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OPINIÓN

El que no llora, no mama

El que no llora, no mama: Humanizar la atención al ciudadano

Mi buen amigo Batichelo -vallekano como yo y con el que también comparto vivir en Rivas-Vaciamadrid- siempre que nos vemos me comenta que dos días a la semana acude a su centro de mayores a jugar su partida de ajedrez. Me dice que está contento y que esta actividad le proporciona numerosas ventajas. Lleva varios años jubilado y expresa su satisfacción con esta iniciativa municipal, a la que acude también a los servicios de peluquería y podología. Y muy de vez en cuando acude a comer o desayunar. Todo esto a precios económicos.

Hasta mi jubilación no me había mostrado interesado por los servicios que ofrece el Ayuntamiento de Rivas a la tercera edad. Fue hace pocos meses cuando Batichelo me animó a hacerme socio del Centro de Mayores Felipe II, ubicado en las cercanías de mi domicilio. Me explicó que es un trámite sencillo y con escasa burocracia -se acude, se solicita ser socio, se adjunta una foto y algunos documentos como copia del DNI o empadronamiento-y se ofreció a acompañarme. Todo parecía sencillo hasta que me senté delante de la persona que me atendió.

Me explicó esta trabajadora de la empresa privada que gestiona este centro de mayores que ese día no podía hacer nada al respecto de mi solicitud porque no estaba abierta la ventana electrónica de inscripción. Me instó a acudir otro día para darme cita de espera. Batichelo indicó que a él no le tocó tanta burocracia y yo expuse que me parecía absurdo tanto viaje de ida y vuelta y un exceso de tramitación todas estas medidas. Ella contestó que recibía órdenes del Ayuntamiento.

Acudí otro día y la ventana de inscripción ya estaba expedita. Me dio cita para 30 o 40 días después, pero no en la sede del Felipe II. Debería acudir a la sede de la concejalía que lleva estos asuntos. Varios desplazamientos para una sola gestión, sin tener en cuenta los problemas de movilidad o dependencia del solicitante. Falta de sensibilidad y conocimiento de la realidad de la persona que dio esas órdenes.

Me sentí fatal y me pareció una injusticia de tal tamaño que comenté lo sucedido con todo el mundo, con mis hijas y con varios ediles. También se lo dije a la alcaldesa, quien atendió con interés mi denuncia y dijo desconocer este nuevo sistema para hacerse socio de un centro de mayores.
Días después me llamaron del sitio al que debía acudir a mediados de junio para sacarme el carné de tercera edad y me dijeron que la cita se adelantaba y sería días después. Ese mismo día me volvieron a llamar para decirme que todos los trámites los podía realizar en el Felipe II. Hasta hace poco se hacía todo en el Centro de Mayores que elije cada persona.

Así lo hice y las personas que me atendieron correctamente no supieron decirme si la norma aplicada a mí se extendería a todos las personas jubiladas que se hagan socias de los centros de tercera edad.
Desde muy joven hice mío el refrán popular ‘el que no llora, no mama’ y aprendí que, si no expreso mis deseos y quejas legítimas, no obtendré lo que busco. A veces, incluso llorando por razones justas no se llega a la teta de los servicios que se nos ofrece. Humanizar la atención al ciudadano debería ser una obligación de los gobernantes, que deben guiar sus actuaciones en el sentido de dar un trato digno, empático y respetuoso, adaptando los entornos a la naturaleza humana, especialmente en atención a los vecinos.

Un buen amigo y concejal de Rivas me comentó que está convencido de que el trato dado por mis llantos se extenderá a todos. Según él, yo he detectado un error y los errores se solucionan sin ningún problema sobre todo en sectores de la tercera edad o dependencia que han funcionado relativamente bien en los últimos años en Rivas.

Seguiré llorando cuando sea necesario para que el producto de la teta pueda dar de mamar a todos los necesitados de trato humano. A los jubilados, a veces, nos dejan a un lado y nos borran año a año y muy despacio. La vida no acaba en la jubilación. Mi llanto de ahora persigue invitar a la comunicación activa y la persistencia para alcanzar objetivos.

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