“La conciencia de clase es lo contrario al egoísmo”

Con motivo del número de Zarabanda dedicado al sindicalismo, entrevistamos a Mario Bastida, presidente del Comité de Empresa de Rivamadrid.


Entrevista a Mario Bastida Pérez, presidente del Comité de Empresa de Rivamadrid.


Cerca de Ferrol, en el pueblo de su abuela, nuestro entrevistado veía pasar las grandes planchas de acero que las manos curtidas de los trabajadores de los astilleros convertirían en barcos. En esa zona portuaria no había “pirata” empresarial que no temiera un motín de los trabajadores en defensa de mejores condiciones laborales o como defensa frente a un despido masivo. Lo que llevaba los negocios a puerto no era el timón, sino el trabajo. Cuando los sindicatos gallegos convocaban huelga, en pleno conflicto por la desindustrialización, ningún barco tocaba el agua.

Mario Bastida aprendió de niño la importancia del sindicalismo. Había estado afiliado a la Confederación Intersindical Gallega (CIG): al mudarse a Madrid se quedó sin cobertura sindical, pero no sin compromiso, ya que se afilió a las Comisiones Obreras (CCOO). Antes de llegar a Rivamadrid ya había sido delegado sindical de CCOO en una empresa del entonces incipiente sector de las apuestas deportivas, donde organizó una de las primeras elecciones sindicales.

Actualmente, como presidente del Comité de Empresa de Rivamadrid, se enfrenta al reto de hacer un sindicalismo obligado a negociar, ya que en la empresa pública “no existe plusvalía”, explica nuestro entrevistado de este mes.


Bienvenido, Mario. Cuéntame lo primero: ¿cuánto tiempo llevas en Rivas?

Llevo 19 años en Rivas. Yo había estado viviendo en otras ciudades de España, pero soy natural de Mugardos (A Coruña, Galicia), un pueblo chiquitito de 5.000 habitantes. Aquí no me encontré un pueblo de 5.000, pero sí me encontré una ciudad con 40.000 habitantes que era muy parecido a lo que era mi pueblo, sobre todo en la cercanía de la gente. Para mí, venir a Rivas ha sido una suerte. Y con el tejido asociativo que hay, enseguida es fácil adaptarse, porque conoces a los vecinos y te involucras con el resto de la ciudad.

¿Y cuándo empiezas a trabajar en Rivamadrid?

En Rivamadrid hace ya como nueve años, más o menos, que empecé a trabajar. La primera vez que me llamaron de la bolsa lo rechacé porque estaba cubriendo un contrato en otro sitio, pero a los meses me volvieron a llamar y empecé en los colegios por la tarde con una jornada parcial.

¿Cómo ves esa bolsa de empleo de Rivamadrid? ¿Cómo ha evolucionado?

La bolsa de empleo está muy bien y además la hemos mejorado un montón, sobre todo en transparencia. Cuando yo entré no había un reglamento como tal. Has de tener en cuenta que antes nadie quería trabajar en Rivamadrid, porque era antes de la crisis de 2008 y la gente no quería trabajar en la limpieza. Tenían que ir a buscar a la gente para encontrar trabajadores. Es con la crisis y con el aumento de población de la ciudad que la gente empieza a querer trabajar donde sea porque lo necesita y, en paralelo, aumentan las necesidades de ampliar la plantilla para atender el crecimiento de Rivas.

Entonces, en la anterior bolsa desde el Comité ya propusimos que teníamos que tener un reglamento, también para poder llevar un control no solamente para cuando hacen fijo a alguien sino también para tener una norma clara a la hora de cubrir los puestos temporales que surgen por necesidades de la empresa.

Cuando vuelva a salir la bolsa se volverá a revisar, habrá cosas que se podrán mejorar, pero ya tenemos esa base sobre la que trabajar que da más transparencia al ciudadano que se presenta, porque puedes explicar por qué se hace todo. A nosotros todos los meses, la empresa nos envía un informe sobre cómo ha sido la bolsa, es decir, los puestos que han salido para cubrir, quiénes los han cubierto y por qué.

Empezaste en los coles trabajando jornada partida. ¿Cómo fue tu evolución dentro de la empresa?

Normalmente, donde más plazas se generan es en edificios y en coles. Yo entré ahí con una jornada de cuatro horas, que es algo que conseguimos eliminar, porque el salto de cuatro a cinco horas era importante tanto económicamente para el trabajador como para poder cubrir mejor las necesidades de los edificios.

Hemos hecho un estudio de ratios, que no se había hecho como tal, de lo que son los edificios municipales y colegios, para ver cuáles eran realmente las necesidades. Con ello tratamos de igualar la carga de trabajo lo mejor posible en los diferentes centros, porque al no ampliarse el número de colegios tanto como se necesitaría para el crecimiento de la ciudad, los existentes estaban saturados.

¿Cómo os afecta ese número insuficiente de infraestructuras educativas en vuestro trabajo en la limpieza de los colegios?

Estamos hablando de que no encontramos con edificios, en este caso colegios, con un ratio de alumnos por encima del que deben de tener. Y obviamente esa saturación influye mucho no solamente en la carga de trabajo de la limpieza sino en las facilidades para realizar la labor. No solamente nos encontramos con aulas saturadas, y por lo tanto, con un exceso de mobiliario que dificulta la limpieza sino también incluso con espacios transformados en aulas que sobre plano se habían construido para otro tipo de actividad.

Ya venías de haber sido delegado sindical por CCOO en una empresa del sector de las apuestas, en la que convocaste elecciones sindicales. ¿En qué momento te involucras sindicalmente en Rivamadrid?

Como a los dos años de estar trabajando hicimos primarias para elaborar las listas de Comisiones Obreras, salí elegido y entré en el Comité de Empresa. En algunos sitios, el sindicato elige la lista, pero en Rivamadrid la decidimos los afiliados. Cualquier afiliado se puede presentar, no se necesitan avales.

¿Qué cambios grandes notaste al pasar de una empresa privada a una empresa pública?

La verdad es que sindicalmente te tienes que adaptar, porque la manera de pelear o de reivindicar las cosas es diferente. En la empresa privada, yo tenía que estar muy encima o muy pendiente de las cuentas de la empresa, para entender qué plusvalía podía haber ahí que se estuviera llevando la empresa, y de la que pudiéramos nosotros exigir una parte mayor para mejorar las condiciones de los trabajadores. Pero me encuentro con que en Rivamadrid no existe plusvalía. Es decir, al final, todo lo que entra en la empresa se invierte dentro de la propia empresa. No hay un empresario que se lleva un beneficio a costa de los trabajadores. Entonces, la manera de apretar o negociar es totalmente diferente. Se trata más de pensar en cómo gestionar el reparto económico un poco mejor, viendo dónde se pueda estar fallando. Y centrarte en mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, que es donde más puedes incidir.

Si eres muy reivindicativo, es algo que al principio cuesta entender un poco al llegar a una empresa pública. Porque viene el de “no, pues tenemos que exigir más dinero, porque tal”. Y es que el dinero es este, el que está presupuestado, si se quiere meter más ahí, hay que ver de dónde lo quitamos…es muy diferente a ver llegar al director de tu empresa privada en un Ferrari y decir “amigos, aquí algo se puede rascar”.

¿Y qué otras grandes áreas de actividad, además de esa limpieza de colegios y edificios, hay? Como, por ejemplo, la limpieza, la jardinería y la poda.

Todo lo que es la limpieza diaria de la ciudad, la recogida de sólidos (el RSU), el mantenimiento de los parques y jardines, el servicio de alquiler de bicicletas, el mantenimiento de fuentes y edificios de la EMV, en verano, también los servicios de emergencia. Y tenemos también el taller que hace una labor importante de mantenimiento de los vehículos, porque tenemos una flota propia considerable. Y la grúa municipal, que antes era privada y se remunicipalizó.

¿Cómo ha afectado el importante crecimiento de la ciudad a esos servicios que comentábamos?

Ha supuesto un esfuerzo importante por parte de los trabajadores, porque la propia ley no permitía el aumento de personal al nivel que estaba aumentando la población. Entonces, al final tienes un aumento mayor de la carga de trabajo que asume el personal.

Comentabas antes lo de que no hay una parte de la plusvalía que exigir. ¿Cómo afronta la parte sindical esa necesidad de reestructurar el trabajo para abordar una carga de trabajo mayor, cuando no hay más recursos?

Es casi un tema organizativo: buscar la manera de ser lo más eficiente posible. Hay que tener en cuenta que trabajar en la empresa pública de tu ciudad también supone una presión. Porque no estás limpiando cualquier calle, sino una calle que también es tuya o de tu vecino. Cuando no se llega a dónde te gustaría llegar, la frustración y la presión es mayor, porque también es tu calle y la de tus vecinos, con los que convives. Los trabajadores de Rivamadrid, en ese sentido, no solo asumen una labor, sino una gran responsabilidad. La gente te conoce, te habla por la calle, incluso te increpa. Hay una parte vecinal, no es solo un trabajo de limpieza y mantenimiento.

Te quería preguntar por esos prejuicios hacia los sindicalistas, muchas veces por desconocimiento de lo que son, por ejemplo, los “liberados” sindicales.

Nosotros tenemos unas horas al año que podemos usar para tareas sindicales y el resto de la jornada hacemos nuestro trabajo como cualquier otro compañero. Intentas utilizar esas horas, pero lo habitual es que sigas haciendo tu labor sindical fuera de tu jornada. Además, en Rivamadrid hay jornadas de trabajo durante las 24 horas del día. Si tú trabajas de mañana, de 7:00 a 14:00 horas, luego te vas a tu casa. Pero si estás en el comité de empresa, tras tu jornada tienes que seguir atendiendo a la gente que está por la tarde, que está en el turno de noche o de fin de semana.

Entonces, ya no puedes hacer lo de voy, hago mis siete horas y ya está. En vez de estar por la tarde con tu familia igual te toca ir a los colegios a no sé qué, porque es importante estar donde están tus compañeros para detectar esos problemas que pueden existir y que sin esa presencia en los centros de trabajo quizás sería más complicado de entender y por lo tanto de solucionar.

¿Y qué más prejuicios encontráis habitualmente cuando habláis con la gente, incluso con los compañeros?

La gente respeta bastante el trabajo que se hace. Más que prejuicios, muchas veces es no saber las limitaciones que tenemos al negociar. Al final, cuando algo no funciona, el comité puede vigilar o denunciar pero no es el que organiza o dirige la empresa, sino que vela sobre todo porque no se vulneren los derechos de los trabajadores. Entonces, hay gente que cree que tenemos más “mano” de la que realmente tenemos, porque la empresa no deja de ser una empresa, ellos tienen el poder de decisión, salvo en la obligación de negociar con la parte sindical allí donde lo recoge la legislación.

¿Os sentís valorados como sindicalistas?

Me imagino que depende del sector, la verdad. Internamente, con mis compañeros, yo siempre me he sentido valorado. Tenemos un comité de empresa con gente que lleva mucho tiempo en la empresa, con gente muy mentalizada y defensora de lo público y muy reivindicativa también, incluso en otros ámbitos. Y creo que, en su mayoría, el personal de la empresa lo valora, porque saben lo que hay y que muchas veces si no sacamos más mejoras, no es porque no queramos, sino que es porque no podemos. Porque hasta dónde podamos llegar, vamos a llegar. Opiniones distintas siempre va a haber, pero yo en la empresa siempre me he sentido bastante respaldado por las compañeras.

Sin embargo, socialmente ha habido un discurso muy duro hacia los sindicatos.

Hay gente que cree que te metes en el sindicato para no trabajar o porque vas a vivir mejor, cuando al final es todo lo contrario, estar en el sindicato supone más sacrificios que privilegios, incluso para crecer laboralmente dentro de la empresa.

En los últimos años ha habido un avance sindical en temas que no son los puramente salariales o de jornada. ¿Cómo ha influido el que haya más temas de sostenibilidad o de igualdad de género en las empresas?

Yo creo que es bueno, aunque ha ido costando, las cosas como son. A lo mejor para que esa persona en concreto se vea beneficiada por una medida de conciliación, otra siente que se le está perjudicando. Por ejemplo, en temas de horarios y conciliación, a lo mejor alguien con cierta antigüedad en la empresa lleva tiempo esperando un puesto y cuando queda vacante no puede acceder porque otra compañera lo necesita por tema de conciliación familiar. Eso puede generar un pequeño malestar. Entonces, es cuando tienes que hacer esa labor de decir: “esto es muy fácil, estamos a favor de la igualdad o no”. Al final la gente lo acaba entendiendo

¿Y cómo habéis visto que a veces la limpieza viaria entrase en la refriega política?

Intentamos mantenernos al margen de las peleas políticas, porque al final nosotros sabemos el trabajo que tenemos que hacer y lo hacemos lo mejor que podemos con los medios que tenemos. Somos una empresa grande, más de 500 trabajadores. O sea que, al final, somos un muestreo de lo que es la propia ciudad, por lo que hay muchas opiniones distintas sobre cómo funcionan las cosas. No obstante, yo creo que cuando tienes un servicio público, en este caso que pertenece al Ayuntamiento, entendemos que todos los representantes de ese Ayuntamiento deberían de velar por el bienestar de ese servicio público, porque al final te han puesto los ciudadanos realmente para ello.

¿Cómo se traslada esa conciencia de clase del sindicalismo a otros ámbitos? Por ejemplo, sé que tú eres muy activo también en el movimiento vecinal.

Es que va ligado. Y lo que aprendes en un sitio lo pones en práctica también en otro. Aprendes a moverte para solucionar los problemas de tus compañeros en el ámbito sindical, lo que te vale también para moverte por tus vecinos en el ámbito vecinal.

Las Comisiones Obreras tuvieron ese espíritu desde que nacen, porque lo hacen a la par que las asociaciones vecinales que empezaban a reivindicar servicios básicos. Vamos a coincidir siempre movimiento sindical y vecinal en querer municipalizar lo máximo posible, seguir aumentando lo público. Comisiones Obreras es un sindicato político-social, digamos, que defiende también eso a nivel municipal.

¿Qué es para ti la conciencia de clase?

La conciencia de clase es todo lo contrario al egoísmo. O sea, conciencia de clase es saber que tiene que haber un reparto de los bienes lo más equitativo posible, que tienes que llegar hasta donde no llegan los mercados, con la ayuda de las administraciones, para eso son tan importantes los servicios públicos. Y para tener esos servicios públicos hacen falta impuestos, que tienen que ser equitativos, por eso no se puede ser egoísta: quién más tiene, más tiene que pagar. Y obviamente, quien más tiene, siempre va a ser quién menos quiera pagar, porque va a poderse pagar esos servicios por lo privado, independientemente de que tú los tengas como trabajador o se te priven de ellos. Entonces, al final, conciencia de clase es la demanda de poder vivir, no solo sobrevivir. Y significa que, si te tienes que levantar cada día para trabajar, eres un obrero.

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