El término misoginia está formado por la raíz griega “miseo”, que significa odiar, y “gyne” cuya traducción es mujer, y se refiere al odio, rechazo, aversión y desprecio de los hombres hacia las mujeres y, en general, hacia todo lo relacionado con lo femenino.

La misoginia no es una enfermedad de nuestros días, sino que posee una apretada y lejana historia. Decía André Glucksmann, filósofo francés, que “el odio más largo de la historia, más milenario aún y más planetario que el del judío es el odio a las mujeres”. Anna Caballé recoge esta idea en su magnifica antología Una breve historia de la misoginia. Y es que Caballé al abordar la historia de la misoginia en España o, mejor dicho, la representación literaria de la misoginia -desde la edad media hasta el siglo XVI, el periodo barroco, el siglo XVIII, el XIX y el XX- y ofrecer textos testimoniales del desprecio, odio y descalificación de las mujeres, confirma las huellas que ha dejado la misoginia explícita en tantas y tantas obras y autores clásicos en la pervivencia del pensamiento misógino en la sociedad española de hoy, no sólo por parte de los hombres sino también de las mismas mujeres.

El libro reúne por capítulos a los grandes misóginos medievales -Don Manuel, Jaume Roig o Pere Torroella, pasando por los Siglos de Oro, Quevedo-, el siglo XIX hasta llegar al XX, donde aparecen textos de autores como Ortega y Gasset, y otros contemporáneas de Gabriel Albiac o Francisco Umbral.

Un  ejemplo es el de Gregorio Marañón, “En todas las que han dejado un nombre ilustre en la historia, se pueden descubrir los rastros del sexo masculino.

Pero sobre todo pone encima una gran defensor de la mujer ya en el siglo XVIII, Benito Jerónimo Feijóo en su discurso en Defensa de las Mujeres. Una muestra su inicio:

  1. En grave empeño me pongo. No es ya sólo un vulgo ignorante con quien entro en la contienda: defender a todas las mujeres, viene a ser lo mismo que ofender a casi todos los hombres: pues raro hay que no se interese en la precedencia de su sexo con desestimación del otro. A tanto se ha extendido la opinión común en vilipendio de las mujeres, que apenas admite en ellas cosa buena. En lo moral las llena de defectos, y en lo físico de imperfecciones. Pero donde más fuerza hace, es en la limitación de sus entendimientos. Por esta razón, después de defenderlas con alguna brevedad sobre otros capítulos, discurriré más largamente sobre su aptitud para todo género [326] de ciencias, y conocimientos sublimes.
  2. El falso Profeta Mahoma, en aquel mal plantado paraíso, que destinó para sus secuaces, les negó la entrada a las mujeres, limitando su felicidad al deleite de ver desde afuera la gloria, que habían de poseer dentro los hombres. Y cierto que sería muy buena dicha de las casadas, ver en aquella bienaventuranza, compuesta toda de torpezas, a sus maridos en los brazos de otras consortes, que para este efecto fingió fabricadas de nuevo aquel grande Artífice de Quimeras. Bastaba para comprehender cuánto puede errar el hombre, ver admitido este delirio en una gran parte del mundo.

Y increíble el punto 18:

No por eso apruebo el arrojo de Zacuto Lusitano, que en la introducción al Tratado de Morbis Mulierum con frívolas razones quiso poner de bando mayor a las mujeres, haciendo crecer su perfección física sobre los hombres. Con otras de mayor apariencia se pudiera emprender ese asunto. Pero mi empeño no es persuadir la ventaja, sino la igualdad.

La igualdad entre hombres y mujeres defendida en 1.725, increíble. Tanta misoginia que todavía padecemos en la actualidad y no solo los hombres también mujeres. Imitadoras de Pilar Primo de Rivera que declaró: “las mujeres nunca descubren nada. Les falta, desde luego, el talento creador reservado por Dios a inteligencias varoniles”.

Os adjunto un enlace al discurso de Feijóo, en Defensa de las Mujeres, que creo a todas y todos os debía interesar leer.

http://www.filosofia.org/bjf/bjft116.htm