Aunque ha sido con la Covid-19 cuando ha tomado más presencia pública el papel de la escuela a la hora de permitir conciliar la vida laboral de las familias este es un tema que siempre ha tenido una enorme importancia dado que afecta a la vida de muchos hogares. Conciliar el horario laboral de los mayores con el horario escolar de las criaturas es una necesidad para gran número de personas. Por ello se ha ido extendiendo la jornada escolar con ampliaciones antes del inicio con los desayunos y después con las actividades extraescolares.

Pero no es suficiente. El calendario escolar de 175 días no cubre el calendario laboral de más de 220 jornadas y esto lleva a una situación difícil para atender a las criaturas en muchos momentos a lo largo del año, especialmente si no se puede contar con el apoyo familiar.

Este tema es de gran trascendencia y tiene un marcado carácter discriminatorio. Suelen ser las familias más necesitadas, las que menos posibilidades tienen, las que necesitarían una jornada escolar ampliada que atendiera a sus hijos e hijas durante su jornada laboral. La solución no es sencilla. Pero hay que ponerlo encima de la mesa porque, especialmente en la escuela pública, cada vez se van oyendo más voces que desligan esta función de los servicios que aporta la escuela. Y rara vez se tiene en cuenta esta cuestión cuando se plantea la revisión del tipo de jornada: continuada o partida. ¿No sería posible un centro que ofertara las dos?

En la actualidad, cada familia se ve abocada a “apañarse como puede” al considerar que es un problema individual y no algo colectivo que debería abordarse como tal.

Si nos paramos a pensar desde esta mirada colectiva tendríamos que considerar algunas cuestiones que nos ampliarían la visión de la escuela y del servicio que presta. Considerando que las escuelas y sus patios son espacios públicos podríamos pedir que estuvieran abiertos para el uso ciudadano facilitando así un lugar seguro para el juego libre de la infancia. (Hoy, lo normal es que a la puerta de los colegios haya parques infantiles y dentro pistas polideportivas, ¿Por qué no podrían estar unidas y abiertas todo el tiempo?)

A partir de ahí, se podrían ofertar actividades y espacios que permitirían lugares de encuentro y acción de los niños y niñas sin la atención directa de sus familias. Para ello podríamos contar con los recursos municipales -ahora ofertan actividades extraescolares en diversos ámbitos-, las propias asociaciones de madres y padres, algunas asociaciones vecinales, algunas familias que se organizan entre ellas para la atención de varios niños…

La idea central es que la escuela se abra al barrio y el barrio se incorpore a la escuela. Las actividades se conectan y con el uso se potencian espacios colectivos seguros que facilitarían la actividad infantil más libre y sin depender de la presencia constante de un adulto.

Esto supondría un cambio en la línea de supervigilancia y de dependencia que caracteriza la vida de gran parte de las criaturas que no disponen de tiempos y espacios para gestionar de forma autónoma. Se trata de recuperar un tiempo para su uso y disfrute. Al fin y al cabo así pasamos muchas horas de nuestra infancia muchos de los adultos actuales.

No es algo sencillo ni inmediato. Pero creo que este es el camino.

Colectivo EQS – Miembros del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (http://www.mcep.es)