Humedales madrileños: menos propaganda y más conservación

· Los humedales no catalogados se encuentran en una situación de abandono absoluta por parte de la Consejería de Medio Ambiente. Algunos de ellos incluso podrían desaparecer en poco tiempo

·  Varias zonas húmedas incluidas en el Catálogo regional  sufren procesos de degradación que les ha hecho perder los valores por los que fueron protegidos

·  ARBA, la Asociación Ecologista del Jarama El Soto, Ecologistas en Acción Comunidad de Madrid, GRAMA y Jarama Vivo exigen la actualización urgente del Catálogo de Humedales de la Comunidad de Madrid y la protección efectiva de todas las zonas húmedas madrileñas.

El 2 de febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales, en conmemoración de la firma del Convenio de Ramsar. Los Estados firmantes de este tratado internacional se comprometen a la conservación de todas las zonas húmedas en sus respectivos territorios. La Comunidad de Madrid está muy lejos de alcanzar este objetivo y, cada año que pasa, se aleja aún más.

Las actuaciones en materia de conservación de humedales en la región madrileña están centradas únicamente en los 23 humedales incluidos en el Catálogo de Humedales de la Comunidad de Madrid. Fuera de estos, la gestión que se realiza es prácticamente inexistente. Llama la atención que varios de los humedales más importantes de la Comunidad de Madrid, desde el punto de vista de su fauna o vegetación, se encuentran fuera del Catálogo. Las lagunas del Porcal en Rivas Vaciamadrid, las laguna de Meco, los saladares de Aranjuez, los humedales de los Estragales en Pinto,  o el humedal de Soto Gutiérrez en Ciempozuelos, son quizás los ejemplos más destacables.

A esta desatención en la protección, se añade el hecho más grave de la despreocupación institucional en sus obligaciones por conservar estos ecosistemas acuáticos. Precisamente Soto Gutiérrez, un humedal incluido en el Parque Regional del Sureste está agonizando. Desde la primavera de 2021, el propietario está desecándolo ante la pasividad de la Consejería de Medio Ambiente. Las lagunas de Ambroz en Madrid son otro ejemplo de humedal amenazado de desaparecer, esta vez por un proyecto minero carente de sentido en el entorno urbano de la capital. O los humedales del arroyo de Cañada en Valdemoro que albergan varios hábitats de interés comunitario y prioritarios están en situación crítica a causa del colapso y vertido de la red de aguas residuales del municipio.

Otro caso llamativo de abandono lo encontramos en el conjunto de lagunas de la Esperilla en Arganda del Rey. También localizadas en el Parque Regional del Sureste, son un conjunto de láminas de agua de origen minero que desde hace más de 20 años están a la espera de un proyecto de restauración. Mientras tanto, el paisaje lo dominan toneladas de escombros y asentamiento irregulares.

En cuanto a los humedales incluidos en el Catálogo de la Comunidad de Madrid, tampoco es precisamente garantía de gozar de un buen estado de conservación. Varios de ellos presentan episodios de degradación que han hecho que pierdan los valores ambientales por los cuales, en su día, fueron catalogados. Así, las lagunas del Campillo, del Soto de las Juntas (ambos en Rivas Vaciamadrid) o de Las Madres (Arganda del Rey) han perdido en los últimos 20 años la riqueza de aves que tuvieron en el pasado, entre otras razones por la masificación de visitantes y su falta de regulación (mascotas sueltas, acumulación de coches fuera de aparcamientos, basuras, música amplificada, hogueras,…).

Un caso similar lo encontramos en el conjunto lagunar del Raso, el Picón de los Conejos y el Soto (Velilla de San Antonio). A la falta de vigilancia y el exceso de visitantes, se suma la eutrofización crónica del vaso de las lagunas que ocasiona periódicamente la mortandad de cientos de peces. Otro efecto de su uso público inadecuado es la presencia de siluros, especie exótica invasora, introducida por pescadores desaprensivos.

El abandono ambiental se extiende a otros de los humedales catalogados: el humedal de San Galindo en Chinchón ha sufrido roturaciones y quemas de vegetación como hechos habituales; las lagunas de la Horna en Perales del Río (Getafe) sufren vertidos de todo tipo de basuras y escombros de forma sistemática sin que se aporten soluciones eficientes; las lagunas de Castrejón en El Escorial muy afectadas por el sobrepastoreo y la eutrofización de sus aguas por la  carga de ganado vacuno, en perjuicio de las especies de anfibios que las utilizan para reproducirse. También están amenazadas por la línea de alta tensión de un parque eólico que irá desde Ávila a Galapagar.

Ante esta situación de lamentable desinterés institucional, la Consejería de Medio Ambiente, liderada por Paloma Martín, se limita a realizar actuaciones puntuales propagandísticas y a airear el Plan de Actuación de los Humedales Catalogados, un documento desfasado, publicado con 14 años de retraso, y que deja la puerta abierta a que se realicen actividades incompatibles con la conservación de estos humedales como la caza, la quema de vegetación, el uso ganadero, el uso de fitosanitarios, etc.

En definitiva, para los colectivos ARBA, Asociación Ecologista del Jarama El Soto, Ecologistas en Acción, GRAMA y Jarama Vivo, la situación de los humedales madrileños dista mucho de ser la adecuada debido, principalmente, a la desidia, desinterés, abandono y falta de voluntad de gestión de la Consejería de Medio Ambiente.