Me comprometí con la ciudadanía de Rivas, como Alcalde,  a defender los servicios públicos, la participación y la transparencia en las elecciones municipales y poco a poco lo vamos consiguiendo.

En Marinaleda, el Alcalde Sánchez Gordillo, cada vez que hay que aprobar los presupuestos municipales o aspectos de gran calado en la ciudad, convoca a la ciudadanía a una asamblea en el polideportivo municipal, y allí, a mano alzada, se votan.

Nosotros y nosotras en Rivas, no vamos a ser menos. Hemos creado una plataforma telemática ligada al padrón municipal, para que todo el mundo pueda votar, con garantías, y participar en la política diaria municipal, al menos la de gran calado.

Así hicimos con la planta de residuos experimental. Nos comprometimos en un pleno a preguntarle a la ciudadanía si seguíamos experimentado con ella o preferían cerrarla definitivamente. Y la ciudadanía nos dijo que mejor cerrarla, que Europa no admite plantas de residuos que mezclan las basuras, que toxifica la materia orgánica, al hervirla y mezclarla con tintes y metales pesados. Que mejor dejar de gastarnos el dinero en este engendro medioambiental e invertirlo en compostar nuestra materia orgánica y campañas de reducción de envases. Así que en ello estamos: cerrando el experimento y dedicando el dinero a otra cosa.

También, ante las protestas de muchos vecinos y vecinas, les consulté si debíamos seguir utilizando sopladoras en el barrido de nuestras calles. Y me dijeron que no, que eran ruidosas y muy peligrosas sanitariamente. Y la verdad es que enseguida di orden de ir sustituyendo las sopladoras por aspiradoras industriales. La universidad de Cartagena nos ha advertido que estas sopladoras pueden provocar cáncer por las partículas que dispersan y no es plan de que en plena pandemia sanitaria sigamos levantando todo lo que hay en el suelo y ensuciando el aire que respiramos.

Nada más convertirme en Alcalde consulté a la ciudadanía si prefería que mi sueldo siguiera rondando los 60.000 euros. También consulté si es correcto tener varias decenas de cargos de confianza cobrando algunos de ellos más de 70.000 euros y en total más de un millón al año. Y la ciudadanía me dijo que tal y como está el patio, mejor sería una rebaja a la mitad del sueldo: tres salarios mínimos estaría bien. Y también me dijo que dejáramos de nombrar cargos de confianza a dedo, que las oposiciones laborales están regladas desde hace tiempo. Y yo cumplí con mucho gusto. Como tantas veces se ha dicho, ni yo ni mis cargos de confianza debemos cobrar más que una cirujana o un profesor.

Hace un año justo, pregunté a la ciudadanía si convendría que una empresa privada construyera y gestionara, durante los siguientes 40 años, un polideportivo municipal en el Barrio de la Luna. Así nos ahorrábamos un montón de euros y problemas. Pero la ciudadanía nos dijo que mejor ahorrar un poco y construirlo con nuestro dinero y hacer oposiciones y contratar directamente al personal para gestionarlo. Y nuestro gobierno cumplió, como no podía ser de otra manera: estamos a punto de construirlo, porque nos ha sobrado dinero de otros años, y además así aseguramos la calidad del servicio y unas buenas condiciones laborales a quienes tendrán que atenderlo.

También hicimos una consulta para que la ciudadanía nos dijera si convendría mantener una buena parte de los servicios públicos municipales privatizados, por valor de varias decenas de millones de euros.  La ciudadanía nos dijo que mejor ir municipalizándolos todos, que ya no hay ley Montoro que lo impida, que mejor una gestión pública de los servicios, con unas buenas relaciones laborales, que producir beneficio empresarial a cargo del erario público,  a costa de la calidad del servicio o merma en las condiciones laborales. Y un gusto, la verdad, hacer caso a mis vecinos y vecinas, e ir municipalizando servicio a servicio cuando toque renovarlos. Así podremos seguir exigiendo a la Comunidad de Madrid una sanidad y una educación públicas de calidad y que nadie nos ponga la cara colorada por lo que hacemos en nuestra ciudad.

También preguntamos a nuestros vecinos y vecinas si preferían seguir con unos autobuses internos contaminantes y consumir energía procedente de centrales nucleares o térmicas. La ciudadanía, con buen criterio, nos dijo que prefería autobuses eléctricos con unos mejores itinerarios y más frecuencias, como ya se están instalando en multitud de ayuntamientos, incluso en Madrid. También nos dijo que deberíamos crear una empresa pública de energía, como ya han hecho otros ayuntamientos, y sólo consumir energía procedente de energías renovables.  Y nuestro gobierno, orgulloso de cumplir este mandato y trabajar contra el cambio climático: nos ponemos manos a la obra para comprar sólo vehículos eléctricos cuando haya que cambiar la flota municipal,  y también empezaremos a sustituir los autobuses y las energías contaminantes por energía exclusivamente renovable.

Pero ¡ay! Nuestro alcalde abrió los ojos, vio que ya se disipó la nieve de las calles y aceras y despertó de este mal sueño.

Con un fuerte dolor de cabeza, por esta mala pesadilla post-filomena, se despojó de las sábanas, desayunó y se encaminó a la reunión ordinaria de la Junta de Gobierno, donde tendría que decidir si procede consultar a la ciudadanía por el nombre que ha de ponerse al nuevo colegio.

José Manuel Pachón López