“El amor es una de las cosas más bonitas, pero hay mucha fábula alrededor”

Entrevista a Raúl Sánchez, exconcejal del Ayuntamiento de Rivas.

Durante años, vivió el día más feliz de la vida de centenares de personas. Su presencia, incluso, iba más allá: certificaba oficialmente esa felicidad y convertía la promesa inmaterial de todos los enamorados en burocracia legal.Raúl Sánchez fue concejal del Ayuntamiento de Rivas de 1999 hasta 2015 y llegó a casar a unas 1.500 parejas. Ganó fama gracias a sus dinámicas ceremonias, donde leía poemas de Mario Benedetti, el escritor que mejor ha sabido expresar que cuando uno se enamora “la desdicha se llena de milagros, el miedo se convierte en osadía y la muerte no sale de su cueva”.

Sánchez lleva años jubilado y hoy presume de pasear por Rivas y de que muchas de las personas a las que casó le paren por la calle y le cuenten cómo evolucionó su historia. A veces, el “final feliz” de una pareja no es necesariamente el matrimonio ni el divorcio es irremediablemente un fracaso.

Durante los más de tres lustros que estuvo oficiando bodas, cambiaron muchas cosas y muy rápido. El amor fue perdiendo capas de romanticismo tóxico, se aprobó el matrimonio igualitario en 2005 y la presión familiar sobre el matrimonio fue difuminándose. El exconcejal, como maestro de ceremonias, también afinó sus discursos: comenzó a proclamar textos cada vez menos sentimentales y ampliar sus referencias a otros amores, como el de la amistad o la familia.

Pocos días antes de que comience oficialmente la temporada de los amores de verano, visita Zarabanda. Acude a la entrevista con los deberes hechos y una carpeta roja, como la que llevaba a las bodas, con los documentos más importantes y las lecturas que mejor le funcionaban ante los novios. Posa divertido y natural ante las ‘órdenes’ del fotógrafo. Algo queda de ese concejal carismático que pasó muchos de sus fines de semana animando a novios, novias y familiares.

¿A cuántas parejas ha casado?

Yo tengo una cifra aproximada. Habré casado a unas 1.500 parejas. Seguramente sea alguna más, pero no puedo garantizarlo.

¿Todas las bodas y todas las parejas se parecen un poco?

No. Cada pareja y cada boda es un mundo. Cada ceremonia depende de la pareja, de los invitados, de la persona que les casa…

¿Qué es lo más raro que le han pedido en una boda?

Lo más raro que me han pedido en una boda fue un hombre que se casaba con una mujer que estaba en un país de América Latina que ahora no recuerdo. Quien ejercía de novia era una persona ‘delegada’. En el acta ponía “menganita de tal, representada por..”. Entonces, yo lo que hice es preguntarle a la novia por videoconferencia.

O sea que tenías dos ‘novias’ en la ceremonia: una virtual y otra delegada.

Exactamente, sí. Pero afortunadamente la virtual es la que contestó.

Has estado en el día más importante de cientos de ripenses, ¿es una responsabilidad?

La mayoría eran ripenses, pero tuve una temporada en la que también venía mucha gente de Vallecas, de otros sitios de Madrid o incluso de fuera. No sé si es mucha responsabilidad ser el conductor del día más importante de la vida de esas personas, lo que sí sé es que me lo pasaba muy bien y hacía todo lo posible para que ellos y ellas también se lo pasaran bien.

Mientras eras concejal, se aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo, ¿recuerdas ese cambio?

Sí, he casado a muchas de ellas y recuerdo perfectamente una cosa. Las chicas solían ser muy simpáticas y agradables y se lo pasaban bien. Los chicos eran más tímidos y les daba corte, pero también se lo pasaban bien.

Yo en todas las bodas, tanto entre chicos como entre chicas o chica y chico, animaba a participar a los invitados y lo hacían mucho. Cuando los novios eran un poco más sosos, llegaban los amigos y les daban caña.

¿Y qué lecturas escogías para las bodas?

Tenía varios textos de poetas, fundamentalmente. Mario Benedetti era mi poeta preferido, pero también leía a Rafael Alberti o Pablo Neruda o a mujeres como Almudena Grandes. Fundamentalmente eran poetas en lengua castellana, aunque no fueran españoles.

Hay otras veces que les daba pie a los invitados por si querían hablar y yo no hablaba. Es decir, yo solamente oficiaba la boda y algún invitado recitaba el poema.

Tú has casado a parejas durante muchos años y en este tiempo ha evolucionado mucho la noción de amor. El amor de 1999 no era el de 2014, ¿has tenido que adaptar también las lecturas a estos cambios?

Sí, los primeros años que yo empecé a casar, yo mismo era el primero que buscaba poemas muy románticos. Después vi, y me enseñaron los invitados que iban con ciertos textos escritos por ellos, que hablaban más de temas como la amistad. Entonces, yo ya empecé a buscar también textos que no solo reflejaran amor, sino también amistad o cuestiones de familia.

Al principio era todo amor, amor y amor. Luego también era amor, pero ya utilizabas otras cosas.

Se amplió el abanico del amor…

Sí, por ejemplo, en las bodas de chico con chico o chica con chica, a veces leía yo, pero otras veces no y eran los invitados los que leían. Entonces, leían historias que les habían pasado a los novios o las novias.

Recuerdo una boda en la que los novios fueron vestidos de Cid Campeador y su pareja. Me lo pasé pipa. Lo único que yo hice ese día fue leer los artículos correspondientes y dejarles hablar

Me imagino también que habrás casado a vecinos y vecinas con los que luego te has cruzado y habrás visto cómo evolucionan sus historias de amor…

Sí, hay parejas que siguen todavía casadas y otras que se han separado. Y en eso de las separaciones me he encontrado con casos muy curiosos de gente que se ha separado, pero sigue teniendo una amistad y siguen tratándose con cariño.

También tengo una experiencia muy desagradable. Unos amigos me dijeron que casara a su hija y su pareja y yo les casé. Se fueron de luna de miel a Santo Domingo y volvieron separados por una infidelidad. Cuando me lo contaron, se me cayó el alma.

El concepto del matrimonio ha evolucionado mucho desde que tú oficiaste la primera boda hasta hoy. En tu generación, el matrimonio tenía un significado distinto al actual. Antes, casarse significaba abandonar el hogar de tus padres e irte a vivir con tu pareja e iniciar una nueva vida junto a la persona que querías. Ahora, lo normal es llevar años conviviendo ¿cómo ha cambiado el significado del matrimonio?

El cambio fundamental es que antes, cuando te casabas, era después de un período de noviazgo y lo digo incluso por mí mismo. Después de ese periodo, tomabas la decisión de casarte. Sin embargo, durante los últimos ocho años que estuve de concejal, había muchas parejas que venían a casarse después de llevar muchos años conviviendo e incluso tenían hijos.

De hecho, tuve una pareja que se casó porque querían que les casara yo. Llevaban muchos años de pareja y no pensaban en casarse hasta que se enteraron de que iba a dejar de ser concejal. Y les casé.

¿Se casaron porque sabían que dejabas de ser concejal?

Claro. Es que fue en la última legislatura.

Después de ver tantas parejas, ¿has descubierto la receta del amor duradero?

No. Eso no lo tiene absolutamente nadie. Cada persona y cada pareja es un mundo. Hay veces que casas a una pareja y piensas que van a ser felices el resto de sus días y después te los encuentras y están separados. Y a la inversa también. Te encuentras a una pareja que era muy sosa y piensas ‘estos no van a durar nada’. Y todavía están casados.

¿Y algún consejo personal que puedas dar tras la experiencia de tu propio matrimonio?

Hoy en día, que uno se puede casar por lo civil o simplemente hacerse pareja de hecho, les dirían que se lo piensen, que no tomen una decisión a la ligera. También les diría que sean prudentes y que estén seguros de que quieren convivir juntos.

También que admitan que, si las cosas se tuercen, no pasa nada: uno se separa y asunto concluido.

¿Has visto muchos arrepentidos en estos años?

En las parejas que yo he visto, afortunadamente, hay más que siguen estando casadas que aquellas que no, pero también me he encontrado con bastantes arrepentidos. Si he oficiado 1.400 bodas, pongamos que 400 han acabado en separación.

Bueno, no está mal la estadística…


No, por mi estadística es mayoritaria la gente que me encuentro con sus niños y niñas y me abrazan y me recuerdan que yo les casé.

¿Y alguno te ha dejado de saludar, precisamente, por que su boda se hubiera convertido en un recuerdo doloroso?

No. Nadie, absolutamente nadie. Ni chico ni chica, sigan unidos o separados. Incluso recuerdo que una chica en una boda me recordó que yo les había casado, aunque ahora estuvieran separados. Me dijo “yo me he separado, pero mi exmarido está ahí, estamos encantados y la boda fue genial”.

Damos muchísima importancia a cómo empieza el matrimonio, pero no sé si hay que hablar también de terminar el matrimonio y de separarse bien.

Yo reconozco que en mis bodas jamás hablé de la separación. Yo siempre hablaba del matrimonio y de ser felices, tener familia o no, etc. Sí recuerdo que en el tema de la familia fui cambiando, dejé de decir eso de que tuvieran una familia. Les decía que fueran felices y si tenían familia, pues hablaba de la familia. Si no, no.

Es decir, tú mismo tuviste que renovar también tus discursos a medida que evolucionaban las cosas, ¿no?

Sí, cambié bastante mi discurso y, como tú dices, también cambié mis poemas. Algunos seguían hablando de amor, pero también de convivencia, de pareja…

Sí, lo que ahora llamamos amor sano.

Pues eso, amor sano.

¿La separación es un fracaso?

Yo no diría que sea un fracaso. Es un fracaso en función de cómo se haga esa separación. Yo me he encontrado con muchas parejas que se han separado pero que siguen siendo amigos. Hay personas muy civilizadas en las que cuando uno se ha querido separar, ha surgido otra pareja o, sencillamente, no se han entendido, se han separado sin más.

¿Y hay alguna historia de amor que recuerdes especialmente?

Hay muchas, pero en vez de contarte una historia de amor, te voy a empezar contando una que no se me olvidará jamás.

Vino una pareja a casarse, eran muy jovencitos los dos. Él era español y ella marroquí. Fue durante los primeros años en los que estuve de concejal. Los casé y cuando terminó la ceremonia, me invitaron a tomar una cerveza y me confesaron que ellos en realidad no se querían, que él era homosexual y tenía a su pareja al lado, pero que se casaba para poder legalizar los papeles de la novia y así lo hizo.

Desde luego, es una historia bonita también.

Es una preciosidad.

Después de tantas bodas, ¿qué has aprendido tú del amor?

Es complicado. Yo diría que el amor es una de las cosas más bonitas que existen, pero hay mucha fábula alrededor. Cuando digo fábula, me refiero a que hay gente que siente el amor de verdad y se les nota porque, incluso aunque se separan, siguen teniendo una cierta relación. Sin embargo, hay otras veces que son matrimonios, sobre todo en los primeros años que estuve de concejal, que no eran de conveniencia pero sí diría que de apaño. Se habían conocido, se habían hecho novios y la familia les había presionado y se casaban.Y así pasaba. La familia también muchas veces ha influido tanto para bien como mal. A veces les obligaban a casarse sin tener el sentimiento adecuado para hacerlo.

O sea, que esa presión familiar con el paso del tiempo fue disminuyendo, al menos de manera tan directa, ¿la presión social también?

Sí, sí. La presión social evolucionó. En los últimos años, las parejas que venían a casarse hacían un fiestón el día de la boda, salvo excepciones.

Para que veas hasta qué punto se lo tomaban como una fiesta, te cuento una anécdota. Eecuerdo una vez que casé a los hijos de unos amigos. Como los conocía mucho, les dije a mis amigos que les dijeran que me había tenido que ir y que no les podía casar. Se lo dije así y me escondí para ver cuál era la reacción. Llegaron los dos, el novio y la novia juntos. Dijeron “¿no nos puede casar Raúl, pues nos vamos”. Y tuve que salir corriendo porque si no, se iban sin casarse. Les tuve que decir que era una broma.

¿Alguna vez te has negado a casar a alguien?

No, nunca. Ha habido veces que no me he sentido cómodo, pero nunca me he negado a casar a nadie.

Hubo una vez una boda entre una mujer extranjera y un hombre español que se veía que era un apaño. Parecía que la chica no tenía más remedio que casarse y que el chico quería aprovechar las circunstancias.

Últimamente se habla mucho de amor líquido, de parejas que se conocen y se rompen muy rápidamente y se dice que los jóvenes tienen relaciones menos duraderas, ¿compartes esta impresión?

Ni comparto ni dejo de compartir. Los tiempos cambian, las circunstancias cambian y las parejas cambian. Lo que sí diría es que hoy en día me da la sensación de que hay veces que se toma el matrimonio con cierta demagogia. Se dice “pues bueno, nos casamos y ya está”. Y no, casarse es un tema serio y de mucha responsabilidad. Creo que tanto él como ella se lo deben de pensar y no intervenir para nada la familia.

¿Y por qué es tan delicado? Si realmente uno puede casarse y divorciarse…

Sí, yo ahí no entro, cada uno puede hacer lo que quiera. Yo entiendo el matrimonio, por mí mismo, como una experiencia de amor. Conoces a una persona y te sientes ligado a ella por infinidad de cosas. Si hay un problema, lo solucionas.

No es lo mismo ser novio o estar conociendo a una persona que convivir. En la convivencia surgen problemas y hay gente que tiene dificultades y consigue encauzarlas y seguir y otra que no. Yo veo que hoy en día hay poco aguante. Cuando las cosas se tuercen, uno de los dos deja la pareja y no tiene ningún problema.

Para ti la paciencia es un ingrediente necesario.

Necesario y fundamental. El cariño y la paciencia.

¿El matrimonio tiene futuro como institución en el siglo XXI?

Yo creo que el matrimonio tiene que sufrir algún cambio porque si no está predestinado a morir. Ahora da la sensación de que se toman muy a la ligera. Las parejas se casan sin haber convivido lo suficiente. Antes de casarte, convive.

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