancia con los intolerantes, no está reñida con la justicia.









