Artículo de Iván Campos, trabajador y sindicalista en Fundación Manantial.
En el mal llamado paraíso de la libertad de la Comunidad de Madrid, ese donde pueden morir 7291 personas en sus residencias, ser desahuciadas familias vulnerables, existir centros escolares públicos sin climatizar o interminables listas de espera en la sanidad, existe otra vergonzosa realidad que es la del tercer sector. Esa mal llamada libertad que ya Lenin denunció como cínica, hace tiempo, al definirla como la libertad de lucro para los ricos y la libertad de morir de hambre para los trabajadores.
Cita, como todas las de su legado, que permanecen más vigentes que nunca en el «salvaje oeste» que representa este Madrid neoliberal y fascista de Ayuso, donde todo se rige por la ley del más fuerte.
En este contexto, el sector social sufre al intentar cubrir las carencias donde no llega el Estado del bienestar. Carencias que suponen derechos básicos que están recogidos en la tan recurrente para lo que conviene, Constitución de 1978 y que suponen la ardua misión de defender como injusta, la situación de personas vulnerables y en muchos casos sin recursos.
Por lo tanto, partiendo de la base de un liberalismo que prioriza por encima de todo el individualismo frente al bien común, nos encontramos con personas acusadas de ser subvencionadas o directamente parásitas de la administración, al ser preceptoras de recursos para mejorar su situación.
Pero vayamos a la base del problema; la ideología de la intervención social. Aunque, interese a determinados sectores quitarle valor porque lo que interesa es producir, consumir y no pensar. La ideología supone una manera determinada de entender y afrontar la realidad y eso por tanto, va a determinar la visión de los servicios sociales.
El trabajo en el sector social se puede entender como: intervenir en la situación de determinados colectivos porque tienen derecho a tener una vida plena como cualquier persona o ayudar a mejorar la situación de derminados grupos con las migajas del sistema. Esto nos remonta a los tiempos oscuros de la beneficencia.
En la actualidad, el camino de la gestión de los servicios sociales nos conduce a ese escenario, pero todo desde la lógica capitalista.
El funcionamiento basado en esta lógica implica la obtención del mayor beneficio posible con el menor coste y en el menor tiempo posible. Traducido a la atención social, supone poner en funcionamiento acuerdos marco, proyectos, etc con el menor número de recurso materiales y humanos. Es decir, a costa de asfixiar y maltratar a las trabajadoras con salarios y condiciones miserables, en las que además en muchas ocasiones, sobrepasan los límites que la legislación laboral establece. Pero todo ello, acompañado de campañas de difusión para demostrar qué buenos son los buenos con los que no tienen nada. Consiguiendo que se les retire el foco e incluso tengan un trato fiscal muy favorable.
Así estas empresas se lucran de la necesidad de otras personas mientras alzan la bandera de la defensa de sus derechos. Todo ello, patrocinado por el gobierno regional que se niega a regular la relación laboral de trabajadoras y empresas. Mientras, ven como se deteriora la atención sin perder tiempo para hacerse la foto presumiendo de su labor. Pero claro, esa gente ya recibe un servicio y encima gratis. Y es que «este es el mercado, amigos» y ahí solo manda la famosa mano invisible de Adam Smith.
Esta problemática, desde el punto de vista laboral, cuenta con el problema del bajo número de trabajadoras sindicadas, a lo que se suma la dispersión geográfica y la tipología de centros de trabajo con pocas trabajadoras. Esto limita la realización de acciones de protesta.
La respuesta debe partir, en mi opinión, de dar visibilidad al sector y a las conflictivas porque lo que no se conoce no se menciona y menos en un sector invisibilizado que atiende los sin voz, a los oprimidos; las víctimas del sistema.
Es necesaria una estrategia de comunicación y difusión agresiva, que ataque sin miramientos a la línea de flotación de estas empresas que se enriquecen a costa de la necesidad de personas vulnerables: su imagen.
En estos momentos, hay varias conflictivas laborales abiertas Samur Social, Manantial Gestión SL (sociedad del Grupo Manantial), Asispa o los espacios de igualdad.
Esto debe suponer el punto de inflexión para unirse y organizarse sin importar siglas de sindicatos. Trabajando mano a mano junto a fuerzas políticas que están tomando la iniciativa y ejerciendo de altavoz desde el corazón la bestia y desde ayuntamientos de la periferia, como Más Madrid e Izquierda Unida en los consistorios locales donde tiene representación. Contando ambas con el apoyo de otras fuerzas progresistas.
¡Juntas somos más fuertes! ¡Guerra a la guerra!









