Durante muchos años en la escuela pude dedicar tiempo y recursos a estudiar el tema del sexismo y de la discriminación que sufren en muchas ocasiones las niñas y las mujeres por el hecho de serlo. Estudiábamos la realidad de cada familia, las circunstancias del entorno, analizamos nuestras propias ideas y reflexionábamos sobre lo que pasaba. Veíamos las diferencias de trato, de derechos, de posibilidades… y comentábamos las posibles actuaciones que nos ayudaran a avanzar hacia la igualdad. Y eso lo hacíamos contando con las familias que aportaban y participaban en la medida de sus posibilidades.

Es importante abordar esta cuestión en las escuelas. Pero no nos podemos limitar a señalar las diferencias y pensar que la igualdad llegará de forma natural.

Para llegar a esa igualdad es necesario un trabajo más continuo, más profundo, que nos lleve a reflexionar y cuestionarnos, si es necesario, nuestras ideas respecto a la identidad personal, las relaciones, el amor… Y este tema desborda el tiempo y la edad escolar, es algo que nos ocupará a lo largo de toda la vida.

La cuestión es simple de definir pero complicada de poner en práctica: todas las personas somos iguales y nadie tiene derecho a ejercer cualquier forma de coacción para forzar, imponer, controlar a otra persona.

Desde mi perspectiva, está es la cuestión central del feminismo. Una cuestión que va mucho más allá de la visión que nos presentan en muchas ocasiones que lo reduce a una igualdad de trato y de renta entre hombres y mujeres.

El feminismo entendido como el movimiento para transformar a las personas, hombres y mujeres, y conseguir una sociedad en la que no sea admisible que una persona pueda controlar o decidir por otra es una idea que no atañe solo a una mitad de la población. Por el contrario nos incumbe a todos.

A las mujeres porque necesitan pensar y ver cómo el pensamiento social les impone modos de vida, valores, creencias que no siempre están acordes con la idea de igualdad y respeto. Y a los hombres de forma especial porque en la mayoría de las ocasiones nos hemos quedado fuera de esta reflexión y esta práctica y disfrutamos de nuestros privilegios sin apenas tomar consciencia de ellos, ni buscar otras opciones.

Este es nuestro reto. Y la lucha por superarlo es algo que debe ser permanente y no quedarse en una reflexión del día de la mujer. Se trata de asumir que no pueden existir verdaderas relaciones sin justicia.

Esta nueva perspectiva nos propone acabar con toda forma de violencia y aceptar que todas las personas, incluidos niños y niñas, tienen igualdad de derechos. Es un camino que nos lleva a reconocer la igualdad, la diversidad, el derecho a decidir, la libertad.

Y a partir de aquí tendremos que empeñarnos, individual y colectivamente, en construir unos modelos de interacción basados en el respeto y en la creencia de que la satisfacción y el crecimiento mutuo son ingredientes necesarios para que una relación sea gratificante y duradera. En la que nadie se vea dependiente o tenga miedo al abuso.

Se trata de avanzar hacia una idea de relaciones basadas en el reconocimiento y la aceptación. Dando cabida al cuidado, a la responsabilidad, al compromiso, a la gratitud. Y esto nos corresponde también a los hombres.

Por ello debemos cuidarnos y rechazar las opiniones y “voxes” que desde hace un tiempo reniegan de que se dedique el tiempo escolar a estudiar estas cuestiones. ¿Qué modelo de relación están defendiendo?

Colectivo EQS – Miembros del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (http://www.mcep.es)