OPINIÓN

Raúl Martínez es un sindicalista, activista y vecino de Rivas.

El mito de la descoordinación entre administraciones

«No es descoordinación, es neoliberalismo», afirma Raúl Martínez en este artículo de opinión.

Vivimos tiempos en donde la extrema derecha está generando discurso y hegemonizando en su denominada guerra cultural. El avance de esta, junto a la derechización de las antiguas derechas liberales y conservadoras ha roto los consensos surgidos después de la II Guerra Mundial. Es una tendencia a nivel mundial, y las distintas organizaciones del ámbito de izquierdas (aplicando tácticas muy distintas) no estamos sabiendo dar con la solución perfecta.

Dicho avance no debe ser asumido como definitivo, siempre y cuando sus contrincantes (en este caso las gentes de izquierdas y progresistas) no renunciemos a dar la pelea. Los impuestos, los servicios públicos, la universalización de derechos, las pensiones, la igualdad entre hombres y mujeres, los derechos humanos, etc. son campos de batalla en donde debemos involucrarnos todos los sectores que deseamos construir una sociedad en común.

La excusa de la descoordinación: una estrategia ideológica

A nivel local vivimos esas batallas. Por ejemplo, en el caso de nuestra ciudad llevan años, y en los últimos meses con más fuerza, repitiendo de distintas formas que los problemas de nuestra ciudad son por la falta de entendimiento de nuestro ayuntamiento con la Comunidad de Madrid. Incluso en sectores de izquierdas hemos oído de forma informal explicar la falta de algunos servicios públicos de competencia autonómica como consecuencia de que somos de izquierdas y es una forma de castigarnos. Una manera fácil de no entrar en el fondo del asunto.

La falta de centros de salud, de centro de especialidades médicas, urgencias, plantillas médicas mermadas, alumnado con centros educativos en obras durante años, falta de oferta de Formación Profesional, de transporte interurbano deficitario (tanto metro como autobús),… no es debido a un castigo a Rivas, es algo más simple pero más difícil de combatir: IDEOLOGÍA NEOLIBERAL.

Si el problema fuese que en Rivas se vota izquierda, el tener alumnado en barracones o centros públicos en obras sería una circunstancia de nuestro municipio y no existirían 30 colegios en la misma situación en toda la Comunidad.

Si el problema fuera que en Rivas tenemos una alcaldía de IU desde hace décadas resistiendo el avance del PP en todo Madrid, la falta de médicos o centros de salud sería un problema de Rivas y no de toda la región.

Analizándolo fríamente es fácil entender que el penoso metro que tenemos no es consecuencia de lo que votamos en las municipales, sino producto de un negocio donde casualmente en el accionariado de TFM (el metro de Rivas y Arganda) está FCC, Acciona y ACS, cuyo interés no es la prestación de un servicio público de calidad sino el rédito económico a final de año.

Síntomas de un modelo neoliberal que avanza a toda costa del bienestar común

La Comunidad de Madrid se convirtió hace más de una década en la primera CCAA en donde son mayoría los centros educativos con financiación privada. Tener alumnado en barracones o estudiando mientras tienen que soportar obras es simplemente una táctica bien engrasada para derivar “clientes” a los centros privados, es la excusa para seguir concertando centros educativos.  Tener listas interminables para pedir cita con tu médico de cabecera es parte de esa táctica para generar clientes de los seguros privados. En 2024 el precio de la vivienda (partiendo que es un problema estructural en nuestro país que hay que atajar) subió el doble en Madrid que en Barcelona, no es producto de una casualidad geográfica, es parte de ese plan preestablecido de gentrificación de la ciudad y expulsión del vecindario para convertir nuestra capital en un parque temático para turistas en beneficio de determinados sectores económicos. Recordemos el “no aplicaré nada de su Ley de la Vivienda en Madrid” de la derecha madrileña (una ley bastante insuficiente por cierto).

No podemos negar que estamos en un momento de cansancio político, de descrédito de las instituciones y de rearme ideológico de la derecha más extrema. Frente a esto podemos mirar a otro lado. Comprar el discurso de “todos son iguales” o “se pelean por una cuestión de siglas”. Pero hay que decir tajantemente que no; no es lo mismo el que aumenta paulatinamente las municipalizaciones que el que disminuye el sector público cada año. No es lo mismo el que quiere regular los precios de la vivienda que el que defiende la liberalización del suelo (igual que en aquella “maravillosa” época del boom inmobiliario que provocó una de las peores crisis de nuestro país). No es lo mismo quien defiende los Derechos Humanos que quién los pisotea.

¿Qué hacer? Frente a su individualismo, seguir tejiendo alianzas en cada espacio en el que nos encontramos para construir una vida en común. Fortalecer el tejido social en nuestros centros de estudio, en nuestros barrios, en los centros de trabajo, hacer pedagogía y no amedrentarnos ante los que levantan la voz, generan bulos y fakes news.

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