Hacía 135 años que en lo que hoy es la Comunidad de Madrid no llovía tanto como en el pasado marzo. Un frío dato que da la razón a los más viejos del lugar cuando proclamaban que no recordaban tanta lluvia junta, y que también da pie, por qué no, para felicitarnos de la buena gestión de todas las infraestructuras hidráulicas. Desde la gestión de los embalses a los servicios de protección civil, desde la Comunidad de Madrid, el Canal de Isabel II y los ayuntamientos implicados, todos han trabajado para evitar males mayores en una situación excepcional.
En Rivas Vaciamadrid el agua no es un tema menor. A diferencia de otras ciudades en el entorno de Madrid, la nuestra es una ciudad ribereña, marcada en su ADN por la confluencia del Jarama y el Manzanares. También zonas como la Laguna del Campillo nos dan un valor paisajístico y ecológico del que no pueden presumir otros municipios de la corona metropolitana de Madrid.
El agua es uno de los motivos por los que Rivas no es un municipio más de la Comunidad de Madrid. Otros de ellos, desgraciadamente, no son para enorgullecerse.
Pensemos, por ejemplo, en la vivienda. Es un problema en toda España, pero en Rivas algunos -los que gobiernan- se han empeñado en agravarlo. Desde hace prácticamente cuatro años, aquí se dan licencias para nuevas viviendas a cuentagotas. Todo empezó cuando había que pararse a pensar, ¿recuerdan? Nos pararon la ciudad, hicieron como que pensaron, y todo continúa no igual, sino peor: en Rivas los precios de la vivienda se han disparado en el último año un 11%, partiendo ya de niveles récord.
La izquierda radical gobernante justificaba aquel cierre a cal y canto de la ventanilla de las licencias porque en Rivas no teníamos infraestructuras; la bruja mala del cuento nos castigaba porque nos tenía envidia. Faltaban institutos, faltaban centros de salud y también -qué cosas- había que mejorar infraestructuras básicas, como las hidráulicas, esas que tanto han aguantado este marzo. También se necesitaba crear un carril para muchas bicis, pero de eso se encargaría el Gobierno municipal. Ya comprobamos todas las mañanas los ripenses lo bien que lo hicieron, con dinero de la Unión Europea. Por cierto, seguimos esperando el tantas veces prometido enlace a la M50.
Pasado el tiempo, todo aquel castillo de retórica tan vacua como progre –“la ciudad de los quince minutos”, “el desarrollo sostenible”, “el proceso participativo”- se ha desvelado como lo que era: una mera excusa. Tampoco es cierto que haya un déficit de infraestructuras y dotaciones que impida la formación de nuevos hogares.
Simplemente, no quieren dar licencias porque tienen miedo de que la ciudad crezca, y pierdan primero su control, y luego el poder municipal. Ya estuvieron a punto de irse a la oposición en las municipales de 2023, cuando la lista que tuve el honor de encabezar, la del Partido Popular, fue la más votada.
Dos años después, lo que ocurre es que los problemas no se pueden esconder debajo de la alfombra, y el del precio de la vivienda les está estallando en la cara. Los hijos de los que formaron la Rivas que hoy conocemos, los que llegaron en los ochenta y los noventa a esta ciudad, tienen que emigrar a otros municipios, porque aquí los precios son imposibles.
¿Qué está haciendo la izquierda radical que nos gobierna ante esta situación? Algún ingenuo podría pensar que cambiaría, disimuladamente, de rumbo, apostando por aumentar la oferta de vivienda. Pues bien, lo que han hecho ha sido irse de manifestación, terminar de arruinar la Empresa Municipal de la Vivienda y pedir algo que saben que no se va a producir y que además sería totalmente contraproducente: la declaración de Rivas como ‘zona tensionada’. Lo que nos faltaba en Rivas: más control y rigidez en el mercado.
Así que aquí estamos: en una ciudad que presume de tolerancia pero que no quiere nuevos vecinos, que se dice progresista pero tiene miedo al cambio, que disfraza con excusas su sectarismo. Ellos, los de siempre, no rectifican ni se hacen cargo. Reaccionan ante el fracaso de sus políticas como quien oye llover. Llover, lo que se dice llover, ha llovido. Y los que han agravado el problema de la vivienda miran para otro lado y responden con más demagogia.









