El presidente de EEUU, Donald Trump, está consiguiendo, desde su llegada a la Casa Blanca, destrozar el orden internacional y hacer de la chulería y del ordeno y mando con las armas en la mano el método de trabajo en la política internacional, después de comportarse con sus propios ciudadanos como un ayatolá y líder político-religioso bendecido por su Dios. Asaltó Venezuela y se llevó detenido por la fuerza al presidente de ese país, Nicolás Maduro, con el supuesto objetivo de traer la democracia y, de paso, quedarse con el petróleo. Este acto armado se llevó a cabo sin el permiso de nadie y respaldado exclusivamente por los delirios permanentes que sufre a diario. No se puede invadir un país solo porque sus gobernantes no te rinden pleitesía.
Anunció su intención de hacer lo mismo con Cuba o Groenlandia, y lo llevó a cabo en Irán, en apoyo, en este caso, de Benjamín Netanyahu, el criminal de guerra que sembró Gaza de cadáveres (más de 70.000, entre ellos, multitud de niños y niñas) con la malvada intención de sumar a Israel estas tierras palestinas.
Esta invasión ilegal, sin reconocimiento internacional, igual que la acción criminal del presidente ruso, Vladimir Putin, iniciada hace años en Ucrania, la estamos sintiendo en Europa, y en España. El petróleo, que es lo que está en juego en estas guerras de Trump, está haciendo que suba la gasolina, lo que afecta a nuestros bolsillos.
Muchos más productos pueden subir y todo porque algunos quieren subvertir el orden internacional para hacer más ricos a los señores de la guerra y más desgraciados a los demás. Este es el momento de gritar bien alto ‘No a la Guerra’ para parar los destrozos generados por el avance de los militaristas, y con el consiguiente beneficio de los armamentistas, que se forran con cada misil que destroza vidas y territorios. Además, sus bombardeos dejan en los cielos grandes dosis de productos muy tóxicos. El medio ambiente se resiente.
El «No a la Guerra» busca promover la paz
Conectar el «No a la Guerra» con el avance de los militaristas y el negocio de los armamentistas implica entender cómo las decisiones políticas y económicas influyen en los conflictos bélico. Este grito-consigna busca promover la paz y la resolución pacífica de conflictos, contrastando con la narrativa militarista que justifica la guerra como una solución.
Asimismo, los armamentistas se benefician de los conflictos, vendiendo armas y tecnología militar. Un aumento en la militarización puede ser impulsado por intereses económicos que promueven la guerra como un negocio rentable. Además, la inversión en armamento y militarización, a menudo, desvía fondos que podrían usarse para educación, salud y desarrollo social, lo que alimenta la frustración social y puede generar más conflictos.
Sin duda, la extensión de conflictos bélicos reporta beneficios a la industria de armas, ya que aumenta la demanda.
Parece claro que el «No a la Guerra» debe extenderse más que la sangre de las víctimas de las guerras. Esta es la lucha que merece la pena emprender porque un mundo sin reglas y con gobernantes como Trump, Putin o Netanyahu es el fin del mundo.









