Bodas y Naturaleza

Cebrio gypsicola hembra

El tema común de este mes para la revista, las bodas, es relativamente sencillo de relacionar directamente con los insectos, sobre todo si nos centramos en un aspecto crucial de estos eventos: “la noche de bodas”. Y en ese aspecto, hay que reconocer que hay casos y ejemplos para relatar bien diferentes, radicalmente distintos en cuanto a su desenlace, que en ciertos casos es mucho más fatídico y funesto que las antiguas tragedias griegas o romanas.

Por una parte, destacar que mientras hay especies que se acomodan a la intimidad y la discreción (muchos carábidos, entre los cuales hemos elegido el ejemplo de “Licinus punctatulus”), otras lo hacen a pleno sol, sin tapujos, sobre las flores de muchas plantas (Psilothrix viridicoeruleus); por otra parte, algunas especies se amparan en la noche y emplean luces románticas para la ocasión (las luciérnagas, siendo “Nyctophila reichii” nuestra representante más genuina), mientras que otras tienen que aprovechar muy bien el tiempo, ya que su corta existencia se reduce a uno, dos o como mucho tres días de vida, por lo que la luna de miel es tan corta como la palabra que define su nombre común: efímera, siendo “Cloeon dipterum” la especie más frecuente en Rivas-Vaciamadrid (aprovechamos para indicar que todos estos ejemplos que estamos mostrando son de especies habituales en nuestra fauna local).

Sin embargo, hay casos particulares con desenlace bien distinto. Hay especies como los cebriónidos, que son coleópteros cuyas hembras, muy diferentes en cuanto aspecto a los machos, permanecen bajo el suelo toda su vida salvo el momento del apareamiento, en el cual asoman el extremo del abdomen y emiten unas feromonas que atraen fatídicamente a los machos, los cuales llegan volando desde grandes distancias para intentar emparejarse, cosa que solamente conseguirá uno, ya que la hembra se vuelve a meter en el subsuelo en cuanto eso sucede; el espectáculo es dantesco, ya que cientos de machos intentan frenéticamente llegar los primeros y forman una pelota en torno al pequeño orificio del suelo por donde asoma la hembra, destrozándose en una lucha desesperada de la que sólo uno alcanzará el objetivo. Por último, mencionar el caso extremo de las mantis religiosas, de todos bien conocido, que no tiene nada que envidiar a cualquier tragicomedia, ya que en la luna de miel la hembra se come al macho tras la cópula.

Para finalizar, como es costumbre, no queda más que desear un mes excelente y emplazarles, si ustedes son tan amables, a leer la revista que aparecerá el próximo mes. Gracias por estar ahí.

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