Entrevista a Isaac Sánchez, vendedor ripense del mercadillo

“Mi padre fue de los que inauguraron el mercadillo de Urbanizaciones”, recuerda.

Isaac Sánchez ni siquiera recuerda su primer día de trabajo en su puesto del mercadillo de Rivas Urbanizaciones. Para él, es un lugar más que familiar. Fue su padre el que inició Aceitunas Sánchez y su hijo le cogió el testigo y capitanea hoy el negocio familiar: “Ahora estamos construyendo la página web y abriremos un Instagram. Hay que modernizarse”, explica.

Cada día se levanta a las cinco de la mañana y marcha a montar su puesto donde toque, haga frío, lluvia o calor. Depende del día puedes encontrarle en Vallecas, en Hortaleza o en Azuqueca de Henares o en Rivas y, ahora, el sábado hace doblete con un nuevo espacio en Velilla.

“No me puedo quejar porque mi producto funciona muy bien”, comenta. Vende aceitunas, alcaparras, pepinillos, berenjenas y todo tipo de encurtidos y snacks. Su familia vino a vivir a Rivas en los 80 y él todavía recuerda jugar en las explanadas cercanas a lo que hoy es el mercadillo. Charlamos con él sobre su historia y la de su familia.

Primero, cuéntame un poco quién eres tú y cuál es tu negocio familiar.

Yo vivo en Rivas desde los 80. Mi familia vino a vivir desde Puente de Vallecas y fue de los que abrieron el mercadillo de Urbanizaciones. Llevamos toda la vida en el puesto de este mercadillo, pero todas las semanas voy a distintos sitios.

¿Cuándo empezó vuestro negocio familiar?

El negocio viene de mis padres y ahora lo llevo yo. Mi padre sigue viniendo porque se resiste a jubilarse, aunque tiene ya 78 años.

Mis padres son de Extremadura y se vinieron a Madrid porque él trabajaba en Renfe. Tenía un tío que montó una tienda en Vallecas de aceitunas, vendía al por mayor y le fue muy bien. Mi padre comenzó a trabajar con él y se enteró de que en los mercadillos se vendía mucho. Estuvo dos años compatibilizando el mercadillo y Renfe y al final se decantó.

Mi madre también trabajaba en el mercadillo. Cuando yo era pequeño, empecé a ir los fines de semana para ganar algo de dinero mientras seguía estudiando. Y al final me quedé.

En esa época, dejar un trabajo en Renfe para montar un negocio en la venta ambulante parece arriesgado.

Mi padre era muy humilde y no tenían mucho. Empezaron con un coche Simca hasta que pasaron los años y se dio cuenta de que ganaba más dinero en el mercadillo.

¿Cómo recuerdas tu infancia y tu adolescencia en el mercadillo?

Yo solo iba los fines de semana y, como era el hijo, a lo mejor iba un poquito más tarde. Lo que sí recuerdo es que antes estaba hasta arriba de gente. El fin de semana podíamos ser, a lo mejor, seis vendedores en el puesto. Ahora eso no pasa. Hay, por ejemplo, muchos centros comerciales, pero cuando nosotros empezamos no había nada. Mi padre fue de los comerciantes con los que se abrió el mercadillo. Montó el puesto con otro vecino que también se dedicaba a la venta ambulante de ropa.

¿Siempre tuviste claro que querías seguir el negocio familiar?

No. Yo estudié un módulo relacionado con la electrónica e informática y empecé a hacer prácticas. No me gustó mucho porque la experiencia no fue buena. Así que decidí que de momento me iba con mi padre. Al final te quedas, te quedas y me quedé.

¿Ese “de momento” cuántos años ha durado”?

Ese “de momento” ha durado toda la vida, que es lo que yo llevo en el mercadillo. Fuera del mercadillo, hice las prácticas que te he comentado y luego también trabajé con un amigo en la época del COVID porque nos cerraron el mercadillo de Urbanizaciones durante un año.

Antes se vendía bien en el mercadillo y al final es el negocio de tu padre y de tu familia. Lo sientes tuyo. Si hubiera sido de otro no hubiera seguido ahí porque es muy duro.

¿Existe la conciliación personal y familiar cuando siempre trabajas los fines de semana?

No. Es complicado, pero ahora estoy intentando buscar un mercadillo el martes, uno de los días que libro, para poder no ir un sábado o turnarme y tener cinco días seguidos (de domingo a jueves) de trabajo, pero de momento es lo que hay.

¿Te acuerdas de la primera vez que pisaste un mercadillo?

No, cuando era pequeño yo estaba algunas veces en el puesto con mis padres cuando no había colegio o instituto. Iba, me quedaba con ellos y luego me iba a casa con mi madre. Por eso no recuerdo el primer día.

¿Has ido a algún instituto en Rivas? Algunos de los padres de tus compañeros incluso serán clientes del mercadillo.

Sí, fui a Las Lagunas. Ahora hay profesores y profesoras que han venido a comprar a mi puesto. Una de mis tutoras en el instituto compra ahora los sábados.

¿Ha cambiado el tipo de clientela?

Creo que depende del barrio. Antes la mayoría de las mujeres no trabajaban y hoy sí. Trabajan los dos en la pareja. Por eso, antes las que venían a comprar siempre eran ellas y ahora ves muchos hombres también.

¿Cómo recuerdas esos días del COVID cuando estuvo cerrado el mercadillo por la crisis sanitaria? Vosotros vendíais en la calle y decretaron el confinamiento….

Estuvimos mucho tiempo sin poder ir a trabajar, pero pagábamos impuestos y seguridad social, aunque los sueldos de los empleados no porque estaban en ERTE. Aquí en Rivas fue fatal porque estuvimos, si no recuerdo mal, como un año sin abrir el espacio de los sábados. Te ofrecían irte al mercadillo del domingo, pero yo no pude porque además tenía otros mercadillos, donde por ejemplo, establecieron turnos.

Antes me has contado que empezaste joven viniendo con tus padres. Ahora llevas el negocio y pasas de la cuarentena, ¿notas también el paso del tiempo en el mercadillo?

Sí, lo más triste es cuando ves que un cliente deja de venir y luego te enteras que has muerto. Me pasó hace poco en otro mercadillo. Venía una clienta con su marido desde hace años y estuvieron dos o tres semanas sin venir. A mí me extrañaba y un día apareció sola y vestida de luto.

Cuando te faltan los clientes mayores te preocupas . Hay veces que notas que no vienen una semana y otra y otra y ya no vienen más. Es triste.

¿Cómo dirías tú que es el Mercadillo de Rivas Urbanizaciones? ¿Qué evaluación haces como profesional?

Pues lo veo bien organizado. Por ejemplo, yo me levanto a las cinco de la mañana y llego al mercadillo sobre las siete y ya suelen estar los policías por si hay algún coche aparcado. Si lo hay, llaman a la grúa para que podamos montar el puesto. También está bien el espacio con el que contamos porque en todos los puestos tienes pasillos a los lados y eso facilita el trabajo y además, puedes dejar el camión detrás del puesto. Todo eso en otros mercadillos no pasa.

¿Qué hay que tener para ser un buen vendedor ambulante?

No tener vergüenza y ser amable. Cuando conoces a los clientes, creas confianza y no se suelen ir. Yo me acuerdo de cuando un cliente se ha roto una pierna o de la clienta cuyo marido tiene un problema. También tienes que ser ‘salao’.

¿Le recomendarías a tu hija seguir con el negocio familiar?

No, es muy duro. Hay días muy malos: aire, lluvia, frío… En un día de lluvia tienes que montar el puesto igual y, aunque estés con tu chubasquero, estás mojado toda la mañana. Para mí lo peor es el aire. Es muy duro.

Los mercados tienen mucho pasado, ¿pero crees que tienen futuro?

Sí, sin duda. El género es de calidad y mucho más barato. La fruta, por ejemplo, es de más calidad que en el supermercado y está a mejor precio.

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