OPINIÓN

Radio, un bien común

La palabra regalada

Artículo de reflexión literaria de Álvaro Villanueva.

Hay quienes os creen bárbaros e ignorantes. Que nada decís hoy, que se mueren vuestras palabras como restos olvidados entre manuscritos polvorientos y agujeros de polilla. Que la literatura hoy solo es, como la pintura, un mercado. Como se vende un Picasso se vende un manuscrito de Lope de Vega. Ese es el fin del Verbo. Pobres ellos.

Hay quienes os creen inútiles e imaginan en su fantasía que cualquier palabra equivale a otra. Por favor, ¡que existen los sinónimos totales! No diré, ideas agotadas y elitistas de “modas y prendas” del lenguaje, que la forma de comunicación es la primera carta de presentación; pero sí digo algo con mucha mayor relevancia, la lengua crea o destruye perspectivas, amplía o estrecha pasiones, siembra o destruye ideales. Hoy algunos dicen “somos la primera generación que no sabe cómo se escribe una carta de amor”, pero estos mismos olvidan que primero hay que explorar qué es un sentimiento como el amor. Qué triste quien solo tiene en la cabeza un “te amo”, un “te quiero” o un “guapo/guapa”. Y todavía se confunde con cursilería. Pero no importa, si con esto les basta, pobres ellos.

Hay quienes os creen desfasados y quieren encontrar respuestas en bestsellers y en textos más cercanos por sencillos. No hagamos de lo humano algo fácil, porque no lo es. Es tan rica la lengua como ricos sus usos; cuidarla es sentir más, percibir más, transmitir más y vivir de manera más personal e intensa. Os hablo a vosotros, poetas, “autores”, dramaturgos, narradores, cultivadores todos de la palabra; anteriores, digamos, al siglo XIX (sálvese la malinterpretación, claro, de este neoestoicismo que nos abruma), siempre con pocas excepciones. No voy a poner ejemplos; además de cutre, ¿para qué serviría? Ya basta, colgad vuestras arpas y cítaras, creadores, colgadlas sobre las altas ramas de los sauces, como aquellos judíos desterrados de sus tierras. Lo hicieron ya hace mucho, pero nadie pudo percibir que la música había cesado y el mundo estaba ahora en silencio, regalando palabras, sonidos que no valen nada. Pobres ellos.

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