Como decía el mes pasado, el Unicornio (Monoceros), a pesar de ser una constelación débil, resulta ser muy vistosa. ¿Es esto un contrasentido?. No, si sabemos que está situada exactamente en el contorno de nuestra Vía Láctea, donde la profusión de estrellas alcanza límites inimaginables. Alguno vez he puesto este símil, pero os lo voy a recordar. Nosotros estamos en una Galaxia de unos 200.000 millones de estrellas, pero tiene forma de “plato”, con un abultamiento en el centro, como en la foto1. Esto significa que, desde la Tierra (que se encuentra a unos 30.000 años luz del centro), si miramos hacia arriba, el número de estrellas que vemos es relativamente más pequeño que si miramos en derredor, en sentido horizontal (evidentemente teniendo en cuenta que según la estación del año la inclinación de la Tierra es distinta).

Pues esto es lo que desde hace siglos se ha llamado el “Camino de Santiago”, que el realmente el “borde” elíptico de nuestra Galaxia, el borde del “plato” estelar. ¿Qué pasa con el abultamiento central?. Pues pasa que si miramos en dirección a Sagitario, el número de estrellas es notablemente mucho mayor que en el resto de la Vía Láctea. Ahí está el Centro Galáctico y eso es lo que vemos. Si estuviésemos como a 1 millón de años-luz veríamos a la Vía Láctea muy parecida a la foto, pero resulta que “ESTAMOS DENTRO”.

Pues bien, Monoceros se encuentra casi en dirección al Centro Galáctico y si tomamos unos prismáticos de buena visibilidad nocturna veremos que la constelación está en un enorme racimo de estrellas muy juntas, que es la “neblina” que vemos en la foto2, destacando las de la constelación.

En el Unicornio se contabilizan 58 objetos NGC, 1 objeto Messier y 4 objetos Caldwell. El único objeto Messier es un hermoso cúmulo abierto de alrededor de 200 estrellas (M50), que destaca sobre el fondo (foto3). La constelación tiene una nebulosa muy conocida por los aficionados, porque es un reto para la vista: La Nebulosa Roseta (NGC 2237), una nebulosa de emisión conocida por sus hermosos colores rojizos. NGC 2244 es un cúmulo abierto situado dentro de la Nebulosa Roseta (foto4), que tiene el número 50 del Catálogo de Caldwell. Se estima que el cúmulo podría tener unos 50 años-luz de diámetro.

Esta nebulosa, es una región de creación de estrellas grande y circular, ubicada en el borde de una enorme nube molecular, que se aprecia con pequeños telescopios (Mag. 9), y situada en la misma banda de la Vía Láctea. Se encuentra a una distancia de la Tierra de 5.200 años luz y es posible que llegue a medir unos 130 años luz.

 Lo curioso de esta nebulosa, para los aficionados, es que el cúmulo interior es muy visible y se puede ver hasta con unos prismáticos. La nebulosa no, precisamente por su color rojo, que como todos sabemos es muy difícil de detectar por su baja frecuencia.

Tanto se ha estudiado esta nebulosa que las partes más brillantes de la Roseta tienen diferentes nombres en el New General Catalog: NGC2237, NGC2238, NGC2239 y NGC2246.

Dado que creo haber llegado al límite de extensión del artículo del mes y como no tenemos ninguna prisa, dejaré el resto de los interesantes otros objetos para el siguiente y último artículo dedicado a esta bella aunque débil constelación. Para ubicarnos, mientras tanto, os diré que la Nebulosa Roseta podemos localizarla entre las constelaciones de Orión y el Can Menor, uniendo las estrellas Betelgeuse de Orión y Procyon de Can Menor. En el centro de esta recta se podrá localizar a la Nebulosa.

La mejor época, el invierno, así que… a abrigarse y a…      !! Mirar al Cielo ¡¡

M. Manero Rivas