Artículo de opinión de Nino Olmeda sobre la situación de la sanidad pública madrileña.
El Francés, así llaman a mi querido amigo desde la primera juventud en la Vallekas antifascista y republicana de los últimos años del dictador Francisco Franco, me llamó una mañana algo inquieto. Ese día, cuando una parte de España, la que algunos dicen que se rompe, ardía en llamas por los efectos devastadores de las llamas por las altas temperaturas y, sin duda, por el cambio climático, me explicó sorprendido que había acudido al Hospital de Collado Villalba, público pero de gestión privada, a la cita anual con el especialista para revisar su dermis, amenazada por unas manchas sospechosas. Su sorpresa, en esta ocasión, es que le dijeron que no hay dermatólogo. Le pasaron a una sala donde una enfermera le hizo unas fotos de las partes dañadas y le dijo que las enviaría a un especialista y que ya le llamarían.
Me pareció extraño esto en un hospital de la Comunidad de Madrid, aunque en algunos centros de salud también hay carencias considerables. En Rivas-Vaciamadrid, mi pueblo, faltan médicos y pediatras, y hay solo dos fisioterapeutas para más de cien mil habitantes. Hice una llamada a un buen amigo que entiende de esto, el doctor García Blanco (oncólogo y viceconsejero de Sanidad en el Gobierno presidido por Joaquín Leguina). Le explique lo que me contó El Frances y me explicó que la Atención Primaria va de mal en peor desde la llegada de Isabel Díaz Ayuso a la Presidencia regional. Recordó que el PP lleva 30 años en el poder autonómico y que Ayuso, la ‘patriotera’, es la continuadora de las políticas privatizadoras de sus colegas peperos. Me puso muchos ejemplos y me hizo reflexionar sobre los patriotas y los patrioteros.
Patriota es el que tiene amor por su patria y procura todo su bien; el que defiende el progreso y bienestar de todos sus habitantes, los españoles, con independencia del color de su piel, cuenta corriente, credo religioso o género.
Patriotero se aplica a quien alardea excesiva e inoportunamente de patriotismo. Esos alardes exagerados e inoportunos llevan a lo que se suele llamar patrioterismo: la costumbre de ensalzar la patria, llenándose la boca de elogios a la misma sin preocuparse por el bien común.
El Francés me preguntó «si la Ayuso conoce el padecer de los que esperan ser atendidos en la sanidad pública en tiempo y forma». Si siente su dolor, añadió, por qué en ninguna de sus intervenciones públicas habla de los problemas de la sanidad madrileña y de las listas de espera, que para ella son datos y poco más. Es verdad, siempre que coge un micrófono habla de lo malo que es el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al que acusa de querer romper España y de mandar a todos los poderes del Estado contra su pareja sentimental, imputado por no sé qué relacionado con el negocio de las mascarillas durante la pandemia.
Pensé, cuando apareció para dar cuenta de los efectos de los incendios en la región, que hablaría de las reivindicaciones de los bomberos y agentes forestales de Madrid. Pero no, dijo que todo es culpa de Sánchez, del que afirmó que pretende que España se queme para luego aparecer como el salvador.
Mientras faltan médicos en los hospitales y el personal sanitario se queja, mi amigo El Francés y el doctor García Blanco me preguntan si la Ayuso es consciente del daño que hacen sus políticas de debilitamiento de los servicios públicos esenciales. Se lo preguntaré.









