La calima es una capa de polvo en suspensión proveniente del Sáhara, que hacía décadas que no llegaba con tanta fuerza a la península.

Desde ayer, una capa de polvo en suspensión del Sáhara ha llegado a la península ibérica impulsada por la borrasca Celia, poniendo en alerta a varias ciudades por la mala calidad del aire y por la “lluvia de barro” que también ha teñido de ocre las calles y coches de Rivas-Vaciamadrid. La Comunidad de Madrid ha reiterado que la calima no es peligrosa, pero recomienda a las personas con problemas respiratorios no hacer ejercicio en la calle ni al aire libre.

Según el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), las concentraciones de polvo de ayer alcanzaron entre 5 y 500 microgramos por metro cúbico. Esto supone una calidad del aire “desfavorable o muy desfavorable”, según el Área de Vigilancia de Riesgos Ambientales en Salud de la Dirección General de Salud Pública de la Comunidad de Madrid.

Una de las recomendaciones es usar el transporte público, para ayudar a reducir los niveles de partículas suspendidas en el aire. Si no es posible, se recomienda tener precaución al volante por la menor visibilidad en carretera. Desde Samur-Protección Civil, han recomendado también hidratarse, cerrar ventanas (no ventilar la casa o hacerlo no imprescindible), salir con mascarilla y posponer en la medida de lo posible la actividad física al aire libre.

Las partículas en suspensión son un contaminante atmosférico que puede tener origen natural como la calima (tormenta de arena) o ser provocado por la actividad humana (tráfico, minería, etc.). Se componen de aerosoles y sólidos microscópicos. El característico color marrón de la calima se debe a su composición mineral, con presencia de arcillas, cuarzos y carbonatos. La Consejería de Sanidad actualiza la información de la situación en la web www.madrid.org/calidaddelaire y recomienda extremar la precaución a las personas asmáticas o con afecciones respiratorias. V.R.