OPINIÓN

Javier Gil, concejal del PP de Rivas, posa con camisa de cuadros y americana está de pie al aire libre con árboles borrosos de fondo; la foto es en blanco y negro y se muestra dentro de un marco circular.

BicinRivas: ¿Movilidad sostenible o gasto inquietante?

Artículo de opinión de Javier Gil, concejal del PP de Rivas en el Ayuntamiento.

El Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid ha celebrado con entusiasmo el primer mes del sistema BicinRivas. Se han registrado 3.589 usuarios y se han contabilizado 50.470 usos en solo 30 días. Pero detrás de estas cifras hay una realidad que merece atención: una inversión millonaria que no se ajusta a la duración real del servicio ni a las necesidades de la ciudad.

La adjudicación inicial a la empresa SERVEO fue de 2.899.756 euros. Poco después, se amplió el contrato con otros 578.850 euros. En total, más de 3,4 millones de euros. Esta cantidad forma parte de un préstamo de 10 millones de euros solicitado por el Ayuntamiento a entidades bancarias, con un plazo de devolución de 10 años. A esto hay que sumar los intereses financieros, que aumentan aún más el coste total.

Lo preocupante es que el sistema no está diseñado para durar diez años. En el mejor de los casos, requerirá renovación en cuatro o cinco años, lo que significa que los vecinos seguirán pagando durante una década por una infraestructura que podría quedar obsoleta en la mitad de ese tiempo. Esta falta de alineación entre la financiación y la vida útil del proyecto plantea serias dudas sobre la planificación económica municipal.

Además del gasto inicial en la adquisición de bicicletas, hay que tener en cuenta otros costes recurrentes que no siempre se visibilizan:

  • Mantenimiento técnico de las bicicletas y estaciones.
  • Consumo eléctrico de las bancadas de carga.
  • Vandalismo y reposición de unidades dañadas.
  • Personal de Rivamadrid destinado al mantenimiento y gestión del sistema.
  • Desarrollo, actualización y soporte de la app móvil.
  • Costes administrativos y de supervisión.

Estos gastos, acumulados a lo largo del tiempo, pueden representar una carga presupuestaria significativa que no se ha detallado públicamente.

El sistema parece más una justificación para mantener un carril bici que sigue vacío que una apuesta efectiva por la movilidad. Las bicicletas no se ven con la frecuencia esperada. ¿Se ha producido realmente un cambio de hábitos o estamos ante una campaña de imagen?

El Ayuntamiento presume de 1.682 usos diarios. Con 439 bicicletas disponibles, eso supone menos de 4 usos por bicicleta al día. ¿Es eso suficiente para justificar millones de euros? ¿Cuántos de esos trayectos son realmente útiles y cuántos son recreativos?

Uno de los principios que el Ayuntamiento proclama con frecuencia es la “participación ciudadana”. Sin embargo, en este caso como en otros muchos, ha brillado por su ausencia. No se han realizado consultas públicas, ni encuestas vecinales, ni procesos participativos que permitan a los ciudadanos opinar sobre la necesidad, el diseño o la prioridad de este sistema. La decisión se ha tomado de forma unilateral, sin escuchar a quienes van a pagarla ni a quienes supuestamente van a beneficiarse de ella.

Esta falta de diálogo y transparencia contradice el modelo de ciudad participativa que se pretende proyectar. ¿Dónde queda la voz de los vecinos cuando se trata de inversiones millonarias?

La movilidad sostenible es necesaria, pero debe aplicarse con responsabilidad, planificación y transparencia. BicinRivas podría ser una herramienta útil, pero no puede convertirse en una carga financiera sin retorno. Los ciudadanos de Rivas Vaciamadrid merecen una gestión que rinda cuentas, que escuche y que construya ciudad con sentido común.

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