El Índice de precios de consumo (IPC), es una medida estadística de la evolución de los precios de una representación de los bienes y servicios más comunes, que consume la población residente en viviendas familiares en España, y el encargado de elaborar mensualmente el cálculo es el Instituto Nacional de Estadística (INE), que se publica a mediados del mes siguiente al que se realiza el mismo; sin embargo, el último día de cada mes, se publica el dato adelantado. La precisión con que se realice esta medición, depende de dos cualidades básicas: la representatividad y la comparabilidad en el tiempo. El INE cuenta con más de 200 trabajadores que se dirigen cada mes a los mismos establecimientos comerciales, distribuidos por todo el territorio nacional, para rastrear la evolución de los precios en España que, junto a otra información que el organismo recaba directamente de algunas empresas, elaboran el IPC que ahora es la principal preocupación del país en el plano económico.

Los datos facilitados en Marzo, indicaban un IPC del 9,8% y el correspondiente a abril nos señalaba una bajada de 1,5 puntos respecto al mes anterior, situándolo en el 8,3%. La sorpresa por esta bajada del mes de abril, ha sido muy comentada en distintos foros económicos pues muchos creían que el dato superaría los dos dígitos. Nos dicen que el motivo de esta bajada se debe a que la vivienda, ha tenido una variación del -7,7% con una repercusión de 1,168, consecuencia de la bajada de los precios de la electricidad en ese mes, aunque hayan experimentado una notable subida los precios del gas y los combustibles para la calefacción. Hay que tener en cuenta que el INE no utiliza los precios del mercado libre para el cómputo de electricidad en el IPC, a pesar de que más del 60% de los hogares en España tienen este tipo de contrato.

La incredulidad ha sido lógica. No hay más que salir a la calle a consumir, para sospechar que el coste de la vida esté, quizá, por encima de lo que asegura el INE. El IPC tiende a suavizar el efecto de la inflación en los ciudadanos, porque pone bienes y servicios de consumo diario en la misma cesta con los de compra esporádica. Incluye referencias y ponderaciones que reducen el coste real de la vida, y no tienen en cuenta otras variables fundamentales como los precios del alquiler; y esto da a entender que está diseñado de manera, que la cesta no refleje la severidad de las subidas de muchos bienes y servicios esenciales.

Además, hay que tener en cuenta que las rentas más bajas no consumen lo mismo que las más altas o que los jubilados, por lo que la desviación es notable para cada uno de ellos. No obstante el INE intenta que sus cálculos sean lo más certeros posibles sin olvidar que se trata de una estadística. Para el cálculo del IPC se analizan 210.000 precios al mes y cada cinco años, el INE saca de la cesta unos productos y mete otros, dependiendo de los hábitos de consumo. Por ejemplo, se incorporaron las suscripciones a plataformas de cine (Netflix, Amazón, etc.) y el café de cápsulas y se eliminaron las cámaras de video. Este año, se han incluido las mascarillas y se ha eliminado el MP3 entre otros muchos artículos. Pero, ¿por qué percibimos que la vida está más cara que ese 8,3%? Puede ser porque cada uno, tenemos nuestro propio IPC y porque percibimos más los precios que suben que los que bajan. ¿Es que hay productos que han bajado este año?

Los elementos que se incluyen para conocer el dato de IPC corresponden a más de 400 artículos que consumen las familias, clasificados en 12 grupos, cada uno de los cuales recibe una ponderación según el porcentaje del presupuesto familiar que se destina a su compra. Dichos grupos se componen de alimentación y bebidas no alcohólicas, transporte, vivienda, hoteles, restaurantes, ocio y cultura, vestido y calzado, menaje, medicinas, comunicaciones, bebidas alcohólicas, tabaco y enseñanza; además de otros no contenidos en lo anterior. Y la ponderación no es más que una media aritmética: Suma el precio de todos los artículos y lo divide entre el número de grupos que lo componen.

No es fácil elaborar un IPC real al usar una cesta base fija, que no tiene en cuenta las substituciones de bienes que realizan los consumidores como respuesta a cambios de precios, ni que algunos productos, no han subido pero ha mermado su contenido. Tampoco se incorporan nuevos bienes hasta que se efectúe una actualización en la cesta de productos. No incorpora una medición del precio real de la vivienda en propiedad y, sobre todo, no se tiene en cuenta la economía sumergida que ya tiene una consideración importante en nuestra economía. La variación del IPC es, simplemente, el ratio de la inflación.

El IPC y el PIB siempre favorecen al Gobierno. El primero, porque las cosas cuestan más de lo que apunta el IPC y el segundo, porque siempre se puede inflar el PIB con más gasto público, más endeudamiento y, claro, más impuestos.

Miguel F. Canser

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