Retomamos en este artículo el estudio de las constelaciones ecuatoriales y quiero hacer una pequeña mención a por dónde vamos y qué  significa su definición.  Llamábamos “ecuatoriales” a las agrupaciones de estrellas que ocupan en el cielo una franja que comprende arriba y abajo de la línea que “traza” (supuestamente) el ecuador de la Tierra sobre el cielo estrellado de nuestra Galaxia, la Vía Láctea, cuyo ángulo de desviación respecto al plano de la órbita alrededor del Sol, la Eclíptica, es de 23 grados, 27 minutos. Este ángulo es el que hace posible la existencia de las 4 estaciones en la mayor parte del planeta, a excepción del ecuador.

Estas constelaciones son: Canis Minor, Cetus, Delphinus, Equuleus, Monoceros, Ophiuchus, Orión, Scutum, Serpens y Sextans. La foto1 nos da una idea de cómo está situada la Tierra en el espacio.

 

La siguiente constelación ecuatorial que vamos a ver es Monoceros, en castellano el “Unicornio”. Es una notable agrupación de estrellas rodeada por Orión al oeste, Géminis al norte, el Can Mayor al sur e Hydra hacia el este. Otras constelaciones limítrofes son el Can Menor, Lepus y Puppis.

Es una constelación relativamente moderna, cuyo nombre se atribuye el astrónomo holandés Petrus Plancius en 1613. Sin embargo algunos indican que la constelación es mucho más antigua, figurando en escritos de 1564..Etimológicamente, su nombre proviene del griego “monos” = uno y “ceros” = cuerno (Recordemos el nombre del animal “rinoceronte” = un cuerno por nariz). 

La mejor época para observarla es en invierno, porque sus estrellas principales son relativamente débiles, destacando: Beta monocerotis, de nombre Cerastes y de 3,76 mg. La estrella es una gigante naranja compuesta por otras 3 cercanas que se pueden apreciar con un pequeño telescopio. 

La estrella Alfa monocerotisLucida, de magnitud visual 3,93, es una gigante amarillo-naranja a 144 años luz de nuestro Sistema Solar.

Gamma monocerotis (Tempestris), de magnitud 3,98, es también gigante naranja, pero está mucho más lejos. Recordemos que las estrellas de las constelaciones están ahí “juntas”, pero sólo visualmente. El cielo es de 3 dimensiones.

A partir de la siguiente estrella, Delta monocerotis, son ya superiores a la cuarta magnitud y solo unos buenos prismáticos o telescopios de aficionado podrán alcanzar a ver su brillo.

La foto3 es una curiosa interpretación de la constelación de Monoceros que he encontrado por Internet y que muestra al “Can Menor” subido a la grupa del caballo.

A pesar de su poca relevancia, Monoceros cuenta con unos objetos  de cielo profundo de gran belleza, por lo que estimo muy conveniente dedicar a ellos la segundo parte del artículo sobre la constelación del Unicornio.

Mientras tanto, en este mes de Noviembre y durante todo el invierno, habrá ocasión para ver al Unicornio y si disponéis de un pequeño telescopio, echad un vistazo a sus asombrosos objetos estelares. Hasta entonces, !!Mirad al Cielo!!

M. Manero